Pacto, matrimonio y convivencia

PREGUNTA

“Con el ultimo blog sobre el matrimonio y los votos matrimoniales, muchos pensarían que el pacto matrimonial es lo que hacen los que conviven, total es pacto de a dos. 


Pero la Biblia dice que la fornicación, el adulterio es pecado, a mi parecer sin juzgar a los que conviven pues soy cristiana, al pecado hay que llamarlo por su nombre y tal vez muchos podrían sentirse apoyados por su respuesta en creer que el matrimonio es un papel más por eso es suficiente con convivir”.




RESPUESTA

Apreciada amiga:

Siempre me ha sorprendido a lo largo de los años de enseñar y trabajar con gente, la capacidad de algunas personas de sacar las ideas de su contexto y derivar en conclusiones que nada tienen que ver con los planteamientos sostenidos.

La invito a que lea con detalle lo que he escrito, porque sus inferencias no sólo son injustas con lo que yo he planteado, sino que además, deduce ideas erróneas.

Votos matrimoniales

Sigo sosteniendo lo mismo que ya he dicho en el artículo anterior sobre los votos matrimoniales:

  • Los votos matrimoniales surgieron en la Iglesia Anglicana, y para escándalo de algunos puedo decirle que surgieron exclusivamente por situaciones políticas relacionadas con el matrimonio del rey, y luego por los problemas políticos en relación al matrimonio de una reina (lo que podría ser un buen tema de análisis sobre el surgimiento de algunas tradiciones y como se hacen sacrosantas, cuando en su comienzo no lo son).
  • El matrimonio en la iglesia, también es un invento humano, surgió en el Medievo como una forma de control, podría escribir mucho sobre esa actitud clerical de querer controlar todo, incluso los días en que los matrimonios podían tener relaciones sexuales y la manera de tenerlas, cosa que es un abuso de función.
  • La tradición de que sólo los clérigos dirigieran las ceremonias matrimoniales también es un invento que no tiene nada de santo en su origen, sino que fue producto del deseo de manifestar su poder que tenía el clero medieval.
  • El considerar al matrimonio como sagrado y la ceremonia matrimonial incluida, como un sacramento, también tiene su origen en la idea de que el matrimonio otorga méritos de salvación, esto asociado a la idea de Agustín de Hipona y de Tomás de Aquino, de que las relaciones sexuales son pecaminosas, pero cuando se pretende concebir son un mal necesario, de hecho estos dos autores, considerados “santos” por el catolicismo, afirman que el mejor estado para los matrimonios es la “castidad marital”, a buen entendedor, vivir como casados pero nunca tener relaciones sexuales.

De esas tradiciones no santas nos hemos alimentado para crear una serie de tradiciones que supuestamente son “protestantes” o “reformadas”, pero en el fondo no son más que una repetición de actos tradicionales que no tienen otro fundamento que la costumbre, en este caso, lo consuetudinario ha tomado el lugar de la Palabra.

Sin embargo, deducir a partir de estos hechos que la fornicación y el adulterio están autorizados, es confundir peras con manzanas y no leer adecuadamente.

Teología del pacto

En parte las inferencias equivocadas son fruto del desconocimiento de la teología del pacto. El concepto pacto o convenio, está presente en toda la Biblia. Está relacionado con una promesa solemne que las personas hacen, en este caso, frente a Dios.

