¿Por qué debería ser un error el nacimiento de un niño y amar para sanar?




“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor”. (Agustín de Hipona)


Pregunta

Soy cristiana desde la infancia, lo cual a veces, más parece un castigo que una bendición. Tuve un matrimonio muy infeliz, con violencia psicológica, verbal y física. Terminé enferma de esa relación. Hace años me separé y desde entonces no he tenido la fe de mi niñez y adolescencia. Tres años después de la separación se me declaró un brote psicótico, estuve internada en una clínica especializada y desde entonces estoy en tratamiento psiquiátrico, en buena parte por el daño causado en mi matrimonio. Ha sido difícil volver a creer en Dios luego de años de estar casada con alguien que degradó mi dignidad, un supuesto “hombre de Dios”. Hace dos años volví a la iglesia. Al poco tiempo conocí a un joven nuevo en la fe. Me puse de novia con él y a los meses comenzamos a vivir juntos. Ahora estoy embarazada. Para mí, es un regalo de Dios.


No me considero un ejemplo de nada, de a poco estoy volviendo a tener fe y eso me alienta. Sin embargo, tengo un dolor muy grande porque el apoyo que esperaba de mi familia cristiana, no lo he tenido. Mi hermana, esposa de pastor, es durísima conmigo. Con mi pareja, seguimos yendo a la iglesia y tenemos un grupo de hermanos lindos y amorosos que nos contienen. La razón por la que no me casé es porque tengo problemas con los papeles de mi divorcio, mi ex me lo ha hecho todo difícil y a la fecha aún falta un oficio necesario para poder volver a casarme. Estoy con abogados y luchando para poder regularizar todo.


Cuando le conté a mis padres, también cristianos, que iba a ser madre, me abrazaron con emoción por el futuro nieto en camino. En general nuestros amigos de la iglesia hicieron lo mismo. Otra de mis hermanas, casada con el hijo de un reconocido pastor no me dijo nada, al menos no me agredió, aunque su silencio duele.


Otra hermana, también casada con un pastor, mientras le contaba sobre el bebé se me acercó solo para decirme que el bebé no es una bendición, que podría haberlo sido pero que no lo es. Me dejó muy mal. Me ha costado mucho abrirme hacia algunos cristianos por el miedo a ese tipo de comentarios o la censura. Estoy luchando por volver a creer en Dios y ¡mi propia hermana dice que su sobrino, su propia sangre es... “una maldición”!


Agregó otros comentarios señalando mis faltas, sin ninguna muestra de compasión. Me siento mal por su incomprensión. Le escribí explicándole como me sentía, esperando un poco de empatía, pero, siguió con su postura de que arruiné mi vida por desobediente. No me escuchó y su rigidez mental me dejó pasmada. Lo siento como una psicopatología. ¡No puedo creer que esté en el ministerio pastoral! Sigue siendo mi hermana, la amo, sin embargo, terminó diciéndome que no me va a hablar más. No tengo palabras para expresar mi dolor. Quisiera un mensaje, un consejo, algo que me diga desde afuera cómo se ve esto, quizá yo esté equivocada y exagerando en mi postura, no lo sé. Estoy cansada de este tipo de cristianos que te empujan con violencia lejos de la esperanza y del cielo que tanto anhelamos”.

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Nota introductoria: En general no publicamos las cartas en extenso, pero esta en particular lo ameritaba, por todos los detalles que se mencionan. Hemos quitado algunas partes innecesarias, pero da el contexto total de la problemática.


Respuesta


Apreciada y querida amiga, si estuviera cerca de donde vives te buscaría exclusivamente para ir a darte un fuerte abrazo. Luego te pediría perdón por todos los cristianos que no lo han sido contigo, empezando por el individuo que se hacía llamar tu “esposo” y que te maltrató durante tanto tiempo, a la par de que con hipocresía se llamaba “cristiano”.


Lo doloroso de tu carta es que has salido de un infierno para caer a otro. La gente que debería expresarte más amor, tu propia familia, escudada en un cristianismo tóxico y enfermo, en vez de acogerte, te lanzan nuevamente a otro precipicio, el del desprecio y la condena. Típico de quienes han perdido el norte de la fe. Como diría Roberto Badenas: “Lo peor del legalismo es que devalúa todo lo que se halla fuera de su marco legal y lo desacredita con la lógica del desprecio”.[i]


Mientras leía tu carta he dado gracias a Dios porque al menos has encontrado una comunidad cristiana que merece ese nombre, y los ha acogido a ti y a tu pareja, de manera incondicional, como debería ser siempre. A ninguno de sus seguidores Cristo les pidió que vinieran sin faltas. Por eso que se acercaban los heridos, los maltratados, las prostitutas, los ladrones y todos aquellos que de una forma u otra habían sido excluidos de la sociedad clasista y tóxica que se había construido en ese tiempo, con justificación religiosa, tal como lo hacen muchos en la actualidad, que en vez de amparar condenan.


Eso no es cristianismo, es un fundamentalismo propio de talibanes y extremistas que utilizan la religión para maltratar, y no es digno de personas que se dicen seguidores de Jesucristo. El problema no es que estén en desacuerdo contigo, porque tienen todo el derecho a estarlo, el asunto de fondo es “la forma en que trato a una persona con la que estoy en profundo desacuerdo”.[ii] A muchas mentes les cuesta entender que el cristianismo se ha fundado sobre la historia de hombres y mujeres que hoy día estarían censuradas, criticadas y despreciadas por las congregaciones cristianas.


Muchos de los llamados “héroes de la fe”, fueron personas que cometieron terribles errores, y, sin embargo, fueron incluidos entre aquellos que merecen un lugar especial entre los redimidos, no por los errores, ni porque fueron perfectos, sino porque aprendieron a depender del Señor en un sendero largo y a veces tortuoso. Tristemente, muchos de ellos, no serían aceptados en muchas de las congregaciones que se dicen seguidoras de Jesús.


Por ejemplo:


Pablo, fue un asesino y torturador confeso. Pedro, fue un mentiroso y blasfemo. Juan, fue un hombre pendenciero y de un carácter terrible, por algo le decían “el hijo del trueno”. Zaqueo, era un ladrón y traidor.


David fue un violador y asesino. Salomón, se convirtió en un depravado sexual. Jonás, fue un hombre despiadado y sin compasión. Rahab, la bisabuela de Cristo, era una prostituta.


Abraham, fue un abusador sexual y maltratador, a la misma mujer que embarazó a la fuerza, la quiso asesinar. Además, fue un pusilánime que negó hasta su propia esposa para protegerse. Moisés, era un hombre de un carácter irascible.


María, madre de Jesús, mirémoslo como lo miremos, fue una madre soltera, que hoy sería juzgada con una saña tremenda por los soldados protectores de tradiciones condenatorias.


