¿Por qué el vestido de bodas tiene que ser blanco, por qué no azul cielo?




“No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio” (H. G. Wells)

 Pregunta

“Estimado doctor: Estoy por casarme, he vivido en castidad siempre. Aun no tengo el vestido, pero siempre he soñado con un vestido azul cielo tipo princesa de cuento. Pero mi familia dice que debo usar un vestido blanco y yo no quiero eso. Incluso la mamá de mi novio dice que debe ser así, blanco. Dicen que si no lo uso daré la imagen de todo lo contrario. Siempre he soñado algo así. Estoy enamorada de mi novio. No quiero ser mal vista. En mi iglesia no han dicho nada. Pero mi familia sí. Siempre soñé ser una princesa de cuento y mi novio quiere ser mi príncipe. Somos románticos. Creemos en Dios y sabemos que no hemos faltado en nada. No sé qué debo hacer”.

Respuesta

Es impresionante como las tradiciones pueden más que la inteligencia y la sabiduría. Hacer problema por algo que se basa exclusivamente en una tradición, no sólo es poco sabio, además, es insensato, por utilizar una palabra que no resulte ofensiva. Lo primero que me surge es molestia. Por este tipo de actitudes lo que podría ser un momento inolvidable se convierte en una tragedia de ribetes tragicómicos.

Tu boda es tu boda

Lo primero que debes entender es que TU BODA ES TU BODA. Todos los demás, familiares, padres, amigos, hermanos de la iglesia, el pastor y cualquier otra persona, son simplemente espectadores, como diríamos en Chile, mirones. Es decir, no tienen nada que hacer allí, salvo apoyarles y estar con ustedes.

Supongo que has planeado casarte una sola vez en la vida. Por lo tanto, lo que hagas en la boda es decisión tuya y de tu novio. Todo lo que suele hacerse en las bodas cristianas es un invento sin fundamentación bíblica. En algún momento a alguien se le ocurrió y se practicó desde allí en adelante. Cuando digo todo, es todo. Todo lo que se realiza es invento con una tradición que se puede rastrear históricamente: La participación de un sacerdote o pastor, las ropas, los votos matrimoniales, el anillo de bodas, la participación de testigos, los pajes, el mismo uso de un templo y de una ceremonia religiosa, muy qué les pese a muchos, todo es invento sin sustento bíblico. Una idea que se fue plasmando en el tiempo y que se le ha dado un carácter sacro cuando no lo tiene.

Las “tradiciones inventadas” tienen un propósito inicial, pero, lamentablemente, con el pasar del tiempo se le va dando un carácter sacro que no poseen. Como dice Eric Hobsbawm: “La ‘tradición inventada’ implica un grupo de prácticas, normalmente gobernadas por reglas aceptadas abierta o  tácitamente y de naturaleza simbólica o ritual, que buscan inculcar determinados valores o normas de comportamiento por medio de su repetición, lo  cual implica  automáticamente continuidad con el pasado”.[i] Pero inventada o no, no deja de ser nada más y nada menos que una tradición. Darle un carácter formal o sacro es simplemente un exceso.

En una boda lo único que tiene valor trascendente es el pacto que novio y novia realizan uno frente al otro. El estar en la “presencia de Dios” es una tradición medieval nacida en el siglo IX y de raíz pagana, sin sustento bíblico, de hecho, no hay ninguna alusión a una boda en la Biblia, salvo las bodas de Caná, que tiene otro sentido y no fue una boda, sino la fiesta. Todos los eruditos señalan que “ningún pasaje bíblico describe puntualmente el ceremonial de celebración de una boda”.[ii] Por lo tanto, darle una impronta sagrada a algo que es simplemente tradición, es simplemente, consagrar el dogma como sagrado cuando es en realidad un invento.

Para empezar, en el antiguo Israel, las bodas se hacían en primavera, generalmente al comenzar las cosechas, así que era una celebración donde se invitaba a los amigos y familiares, para que aparte de participar en la boda, colaboraran en la cosecha. Era un momento de felicidad, encuentro familiar y de amigos.

Las doncellas se casaban generalmente con ropas multicolores. Se suponía que mientras más colores tenía la vestimenta más hermosos se veían los novios, porque ambos se casaban con trajes coloridos. Una forma de expresar la alegría de la primavera, pero, además, una forma hermosa de representar la belleza, así como el arco iris, que después de una tormenta aparece en todo su esplendor en el cielo.

Con el pasar de los años la costumbre fue variando. Las mujeres campesinas continuaron casándose con ropas multicolores, con guirnaldas de flores y con tiaras confeccionadas con ramas de arbustos o flores. Las damas ricas, en cambio, comenzaron a inventar ropas ostentosas y llenas de encajes carísimos. De todos modos, las ropas eran de colores. No existía un color característico para las bodas. Cada persona elegía el color que más le apetecía y que iba en concordancia con sus gustos personales. En las cortes, se elegía el color que de alguna manera combinara con los arreglos de los decorados.