El pacto es algo serio en la Biblia. Sin embargo, como la palabra lo dice, todo pacto puede romperse. El único que hace pactos perfectos es Dios, el único perfecto que promete y cumple su parte. Pero aún Dios rompe el pacto cuando las personas que han prometido fallan.  Un tema muy interesante:
  • Dios hace un pacto solemne y “perpetuo” (Gn. 17:9) con Abraham y su descendencia, pero cuando ellos fallan, Dios desecha el pacto y hace un pacto con otros, de allí la denominación de “Israel espiritual” que manejamos hoy (Rom. 9).
  •  En Ex. 34:10 Dios le dice a Israel lo que sería el resultado del pacto, pero, eso no se logró porque el pueblo falló a su parte y Dios dio por terminado el pacto. Es lo que dice Lev. 26:15, Deut. 29:25, 31:16, Sal. 78:10 y otros pasajes del rompimiento del pacto.
  •  En Lev. 16:44, Deut. 4:31, 5:2-3, 7:9, y otros pasajes, Dios les recuerda que él no falla en cumplir su parte del pacto, el problema es del pueblo (Heb. 8:9).
  • Como no se cumple, Dios hace un “nuevo pacto” (Jer. 31:31-33, Heb. 10:16), porque ha anulado el anterior (Zac. 11:10). Por eso Jesús es el “mensajero del pacto” (Mal. 3:1), lo que Cristo nos recuerda que su sangre es la reafirmación del pacto (Mt. 26:28; Lc. 22:20). Jesús es garantía de un pacto superior (Heb. 7:22, 9:15), el segundo pacto (Heb. 8:7, 13).
Hay más de 300 versículos en la Biblia en referencia a la teología del pacto, aquí sólo una muestra.

Los seres humanos continuamente nos equivocamos, de allí la necesidad de renovar los pactos. Copio una sección de mi respuesta anterior, que por lo visto no leyó:

La razón por la que hacemos el compromiso frente a Dios es porque entendemos que necesitamos ratificar el pacto frente a alguien absolutamente trascendente. Dios actúa como garante de una unión voluntaria de dos personas que entienden, que en el diseño del Creador, el enlace de una pareja fue considerado como necesario para el buen desarrollo y equilibrio del ser humano”.

La idea bíblica del pacto es que ambas partes se comprometen solemnemente a realizar el mejor esfuerzo para cumplir lo que le corresponde. Cuando una pareja decide unirse en matrimonio, lo hace bajo un pacto de mutuo respeto. El varón y la mujer son, ante los ojos de Dios, parte de un plan supremo que pretende que los seres humanos alcancen su máximo potencial, y ello se alcanza solamente en el contexto de una relación de mutualidad, donde ambos poseen los mismos derechos y deberes, sin conductas unilaterales, ni subordinaciones, sino en un clima de respeto mutuo, sin condiciones. De otra forma, no es un pacto, sino una imposición o una acción unilateral injusta.

El ser esposo o esposa concede derechos, pero, siempre dentro de un pacto. Cuando un varón y una mujer se casan, optan por entregarse a otra persona de manera incondicional, pero siempre dentro de un contexto en el que sean respetados sus emociones, espacios privados, capacidad de pensar por sí mismo, posibilidad de movilizarse de un lugar a otro como adulto sin tener que pedir permiso, posibilidad de administrar bienes, etc. Cuando un esposo priva a su esposa (o viceversa) de cualesquiera de esas opciones, no cumple su parte del pacto; en ese caso, hablar de matrimonio es un eufemismo que esconde una relación de esclavitud. El pacto implica dos partes que se respetan mutuamente, de otra manera, insisto, no hay pacto.

Es lo que sostiene la Biblia cuando habla de quienes fallan en el pacto: “Porque Jehová ha sido atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto” (Malaquías 2:14).

En ese mismo contexto la Biblia nos conmina a cumplir nuestros pactos. “Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Eclesiastés 5:4-5).

Del mismo modo señala que en un matrimonio quien no cumple el pacto le falla a Dios (Pr. 2:17).

Cuando el pacto no funciona

Sin embargo, no se puede esconder el hecho que muchas personas viven frustradas porque sienten que no existe equidad en su relación. Dan, pero no reciben lo mismo. Las parejas que sostienen su relación en forma unilateral, pretendiendo que deben recibir sin dar nada a cambio, están condenadas a la desdicha y la frustración. Muchos hablan del matrimonio como de un contrato, siguiendo la idea que instauró en occidente Jean-Jacques Rousseau. En cierto modo lo es; es un compromiso en el que ambas partes se comprometen a dar de manera recíproca para la felicidad del otro.

Al casarse, la pareja hace un compromiso que es idéntico para ambas partes. La relación matrimonial se basa en un acuerdo no unilateral, sino en un “mutuo acuerdo”.

En Cantares, el esposo y la esposa se prodigan los mismos elogios; no hacen diferencias, ni hay subordinación de uno hacia el otro. Son dos personas que han decidido amarse y, por lo tanto basan su relación en la reciprocidad.