Simón, el zelote, era miembro de un grupo terrorista, que seguramente tenía sus manos manchadas de sangre. Juan Marcos, era un miedoso y cómodo que al primer problema salió arrancando. María Magdalena, estaba llena de problemas, de una visa licenciosa y endemoniada.


Judá, era un libidinoso, no dudaba en contratar prostitutas. Samuel, era un padre blando, lleno de conflictos, que no supo gobernar bien su casa, teniendo hijos que fueron un desastre moral y social.


Noé, fue un borracho y con algunas dudas sobre su forma de comportarse. Sansón, tenía poco dominio propio, que eligió estar con prostitutas y abandonó su fe al buscar como esposa a una extranjera no israelita. Manasés, mandó a aserrar a Isaías, sin ni una pizca de compasión.


Podríamos seguir, y encontraríamos un común denominador, muchas de estas personas están nominadas en Hebreos 11 como ejemplos de hombres y mujeres de una fe inquebrantable, no por ser intachables ni libres de pecado, sino porque confiaron en la Gracia, esa que han olvidado tantos cristianos en la actualidad. La pregunta es ¿cuántos de ellos serían admitidos en alguna congregación cristiana actual?


¿Pondrían a un asesino confeso y torturador como lo fue Pablo, como líder de iglesia? ¿Dejarían a un depravado sexual como Salomón, que se hiciera cargo del departamento de jóvenes? ¿Permitirían que una ex-prostituta, como Rahab, dirigiera el departamento de niños? ¿Dejarían a Zaqueo a cargo de la tesorería de la iglesia? ¿Elegirían a un violador y asesino, como David, como el director de música de la iglesia? ¿Pondrían a Manasés, el asesino de Isaías, como jefe de diáconos?


Incluso yendo más lejos, ¿permitirían a Jesús entrar a alguna congregación cristiana, vestido como lo hacía, con sandalias, con pelo largo y barba? ¿Aceptarían sus actitudes poco santas como tomar un látigo para expulsar mercaderes o tener la osadía de llamar a las autoridades religiosas de su tiempo: “Sepulcros blanqueados” o “generación de víboras”? Probablemente, pensarían que es un extremista con actitudes políticamente incorrectas, cómo llamar al propio rey “zorra” (Lucas 13:32).


La hipocresía de muchos cristianos es que consideran a todos esos personajes, héroes, heroínas, ejemplos, modelos y dignos de cuadros, estatuas, y semana a semana se repiten sus palabras, se alaban sus actos y, sospechosamente, olvidan sus vidas personales y quienes fueron, al tiempo que maltratan a quienes, en comparación, tienen vidas menos reprobables.


Son cristianos que dicen seguir a Jesús, el que abrazaba a prostitutas, pordioseros y ladrones, y no pueden abrazar a alguien que ha salido del infierno de la violencia, que está siendo sanada por el amor, y simplemente, la condenan, con frases dignas de Nicolás Maquiavelo y Tomás de Torquemada. ¿Qué harían si Pablo golpeara a sus puertas y les contara que fue un asesino y un torturador, y que desea hacerse cristiano?


Todo esto me recuerda la ironía de Facundo Cabral: “Señor que estás en los cielos, líbranos de los representantes que tienes en la tierra”.


Un hijo NUNCA es una maldición


Es lamentable que tu hermana llame “maldición” a su propio sobrino. ¿Qué tienen en la cabeza esas mentes enfermas de fundamentalismo que no son capaces de ver la belleza de la vida en toda su extensión? ¿En qué han convertido a Dios que lo transforman en un ser vengativo, rabiosamente fanático, y perseguidor de personas que dan vida?


No importa en qué circunstancias nazca un niño, siempre la vida es una bendición que debe ser alabada como el mayor don dado por Dios a la humanidad. Blasfemar diciendo que un niño no es una bendición porque su madre lo ha concebido sólo por amor, aunque no hay ningún papel que lo atestigüe, es simplemente un acto de agresión psicológica. Es inconcebible que una mente que se dice cristiana emita tamaña tontería como si fuera un acto digno de ser recordado.


Con razón tanta gente no cristiana, que demuestra tener más sentido común y empatía en estos casos, rechaza el cristianismo, tal como Mahatma Gandhi que decía: “Admiro a Cristo, no a los cristianos”. No quisiera estar en la congregación donde tus hermanas son las esposas de los pastores. ¿A cuántas otras personas habrán maltratado con su fanatismo enfermo?


La vida es un don de Dios. Concebir a un niño por amor nunca es un error. Quienes piensan así creen que un papel hace que una relación sexual sea digna. En el libro Cantar de los Cantares queda en evidencia que lo que sella un vínculo de pareja es precisamente la relación sexual y no otra cosa. Ningún invento como la unión civil o la boda religiosa hace que una pareja sea tal. Como señala Pablo R. Andiñach: “El mensaje del Cantar es que el amor se legitima a sí mismo. Cuando hay amor verdadero entre dos personas, no es necesario que una ley externa le otorgue un certificado de validez”.[iii]


Supongo que los fundamentalistas les gustaría hacer una hoguera con mi cuerpo y poner mi cabeza en una empalizada por decir esto. Pero, la verdad es verdad, aunque a algunos les duela o les cause escalofríos y les haga tambalear su construcción de estereotipos y prejuicios.


Si un niño es concebido por amor, o es simplemente concebido, merece todo el respeto del mundo. Ya es difícil nacer en este mundo y mucho más venir con una etiqueta como la que le ponen a esta pobre criatura eso es cargar sobre sus hombros algo que no merece. Toda vida debe celebrarse, siempre. En ese sentido, tus padres y los amigos de tu congregación han tenido mejor juicio que tus hermanas.


Mientras pensaba en esta respuesta me he preguntado cómo es que tus padres siendo tan empáticos y solidarios contigo, tuvieron a su vez a otras tres hijas lapidarias y condenadoras. La única posibilidad que se me ocurre es que fueron educadas de un modo, pero luego, la religión y probablemente, los maridos que escogieron las hicieron frías, calculadoras y rígidas, con una actitud que muy bien catalogas de patológica.


Ellas procuran ser obedientes, pero con una concepción legalista de la fe. Como dice Morris Venden: “Si la única razón por la cual obedezco es porque considero un deber hacerlo, entonces mi religión no vale nada”.[iv] La obediencia, desde la perspectiva bíblica no es un fin en sí mismo. No nos salvamos por ser obedientes sino por la obediencia de Jesucristo y por aceptar su acto vicario a favor nuestro (Juan 3:16).


En el mismo tenor Elena G. de White agrega: “Hay quienes profesan servir a Dios a la vez que confían en sus propios esfuerzos para obedecer su ley, desarrollar un carácter recto y asegurarse la salvación. Sus corazones no son movidos por algún sentimiento profundo del amor de Cristo, sino que procuran cumplir los deberes de la vida cristiana como algo que Dios les exige para ganar el cielo. Una religión tal no tiene valor alguno”.[v]


Nadie se salva por obedecer. La obediencia es consecuencia, pero no es meritoria de salvación. Sino, todos estaríamos sin esperanza, porque tal como nos recuerda Pablo: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Y no los habrá hasta que llegue Cristo y elimine definitivamente el pecado (1 Corintios 15:53-54).


Como señala el extraordinario Dietrech Bonhoeffer: “La justificación del pecador consiste, pues, en el hecho de que sólo Dios es justo y él, el pecador, completamente injusto, no en el hecho de que el pecador sea justo igual a Dios. Todo deseo de ser justos por nosotros mismos nos separa radicalmente de ser justificados por la justificación exclusiva de Dios. Sólo Dios es justo”.[vi] Cuando los pecadores lo entienden, se convierten en bálsamos para la vida de otros pecadores. Cuando no lo entienden, se transforman en sus verdugos.


La iglesia cristiana debería ser siempre un refugio para el que ha errado, nunca una mazmorra de condena. Como dice Philip Yancey: “La iglesia debería ser un lugar que nos recuerde unas verdades perdurables: que Dios quiere lo mejor para nosotros; que el pecado y los fallos son inevitables, pero tenemos garantizado el perdón; que una comunidad de apoyo mutuo lleva las cargas y consuela a los necesitados”.[vii] Me alegro que al menos hayas encontrado una comunidad que te abraza y no una que te condena.


El amor es sanador


El amor es amor. Si lo has encontrado, dale gracias a Dios.


En los procesos de resiliencia, todos los estudios muestran que ante situaciones tan dramáticas como la violencia, el abandono, el maltrato y el desamor en todas sus formas, una pareja puede ser un remedio extraordinario para sanar heridas y curar el pasado. El amor, cuando es real, siempre es sanador. Dale la bienvenida al amor. No te avergüences de amar. Vergüenza deben tener tus hermanas por ser discriminadoras, excluyentes, maltratadoras y acusadoras, haciendo el trabajo del enemigo de Dios.


La persona que ha decidido amarte, merece un aplauso. Sé que tienes otro hijo, y, además, eres una sobreviviente de un matrimonio tóxico. Decidir amar a alguien en esas condiciones es un acto de amor real, como es el amor siempre, que se da sin esperar nada a cambio.


El amor restaura, porque el amor ayuda a curar heridas que nos han dejado personas que dijeron amarnos y terminaron convirtiéndose en nuestros peores enemigos.


No tienes un papel oficial que avale tu amor, pero eso no invalida tu amor. Sé que las circunstancias no te han permitido vivir tu amor de una manera, digamos, más “formal”, pero eso lo conoce Dios y aunque a algunos les pese, no te condena ni te maltrata. Dios aceptó a David, Salomón, Jacob y a otros con sus desaguisados inmorales, infinitamente más graves que los tuyos, ¿por qué no te habría de aceptar a ti que has sido herida y maltratada, y estás siendo sanada por el amor?


Ve a los pies de Cristo, él toma tus pecados, los míos y los de todo el mundo y los “tira al fondo del mar” (Miqueas 7:19) y no vive reclamándote permanentemente por haber errado... al contrario, te ama, te recibe y como a la mujer adúltera y prostituida que limpió sus pies con sus lágrimas y el nardo, te acepta y le dice a todo el mundo: “Todo el mundo se acordará de esta mujer y lo que ha hecho” (Mateo 26:13).


Los fariseos y los religiosos de turno siempre se quedan en la vereda del frente alegando por el gasto y acusando a Jesús de aceptar pecadores a su lado. ¡Qué alivio que Jesús está en la vereda de los pecadores porque de ese modo tú y yo tenemos esperanza! Señor, por favor, mantenme lejos de los que te acusan.


Si no has podido casarte bajo las leyes de los seres humanos (porque eso es el matrimonio legal, una tradición que viene de la revolución francesa), eso no significa que no tengas una relación honorable. El amor es siempre buena idea, y si estar enamorada ahora, y viviendo con alguien que te respeta, te sana del infierno que has vivido... en buena hora. ¡Viva el amor sanador!


Una religión tóxica


Tus hermanas viven una religión tóxica. Esa que sólo acusa y condena pero que no redime. Son tus hermanas, ámalas, pero por el bien de tu salud mental, de la tranquilidad de tu relación con tu pareja y por la estabilidad del niño que vendrá... aléjate de ellas, por un tiempo al menos, lo que más necesitas ahora es paz y no lo lograrás con miradas reprobadoras, actitudes condenatorias y con gente que en vez de amar acusa. El niño que habita en tu útero necesita una madre sana emocional y físicamente, y alejarse de lo tóxico es una prioridad fundamental.


Siento compasión por tu hermana, porque al decirte lo que te dijo, implica que no ha entendido nada del evangelio y de las palabras de Jesús: “El que de vosotros esté sin pecado, que arroje la primera piedra” (Juan 8:6).


Jesús enseñó una religión basada en el amor no en la norma. Esa es la lección más importante que muchos cristianos parecen ignorar. El asunto es que muchos lo saben, sólo de teoría, pero no lo llevan a la práctica. Aquí sirve el pensamiento del viejo sabio chino Confucio: “Saber que es bueno y no hacerlo es la peor cobardía”.


Lo extraño de la religión tóxica es que, en tiempo de Cristo, esos fariseos perversos y legalistas, no estuvieron dispuestos a arrojar ninguna piedra porque se dieron cuenta que no tenían moral para hacerlo, pero ahora, los cristianos de la actualidad, modernos como son, orgullosos y soberbios, si se atreven a lanzarlas y lo hacen creyendo que tienen derecho a hacerlo. Se consideran “sin pecado” para acusar y condenar. Son peores que los fariseos de antaño que al menos tuvieron un dejo de conciencia.


Le temo a los cristianos que tienen estas actitudes, cuando han tenido el poder han asesinado, torturado y perseguido, aduciendo que lo hacían por la causa de Cristo. ¿De qué Cristo? De una idea diabólica, no a nombre del Jesús que murió en la cruz por ti y por mí para ser recibidos en su gracia y amor, siempre. Porque para Dios no existen pecados más reprobables que otros, todos los pecadores pueden ir a sus pies y ser redimidos, TODOS, incluso tus hermanas, el día en que acepten que lo son y que no están en una condición de superioridad moral como para atreverse a decirte el desatino que te han dicho.