El recibir comienza con el dar. No es al revés. Muchos matrimonios se construyen sobre el egoísmo. El deseo de recibir sin dar logra que, finalmente, una de las partes se canse y no quiera seguir en ese juego de falta de compromiso. He visto más matrimonios fallar por falta de reciprocidad que por cualquier otra cosa.

Una mujer me dijo, en cierta ocasión:

–Estoy cansada. Me cansé de ser la única que aporta a este matrimonio.

Hasta Dios tiene un límite. La figura más recurrente en la Biblia es de Dios “casado” con su “pueblo”. Sin embargo, aunque el Señor hace todo de su parte, llega un momento en que también se detiene, y dice: “¡Basta, se acabó, esto no va más!”. Ese momento, que lo anunciamos escatológicamente, tiene un sentido; Dios no puede seguir eternamente en una relación en la que no hay reciprocidad.

Todos los días deberíamos evaluar si nuestra relación está o no sustentada sobre la base de entregar nuestra parte del pacto. Si así no fuera el caso, tarde o temprano el que no recibe a cambio lo mismo que da terminará hastiándose. Los pactos se rompen porque las personas no hacen su parte en el compromiso.

“Papeles” y compromiso

Muchos transmiten la idea de que no necesitan “un papel” para vivenciar su experiencia de amor como pareja. Incluso algunos presentan la idea de que un documento legal lo único que vendría a lograr es enturbiar las relaciones de esa pareja. Cosa que no he dicho en mi respuesta y usted parece inferirlo de manera equivocada.

Hay quienes creen así, a juzgar por las miles de personas que viven en concubinato o en parejas de hecho, pero sin ningún respaldo legal para sus uniones de facto. El problema es que no se alcanza a captar el impacto real que dicha situación tiene para el varón y la mujer que están en una relación tal.

La relación de pareja se basa en la confianza y en el compromiso. Cuando no se quiere hacer un testimonio público y legal de la relación que se tiene, el mensaje que se envía es equívoco. Les están diciendo a todos y a sí mismos: “Nos amamos, pero no tanto como para comprometernos” o “Lo nuestro es vivir juntos, pero, al menor problema podemos separarnos; total, no estamos casados”.

Paradójicamente, quienes mantienen este tipo de relación y se niegan sistemáticamente a hacerla legal son mayoritariamente varones. Con el tiempo, muchas mujeres han dejado de creer en el matrimonio, y consideran que es mucho riesgo y que es preferible estar así.

Lo que no alcanzan a captar las personas que asumen esta postura frente al matrimonio es que para que una relación se estabilice en el tiempo, y adquiera solidez y equilibrio, precisa señales claras de compromiso y lealtad, y eso se da solo cuando buscamos el amparo de una situación legal que nos proteja.

Alguna vez me han replicado que en el antiguo Israel no existía un compromiso legal, y que eso fue invento occidental. En realidad, afirmar eso es ignorar que lo que no existían eran registros nacionales de la uniones matrimoniales ni de los hijos que nacían, pero, en todo clan había alguien encargado de llevar claramente la cuenta de los ancestros y de las uniones matrimoniales. Por otro lado, la boda era, en sí misma, el paso legal que se daba para casarse. Nadie iniciaba un matrimonio sin pasar por esta ceremonia, a la que se le asignaba un gran valor legal.

Un matrimonio que no llega a validar su relación bajo el amparo legal se convierte, con el tiempo, en una vinculación débil, que no resistirá los embates de situaciones difíciles. Es verdad que el registro legal no será la panacea, en sí mismo, para proteger al matrimonio de algún problema que finalice en ruptura, pero también es cierto que, con el tiempo, las uniones conyugales legales tienden a permanecer más y con mayor lealtad.

Conclusión

Querida amiga, la conmino a leer de nuevo las dos respuestas, y la próxima vez, a cuidarse de hacer inferencias equivocadas sacando conceptos fuera de contexto, porque eso a la larga se convierte en un vicio.


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Tal como en las otras respuestas, publicamos la misma con autorización de la persona involucrada. Sin embargo, quienes nos preguntan a través de nuestro blog, asumen la autorización explícita para publicar la respuesta en el mismo sitio. 


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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