Esos cristianos, lamentablemente, han olvidado que “el amor es el punto de partida indispensable para presentar nuestra fe de una manera llena de gracia”.[viii] Nadie se conmueve por una norma ni por un llamado a la obediencia. Cualquiera puede emocionarse hasta las lágrimas con un abrazo restaurador o con palabras de aliento, no de condena. Nunca he conocido a nadie que se haya acercado a Cristo sobre la base de la crítica y la condena.


Conocer a Jesús


Haz estado luchando con conocer a Jesús. Puedo entenderlo, en tu caso, y en tu situación, también me resultaría difícil creer si quien dice amar a Dios me maltrata, me condena y me acusa. ¿Cómo pudiste estar casada con un hombre violento que se hacía llamar cristiano? Esa experiencia puede llevar a cualquier persona a tener una crisis de fe.


Al estar separada, fuera del abismo de la violencia, es normal que estés vulnerable y en ese contexto, te hayas refugiado en el amor. Amar siempre es sanador, ya lo hemos dicho, sin embargo, sólo ten cuidado que ames por las razones correctas, para no caer en otro proceso destructivo. Cuando se ha salido del infierno es difícil poder captar correctamente qué está bien y qué está mal en una relación. Encontrar un vínculo sano luego de haber estado en uno enfermo es una tarea restauradora, no exenta de riesgos, pero sanadora al fin.


Cuando el Señor nos pide que tengamos algunos resguardos, lo hace sólo para protegernos. Un matrimonio legal no es la panacea, ya tuviste uno y fuiste maltratada como si la legalidad no existiera. De todos modos, busca regularizar tu situación, no por el qué dirán, porque vivir pensando en lo que otros digan es enfermo, sino por ti, por la convicción de que es mejor hacer las cosas bien.


¿Cansada de la religión? ¿Por qué no pruebas con Jesús? El foco de Cristo no es lo religioso, lo denominacional, lo institucional, sino la salvación y el que tú y tu familia lleguen a ser parte de la eternidad. Nada más le interesa al Señor. Cuando vamos a él y confesamos nuestra necesidad de él, todas nuestras faltas son limpiadas y Dios nos trata como si nunca hubiéramos pecado. Nuestra garantía es Cristo, no nuestra obediencia. Nunca lo olvides. Aférrate al Señor, y en él encontrarás la paz que necesitas no sólo para ser feliz, sino para crecer.


Puedes mostrarles a otros la otra cara del cristianismo. Convertirte en una mujer acogedora, llena de amor, de empatía, por las personas que como tú han pasado por el infierno. Puedes ser un instrumento para darle paz a las madres solteras despreciadas, a las parejas que por una u otra razón no se han podido casar, a los excluidos, a los despreciados. Usa tu mala experiencia para hacer lo contrario que hicieron contigo. Conviértete en el bálsamo sanador que otros necesitan, el mismo que te fue negado a ti, pero que Jesús te entrega a raudales.


Violencia y salud mental


El cuadro psicótico que viviste y la necesidad de tener tratamiento psiquiátrico es normal y en cierto modo, ha resultado ser menos traumático que otras personas que he atendido que han quedado con invalidez física y psíquica a causa del daño de la violencia machista que han sufrido. Como señalan dos especialista en el tema: “El maltrato deja cicatrices emocionales que pueden perdurar toda la vida”.[ix]


Las mismas autoras señalan: “Una bajada en espiral hasta las profundidades de la desesperanza casi es inevitable para las mujeres cazadas en una red de infelicidad constante, baja autoestima, pocos ingresos, y repetido abuso verbal, físico y sexual”.[x] Nadie sale inmune o sano de una relación donde ha habido violencia.


Precisamente, porque tu mente necesita estar sana y recuperar tu estabilidad emocional, por ti, por tus hijos, por tu compañero... debes alejarte de ambientes emocionalmente tóxicos. Construye un entorno emocional sano, lleno de risas, de empatía, de gestos de altruismo, de buena onda... para eso, elige amigos y amigas que sean un aporte y no un lastre emocional. No necesitas convertirte en sanadora de otros, menos de tus hermanas.


Muchos cristianos son reacios al psiquiatra y de una manera infantil y llena de ignorancia catalogan los problemas mentales como cuestión de demonios. Cada vez que escucho eso se me erizan los pelos y me dan ganas de salir arrancando, porque son esas precisamente las actitudes que enferman.


Muchas enfermedades mentales que se mencionan en la Biblia simplemente fueron catalogadas de “endemoniados” (daimon en griego, que no tiene nada que ver con el diablo, sino con mundo interior), sólo porque no conocían nada más y no tenían ni la más mínima idea de cómo funcionaba la salud mental, tal como algunos cristianos ignorantes que hay en las iglesias.


No puedo ocuparme de mi salud física y descuidar mi salud mental, eso es un extremo que sólo lleva al psiquiátrico. Tal como nuestro cuerpo se enferma, algunas veces de dolencias leves y otras mayores, nuestra mente igual, y tiene que ser atendida por un especialista que sea capaz de detectar lo que nos ocurre y darnos salidas que nos ayuden a superar dicho malestar. Nada más que eso, no hay nada extraño ni esotérico. No buscar ayuda cuando se tiene un malestar emocional o mental, simplemente, enferma más. En esto, como en otros asuntos de salud, actuar a tiempo es la mejor opción.


Pacto, violencia y divorcio


En la mente de muchos legalistas y religiosos dogmáticos, el matrimonio no debería romperse por ningún motivo. En términos ideales, en un mundo sin mal, es probable que eso fuera posible. En un contexto donde la maldad es la tónica esa es simplemente una buena intención que no se puede cumplir de manera absoluta.


La realidad es que muchos matrimonios lucharán y lograrán, con la ayuda de Dios y con mucha resiliencia, salir adelante y permanecer en el tiempo y felices. Otros, se quedarán por compromiso, obligación y costumbre en malas relaciones, vínculos sin vida, y también superarán los años a costa de frustraciones, enfermedades del alma y del cuerpo, y de una actitud de fatalismo con rasgos deterministas. Otros, no podrán seguir, porque la relación es tóxica y porque quedarse los mataría a corto y largo plazo.


Tu matrimonio no se destruyó por el divorcio sino por el abuso. En el mismo instante en que tu ex-esposo te insultó, vejó o violentó destruyó el pacto que había entre ustedes. En muchos casos es posible hacer algo, especialmente si las personas admiten su error y están dispuestas a enmendar lo que han hecho, pedir ayuda y cambiar de conducta. Pero, si eso no se da, nadie te obligaba a quedarte al lado de un abusador. Romper la relación fue un acto de sobrevivencia. Él rompió el pacto, tienes todo el derecho del mundo a buscar a otra persona que comparta el trayecto de vida contigo.


Muchos religiosos, con cero empatía, pretenden que hay que quedarse al lado de personas violentas porque “hicieron un compromiso sagrado”. Aparte de ser una tontería, es un concepto cruel porque los que esgrimen esos argumentos se van tranquilamente a su casa a dormir y descansar, sin hacer nada por las víctimas que habitan junto a sus enemigos. Mirar la violencia ajena como si fuera una película, sin involucrarse y no hacer nada para remediar la situación es convertirse en cómplice pasivo de delitos.


Como señalan Clark y Kroeger: “Una relación no es salubre cuando hay desprecio, insultos, amenazas, heridas, aislamiento, vigilancia, falta de respeto, indiferencia, vergüenza, o se culpa sólo a una persona de la relación por todos los problemas de la familia”.[xi]


En el contexto de violencia ya no hay pacto. Éste ha estallado en mil pedazos producto de que uno de los dos ha roto su parte del trato de amarse y tratarse con dignidad. “Hombres y mujeres pueden decidir libremente separar sus caminos cuando estos divergen, entran en un conflicto irreconciliable o cuando el hecho de continuar juntos sea un atentado para la propia dignidad”.[xii] Intentar salvar una relación siempre es algo bueno, siempre y cuando los dos de la pareja trabajen para que eso ocurra. De lo contrario “dos personas con el alma rota nunca formarán una pareja amorosa, por más casados que estén. Salvar una pareja a costa de uno mismo es una elección destructiva”.[xiii] Es lo que muchos religiosos, atados a sus dogmas, no logran entender, y por su miopía cognitiva, terminan siendo infelices y haciendo infelices a otros.


¿Qué hacer?


Vive en paz, tranquilízate, no te pases rollos, tu hijo no necesita una madre emocionalmente enferma, así que descansa en el amor del Señor, en su infinito y extraordinario amor que no te desecha, nunca, aun cuando te hayas equivocado o seas supuestamente la persona más mala de la tierra.


Recuerda el mensaje bíblico: “Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro, ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!” (Romanos 8:38-39). Me encanta el “nada” de este versículo, un absoluto. Nada te podrá separar del amor de Dios, ni siquiera las tonterías que han dicho y hecho tus hermanas, y seguramente harán también otros “cristianos” de tu entorno.


No guardes rencor, no te enojes, no te aísles, no pagues con la misma moneda, ten compasión de quienes no conocen a Jesús y junto al hombre que has elegido y te ha elegido, esperen con alegría ese regalo del cielo que es un hijo. Si quieres hacer la diferencia, entonces, trata a los que te han maltratado mejor que lo que ellos hicieron contigo. Sólo eso hará que tu vida sea distinta. En palabras de Pablo: “Si alguien los trata mal, no le paguen con la misma moneda. Al contrario, busquen siempre hacer el bien a todos. Hagan todo lo posible por vivir en paz con todo el mundo” (Romanos 12:17-18)


El Señor te ama, te abraza, te contiene y si has encontrado el amor, la vida te está dando una segunda oportunidad, desaprovecharla sería un error. Si estuviera en tu país, con gusto presentaría a tu hijo, y si pudiera, los casaría a ti y a tu compañero... y con vestido blanco... porque es el color de la redención y el perdón...



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Referencias

[i]  Roberto Badenas, Más allá de la ley: Valores de la ley en una teología de la gracia (Madrid: Editorial Safeliz, 2000), 314.

[ii] Philip Yancey, La desaparición de la gracia: ¿Qué les pasó a las buenas nuevas? (Miami, Fl.: Editorial Vida, 2015), 28.

[iii] Pablo R. Andiñach, Cantar de los Cantares: El fuego y la ternura (Buenos Aires: Editorial Lumen, 1997), 42.

[iv] Morris Venden, Ama a Dios y haz lo que quieras (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), 12.

[v]  Elena G. de White, El camino a Cristo (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1990), 44-45. La negrilla no es del original.

[vi] Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia: El seguimiento (trad. José L. Sicre; 6a. ed.; Salamanca: Ediciones Sígueme, 2004), 207.

[vii] Yancey, La desaparición de la gracia, 125.

[viii] Ibid., 35.

[ix] Nancy Clark y Catherine Kroeger, Refugio del abuso: Sanidad y esperanza para mujeres abusadas (Nashville, TN.: Editorial Caribe, 2005), 5.

[x]  Ibid., 93.

[xi] Ibid., 96. Cita parafraseada.

[xii] Jaume Soler y María Mercé Conangla, Juntos, pero no atados: Cómo construir una relación basada en el amor y no en vínculos de dependencia (Barcelona: RBA Libros, 2008), 252.

[xiii] Ibid.

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¿Por qué el vestido de bodas tiene que ser blanco, por qué no azul cielo?




“No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio” (H. G. Wells)

 Pregunta

“Estimado doctor: Estoy por casarme, he vivido en castidad siempre. Aun no tengo el vestido, pero siempre he soñado con un vestido azul cielo tipo princesa de cuento. Pero mi familia dice que debo usar un vestido blanco y yo no quiero eso. Incluso la mamá de mi novio dice que debe ser así, blanco. Dicen que si no lo uso daré la imagen de todo lo contrario. Siempre he soñado algo así. Estoy enamorada de mi novio. No quiero ser mal vista. En mi iglesia no han dicho nada. Pero mi familia sí. Siempre soñé ser una princesa de cuento y mi novio quiere ser mi príncipe. Somos románticos. Creemos en Dios y sabemos que no hemos faltado en nada. No sé qué debo hacer”.

Respuesta

Es impresionante como las tradiciones pueden más que la inteligencia y la sabiduría. Hacer problema por algo que se basa exclusivamente en una tradición, no sólo es poco sabio, además, es insensato, por utilizar una palabra que no resulte ofensiva. Lo primero que me surge es molestia. Por este tipo de actitudes lo que podría ser un momento inolvidable se convierte en una tragedia de ribetes tragicómicos.

Tu boda es tu boda

Lo primero que debes entender es que TU BODA ES TU BODA. Todos los demás, familiares, padres, amigos, hermanos de la iglesia, el pastor y cualquier otra persona, son simplemente espectadores, como diríamos en Chile, mirones. Es decir, no tienen nada que hacer allí, salvo apoyarles y estar con ustedes.

Supongo que has planeado casarte una sola vez en la vida. Por lo tanto, lo que hagas en la boda es decisión tuya y de tu novio. Todo lo que suele hacerse en las bodas cristianas es un invento sin fundamentación bíblica. En algún momento a alguien se le ocurrió y se practicó desde allí en adelante. Cuando digo todo, es todo. Todo lo que se realiza es invento con una tradición que se puede rastrear históricamente: La participación de un sacerdote o pastor, las ropas, los votos matrimoniales, el anillo de bodas, la participación de testigos, los pajes, el mismo uso de un templo y de una ceremonia religiosa, muy qué les pese a muchos, todo es invento sin sustento bíblico. Una idea que se fue plasmando en el tiempo y que se le ha dado un carácter sacro cuando no lo tiene.

Las “tradiciones inventadas” tienen un propósito inicial, pero, lamentablemente, con el pasar del tiempo se le va dando un carácter sacro que no poseen. Como dice Eric Hobsbawm: “La ‘tradición inventada’ implica un grupo de prácticas, normalmente gobernadas por reglas aceptadas abierta o  tácitamente y de naturaleza simbólica o ritual, que buscan inculcar determinados valores o normas de comportamiento por medio de su repetición, lo  cual implica  automáticamente continuidad con el pasado”.[i] Pero inventada o no, no deja de ser nada más y nada menos que una tradición. Darle un carácter formal o sacro es simplemente un exceso.

En una boda lo único que tiene valor trascendente es el pacto que novio y novia realizan uno frente al otro. El estar en la “presencia de Dios” es una tradición medieval nacida en el siglo IX y de raíz pagana, sin sustento bíblico, de hecho, no hay ninguna alusión a una boda en la Biblia, salvo las bodas de Caná, que tiene otro sentido y no fue una boda, sino la fiesta. Todos los eruditos señalan que “ningún pasaje bíblico describe puntualmente el ceremonial de celebración de una boda”.[ii] Por lo tanto, darle una impronta sagrada a algo que es simplemente tradición, es simplemente, consagrar el dogma como sagrado cuando es en realidad un invento.

Para empezar, en el antiguo Israel, las bodas se hacían en primavera, generalmente al comenzar las cosechas, así que era una celebración donde se invitaba a los amigos y familiares, para que aparte de participar en la boda, colaboraran en la cosecha. Era un momento de felicidad, encuentro familiar y de amigos.

Las doncellas se casaban generalmente con ropas multicolores. Se suponía que mientras más colores tenía la vestimenta más hermosos se veían los novios, porque ambos se casaban con trajes coloridos. Una forma de expresar la alegría de la primavera, pero, además, una forma hermosa de representar la belleza, así como el arco iris, que después de una tormenta aparece en todo su esplendor en el cielo.

Con el pasar de los años la costumbre fue variando. Las mujeres campesinas continuaron casándose con ropas multicolores, con guirnaldas de flores y con tiaras confeccionadas con ramas de arbustos o flores. Las damas ricas, en cambio, comenzaron a inventar ropas ostentosas y llenas de encajes carísimos. De todos modos, las ropas eran de colores. No existía un color característico para las bodas. Cada persona elegía el color que más le apetecía y que iba en concordancia con sus gustos personales. En las cortes, se elegía el color que de alguna manera combinara con los arreglos de los decorados.

Eso se mantuvo más o menos inalterable hasta que vino la Reina Victoria de Inglaterra, que impuso la moda de que las mujeres debían casarse de blanco como un símbolo de castidad. De pronto, todo el mundo comenzó a utilizar ropas blancas para los matrimonios como una moda. Así de simple. Una moda que no tiene más antecedente que una reina muy popular y a la que todo el mundo quería imitar. Ella también obligó a su esposo a casarse de negro como señal de que los varones debían llegar al matrimonio con algún tipo de experiencia sexual para “guiar” a sus castas esposas, lo que en sí es ya una tontería inventada por alguien que no estaba bien de la cabeza, pero que influyó en toda una época.

Como dice la historiadora Stephanie Coontz: “Cuando la reina Victoria rompió con la convención y recorrió la catedral con un acompañamiento musical, vistiendo un traje completamente blanco en lugar del vestido tradicional plateado y blanco con una capa de color, creó una ‘tradición’ de la noche a la mañana. Miles de mujeres de clase media imitaron su ejemplo y transformaron sus bodas en el acontecimiento más pomposo de sus vidas, una elaborada celebración de su entrada en la respetable domesticidad”.[iii]

Luego, en las iglesias cristianas se le asignó al blanco un sentido religioso. Se suponía que las mujeres castas debían vestir de blanco y quienes hubiesen tenido relaciones sexuales previas debían utilizar otro color. De alguna manera se “castigó” a quienes no llegaban vírgenes al matrimonio. Nadie se interesó en cómo debían vestir los varones, introduciendo una especie de sexismo machista en la ceremonia, que a nadie pareció importarle, hasta el día de hoy, al contrario, si un varón decidiera casarse de blanco, seguramente más de alguna persona arrugaría la nariz creyendo que es impropio.
Es decir, una moda, nacida en la mente de una persona, de la cual tengo serias dudas de su estabilidad mental, se ha impuesto como si fuera sagrada y tuviera un carácter inalterable. ¡Ridículo! Lo más absurdo es que se ha seguido haciendo sin detenerse a pensar en el sentido que tiene.

Todo el vestido tradicional de la novia es un monumento a la sandez, la vanidad y el machismo. El velo confeccionado de tul, la cola inmensa, que en ocasiones medía una cantidad enorme de metros, la tiara que algunas novias utilizaron, especialmente reinas y princesas, todo tenía un sentido en el contexto del sometimiento de la mujer a una cultura donde se suponía ella debía ser virgen y casta, sin importar si el futuro novio lo era. Hemos hecho de una tradición con tintes sexistas algo sagrado cuando nunca lo fue.

Las bodas en la iglesia, que es otra tradición sin sustento bíblico, fue otra costumbre introducida en el cristianismo con el fin de controlar las bodas y los matrimonios.

Originalmente en el pueblo de Israel los sacerdotes no participaban en las bodas. Se consideraba la ceremonia un asunto más familiar que religioso. “Las bodas se celebran en el seno de la familia, sin signos religiosos aparentes si bien todo en la vida del creyente hebreo se consideraba obra de Dios”.[iv] De hecho, las bodas se realizaban delante de la casa que ocuparían los esposos y la ceremonia era dirigida por los padres. Era un acontecimiento que tenía connotaciones vinculadas con la unión de dos familias, por lo tanto, era un acontecimiento que se celebraba con alegría y sin hacer los aspavientos y ostentación que se introdujeron posteriormente.

Originalmente los matrimonios no eran oficiados por sacerdotes. Era un asunto netamente familiar. Ni siquiera se realizaban las bodas en la iglesia o en lugares de culto. La mayoría de las ceremonias matrimoniales eran oficiadas por los padres o por el varón más importante del clan, y se realizaban en el campo, o frente a las casas de los que iban a casarse.

Por lo menos, hay antecedentes que hasta el siglo IV “no existía ninguna ley eclesiástica que obligara a los cristianos a casarse mediante una ceremonia religiosa. Esto era una cuestión de costumbre o de conveniencias, pero no una condición para la validez del matrimonio; el simple intercambio del consentimiento era suficiente”.[v] En Oriente el rito religioso no llegó a ser obligatorio sino hasta el siglo IX por un decreto del emperador León VI el sabio y en Occidente hasta el Concilio de Trento.

Sin embargo, desde mediados del siglo XII entró en plena vigencia una ley eclesiástica conocida como “ley canónica”, y se introdujeron dos cambios cuyos efectos perduran hasta hoy; por una parte, la Iglesia Católica presionó para que las personas se casaran en presencia de un sacerdote, en una audiencia pública con testigos, y que la ceremonia tuviera lugar en el templo, más específicamente, a las puertas de las iglesias, porque se consideraba que no era algo tan puro como para realizarlo dentro de una instalación “sagrada”. Siglos después, las bodas comenzaron a ser realizadas en el interior del templo frente al altar, cuando un par de príncipes y reyes reclamó que ellos no querían casarse como la plebe, frente a la puerta del templo.

Por otro lado, a partir de esta fecha, se introdujo la costumbre de que no era absolutamente necesario realizar una boda con el consentimiento paterno; bastaba la voluntad mutua de los contrayentes, de esa manera se rompió el sentido que tenía de unión de familias antes que de esposos.

Muchas personas creen que siempre las bodas se celebraron en un templo; pero, tal como señalamos, la historia muestra otra cosa. Como diría  Hobsbawm: “Las ‘tradiciones’ que parecen o reclaman ser antiguas son a menudo bastante recientes en su origen, y a veces inventadas”,[vi] tal como es el caso de casi todo lo vinculado a las bodas cristianas.

En cierto modo, la restricción de las bodas religiosas, se puso para poner orden en una situación que a veces se prestaba para abusos; sin embargo, se le dio al matrimonio un sentido que no tiene y que no aparece en ninguna parte de la Biblia, y que derivó más tarde en el dogma del matrimonio como sacramento.

Me hubiera gustado más la época en que los padres celebraban las bodas de sus hijos, más allá de que hoy aceptemos solo como válido el que los clérigos y los pastores las realicen. Sin embargo, en el contexto original, tenía un sentido de participación en una fiesta que era, a la vez un compromiso familiar, cosa que hoy parece no estar en la mente de muchos.

Por otro lado, una tendencia de hoy es convertir a las bodas en una ocasión tan formal que de pronto se pierde el sentido de alegría que existe, aparte que se gastan lo que no tienen en una ceremonia que dura apenas una hora, como mucho.

No aceptar intromisiones

Es muy importante que en esta etapa que están viviendo entiendas que cuando formamos una pareja, para que esta funcione adecuadamente, es preciso establecer límites, en primer lugar, con las familias de origen.

Uno de los problemas mayores que tienen que enfrentar las parejas, especialmente jóvenes, es la intromisión de las familias de origen en sus relaciones matrimoniales. Muchos para evitarse problemas permiten que, especialmente, sus padres intervengan y opinen sobre lo que no deberían.

En eso tú y tu novio tienen una gran decisión que tomar. ¿Van a permitir que sus madres dicten lo que quieren vivir? ¿Cómo va a influir eso en el resto de sus vidas? Dejar que sus madres elijan lo que quieren hacer en uno de los días emblemáticos de su vida, es simplemente, poco sabio y puede marcar el resto de sus matrimonios, porque por temor o para no hacerse problemas, pueden marcar un precedente: Dejar que otros, incluyendo personas importantes, decidan por ustedes. Eso puede establecer hábitos y costumbres de los cuales luego pueden arrepentirse.

Muchos padres y madres se sienten con derecho a decirles a sus hijos adultos lo que deben o no hacer. Eso no sólo es una intromisión, también es una falta de respeto a sus hijos y ponerse en un rol que no les corresponde.

Los adultos deben decidir por sí mismos. No les corresponde a los demás señalar qué deben o no hacer. Una cosa es ser directivos con hijos pequeños dependientes, otra muy distinta serlo con adultos. Se equivocan los padres que creen que les corresponde a ellos decidir.

Se da además el caso que muchas madres frustradas con sus propias bodas se proyectan en las bodas de sus hijas e hijos queriendo que ellos hagan lo que ellas hubiesen querido hacer en sus propias bodas y que por alguna razón no pudieron. Eso no es justo ni sabio. Las madres sabias callan y apoyan a sus hijas e hijos, incluso cuando toman decisiones, como en este caso, que va en contra de sus ideas.

Sé que no quisieran hacerse problemas con sus padres ni con otras personas, pero lo que tienen que evaluar es algo mucho más profundo. ¿Hasta qué punto permitirán que sean otros los que decidan qué tipo de matrimonio tendrán? Y no me refiero a la ceremonia, que es importante pero no trascendental, porque es sólo eso, una ceremonia, bella, emblemática, pero no más que eso, lo verdaderamente importante es el matrimonio. Lo que decidan para ese día, y lo que permitan en sus vidas puede marcar el resto de sus existencias.

Poner límites no sólo es sano, es necesario. Los límites tienen una función clara: Dejar afuera lo que no es propio y establecer las fronteras entre lo privado y lo público. Cuando permitimos que otros se entrometan, dejamos que nuestras vidas sean controladas, afectadas o influenciadas por personas que van de paso y que no son parte esencial de nuestra existencia.

Eso no implica no escuchar, especialmente, cuando nosotros hemos pedido consejo. Pero, una cosa es oír un consejo, otra muy distinta sentirse obligados a seguirlo simplemente porque es la mamá o el papá. Muchos padres creen, imprudentemente, que sus hijos tienen que hacerles caso aun cuando ya estén casados. Eso no es justo, porque a ellos no les gustó cuando lo hicieron con ellos. Incluso, muchos se olvidan de los disgustos que tuvieron intentando que sus familiares no se entrometieran en sus vidas matrimoniales, pero, aun sabiendo esto, se sienten con derecho a interferir en la vida de sus hijos.

El infierno de la mirada ajena

El filósofo J. P. Sartre solía decir que “el infierno es la mirada de otros”, y en muchos sentidos tenía razón. Hemos dejado que la mirada ajena nos domine y nos torture. ¿Por qué? Simplemente, porque tenemos tanto miedo al qué dirán que eso nos inmoviliza para ser auténticos y espontáneos.

¿Por qué tienen que preocuparse por el qué dirán? Los chismosos y chismosas siempre tendrán algo que decir y los que realmente los aman y conocen no deberían pensar mal de ustedes. Es su vida, y sólo ustedes saben exactamente qué es lo que han vivido.

Pensar que los demás podrían suponer que llegan al matrimonio no castos, ¿por qué debería importarles? ¿Acaso los demás estarán allí para darles consuelo y apoyarles en momentos difíciles? 

Generalmente los que hablan no abrazan ni dan consuelo. Los murmuradores y divulgadores de chismes son perezosos, lo único que les funciona es la lengua. No están para ayudar sino para señalar, así que no debería importarles lo que esa gente piense.

Por último, si ya hubiesen tenido relaciones sexuales antes, ¿no es acaso eso algo que deben resolver ustedes dos y ambos con Dios? ¿Qué derecho tienen los demás a meterse en su vida privada? Ni Dios se entromete, ¿por qué han de permitirle a otros que lo hagan?

Si por ventura hubieran tenido relaciones sexuales antes, pueden casarse del color que quieran, incluso de blanco, porque el color es lo de menos, lo que importa es qué han decidido. ¿Significa que alguien que se arrepiente del tipo de vida que ha llevado y quiere casarse de blanco está impedido de hacerlo? ¿Por qué? ¡Porque a algún beato legalista y fariseo se le ocurrió! ¿No dice acaso la Biblia que “aunque vuestros pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve; ¿aunque sean como tela teñida de púrpura, yo los dejaré blancos como la lana” (Isaías 1:18 DHH)? Nos gusta castigar a los que se equivocan y luego hablamos de un Dios redentor ¿dónde está la redención en señalar, acusar y apuntar a quien se equivoca?

Siempre alguien dirá algo de ti. Vivir en función del qué dirán simplemente te convierte en esclava de la mirada y de la opinión ajena. Como dice el dicho “palos porque bogas y palos porque no bogas”, es decir, en este mundo nuestro nunca dejaremos contentos a todos, siempre habrá alguien a disgusto con lo que hacemos, por lo tanto, vivir en función de otros no sólo no es sabio, es necio. Vive tu vida y goza al lado del hombre que has elegido como tu esposo. Si los demás hablan, ¡problema de ellos! Por último, tómalo por el lado positivo: ¡Dales algo de qué hablar a vidas tan aburridas que no tienen de qué ocuparse más que de la vida ajena! Tu boda les dará tema para varios años así que les haces un favor a gente con vidas tan anodinas y sin sentido que algo fuera de serie como será tu boda les dará algo de qué hablar y las sacará de su sopor existencial paupérrimo.

La mirada de Dios

¿Por qué habrías de preocuparte por la mirada de Dios? Dios nunca procura de ninguna manera hacernos sentir mal, al contrario, busca de todos los modos posibles hacernos sentir aceptados por su gracia para que entendamos que él quiere para nosotros el bien y no el mal.

Si sabes que no has hecho algo negativo, ¿por qué habrías de afligirte? Al contrario, ¿si sabes que cometiste un error? ¿Por qué habrías de preocuparte por Dios? Por aquel que dio a Jesús para morir por ti. ¿Hay muestra más grande de amor que Cristo muriendo en la cruz por nosotros? ¿Por qué deberías sentir vergüenza por algo que puede ser perdonado y redimido por un Dios tan inmensamente amoroso que dice claramente en su Palabra: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la muerte violenta...?” (Romanos 8:35)?

Luego más adelante Pablo con una seguridad que deberíamos tener todos los que somos creyentes agrega: “Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro, ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!” (Romanos 8: 38-39). Si lees con claridad verás que utiliza la expresión “nada”. Es decir, no importa qué hagas, Dios nunca dejará de amarnos y recibirnos cuando vayamos a él. Además, no nos condena ni nos obliga a andar con una marca exterior para indicar que nos hemos equivocado. Tal como el padre pródigo, recibe a su hijo, lo abraza, lo viste con sus mejores ropas y hace una fiesta, porque ese es Dios, mal que les pese a los amargados, un Dios de jolgorio.

Son los amargados de la religión, aquellos que han hecho de la fe un limón agrio, los que han inventado que hay que dar muestras de arrepentimiento y hacer penitencias para demostrarle al mundo que tenemos dolor por lo que hemos hecho. Esos torturadores de la fe no han entendido nada. La cruz es lo único que debemos exaltar no el pecado que hayamos cometido. Así que aún si hubieras hecho algo equivocado, aun así, Dios te recibe alegre, feliz de que vuelvas y te reencuentres con él.

Vive en paz. Adoramos a un Dios que se complace en perdonar y redimir y no como los agoreros de la fe creen que busca castigar, señalar y hacer sentir mal. El Dios de la Biblia es “tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre a levantar el castigo” (Joel 2:13). Concéntrate en Dios y no en los traficantes de amargura que en las iglesias pululan, porque lamentablemente nunca han tenido un encuentro personal con el Dios de amor.

Azul cielo

¿Quieres casarte como princesa? ¡Hazlo! Será un acontecimiento hermoso para narrarle a tus hijos y de paso, para darle escozor a las envidiosas del pueblo. ¿Quieres que tu vestido sea azul cielo? ¡Fantástico! No se me ocurre un color más hermoso para una princesa que se va a casar. Si te apetece puedes casarte de negro si te da la gana, porque al final, todos los colores son bellos porque son creación de Dios.

La vida es hermosa. Una boda es un momento especial, no porque hay testigos ni porque participa un religioso, que como ya les dije antes es un invento, lo bello es la decisión que han tomado, el compromiso que hacen, el pacto que pronuncian y el momento que marca el inicio de una nueva etapa en sus vidas.

Me encantaría verte con tu vestido de princesa, un momento hermoso para recordar y decirle al mundo, especialmente a los amargados y amargadas del pueblo que el amor es hermoso y que no hay nada más bello que celebrarlo en libertad y de manera espontánea. Te aseguro que, aunque te cases de negro habrá huestes celestiales aplaudiendo, porque si hay algo que Dios goza es el amor.

P.D.: ¡Por favor! ¡Envíame fotos de tu boda con tu vestido azul cielo! Quiero verte a ti y a tu novio.... y por favor, trata de fotografiar las caras de las betas y de los fariseos, me encantaría ver su expresión de sorpresa y hastío.




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Referencias

[i]  Eric Hobsbawm, “Introducción: La invención de la tradición”, en La invención de la tradición, Eric Hobsbawm y Terence Ranger, eds. (Barcelona: Editorial Crítica, 2002), 8.

[ii] Luis Alonso Schockel, Símbolos matrimoniales en la Biblia (Estella, Navarra: Editorial Verbo Divino, 1999), 68.

[iii] Stephanie Coontz, Historia del matrimonio: Cómo el amor conquistó el matrimonio (trad. Alcira Bixio; Barcelona: Gedisa Editorial, 2006), 213.

[iv] Gonzalo Florez, Matrimonio y familia (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1995), 94.

[v]  Juana María Torres, “La tradición nupcial pagana en el matrimonio cristiano, según Gregorio de Nacianzo”, Studia Histórica, 8 (1990): 55.

[vi] Hobsbawm, “Introducción: La invención de la tradición”, 7.

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