Eso se mantuvo más o menos inalterable hasta que vino la Reina Victoria de Inglaterra, que impuso la moda de que las mujeres debían casarse de blanco como un símbolo de castidad. De pronto, todo el mundo comenzó a utilizar ropas blancas para los matrimonios como una moda. Así de simple. Una moda que no tiene más antecedente que una reina muy popular y a la que todo el mundo quería imitar. Ella también obligó a su esposo a casarse de negro como señal de que los varones debían llegar al matrimonio con algún tipo de experiencia sexual para “guiar” a sus castas esposas, lo que en sí es ya una tontería inventada por alguien que no estaba bien de la cabeza, pero que influyó en toda una época.

Como dice la historiadora Stephanie Coontz: “Cuando la reina Victoria rompió con la convención y recorrió la catedral con un acompañamiento musical, vistiendo un traje completamente blanco en lugar del vestido tradicional plateado y blanco con una capa de color, creó una ‘tradición’ de la noche a la mañana. Miles de mujeres de clase media imitaron su ejemplo y transformaron sus bodas en el acontecimiento más pomposo de sus vidas, una elaborada celebración de su entrada en la respetable domesticidad”.[iii]

Luego, en las iglesias cristianas se le asignó al blanco un sentido religioso. Se suponía que las mujeres castas debían vestir de blanco y quienes hubiesen tenido relaciones sexuales previas debían utilizar otro color. De alguna manera se “castigó” a quienes no llegaban vírgenes al matrimonio. Nadie se interesó en cómo debían vestir los varones, introduciendo una especie de sexismo machista en la ceremonia, que a nadie pareció importarle, hasta el día de hoy, al contrario, si un varón decidiera casarse de blanco, seguramente más de alguna persona arrugaría la nariz creyendo que es impropio.
Es decir, una moda, nacida en la mente de una persona, de la cual tengo serias dudas de su estabilidad mental, se ha impuesto como si fuera sagrada y tuviera un carácter inalterable. ¡Ridículo! Lo más absurdo es que se ha seguido haciendo sin detenerse a pensar en el sentido que tiene.

Todo el vestido tradicional de la novia es un monumento a la sandez, la vanidad y el machismo. El velo confeccionado de tul, la cola inmensa, que en ocasiones medía una cantidad enorme de metros, la tiara que algunas novias utilizaron, especialmente reinas y princesas, todo tenía un sentido en el contexto del sometimiento de la mujer a una cultura donde se suponía ella debía ser virgen y casta, sin importar si el futuro novio lo era. Hemos hecho de una tradición con tintes sexistas algo sagrado cuando nunca lo fue.

Las bodas en la iglesia, que es otra tradición sin sustento bíblico, fue otra costumbre introducida en el cristianismo con el fin de controlar las bodas y los matrimonios.

Originalmente en el pueblo de Israel los sacerdotes no participaban en las bodas. Se consideraba la ceremonia un asunto más familiar que religioso. “Las bodas se celebran en el seno de la familia, sin signos religiosos aparentes si bien todo en la vida del creyente hebreo se consideraba obra de Dios”.[iv] De hecho, las bodas se realizaban delante de la casa que ocuparían los esposos y la ceremonia era dirigida por los padres. Era un acontecimiento que tenía connotaciones vinculadas con la unión de dos familias, por lo tanto, era un acontecimiento que se celebraba con alegría y sin hacer los aspavientos y ostentación que se introdujeron posteriormente.

Originalmente los matrimonios no eran oficiados por sacerdotes. Era un asunto netamente familiar. Ni siquiera se realizaban las bodas en la iglesia o en lugares de culto. La mayoría de las ceremonias matrimoniales eran oficiadas por los padres o por el varón más importante del clan, y se realizaban en el campo, o frente a las casas de los que iban a casarse.

Por lo menos, hay antecedentes que hasta el siglo IV “no existía ninguna ley eclesiástica que obligara a los cristianos a casarse mediante una ceremonia religiosa. Esto era una cuestión de costumbre o de conveniencias, pero no una condición para la validez del matrimonio; el simple intercambio del consentimiento era suficiente”.[v] En Oriente el rito religioso no llegó a ser obligatorio sino hasta el siglo IX por un decreto del emperador León VI el sabio y en Occidente hasta el Concilio de Trento.

Sin embargo, desde mediados del siglo XII entró en plena vigencia una ley eclesiástica conocida como “ley canónica”, y se introdujeron dos cambios cuyos efectos perduran hasta hoy; por una parte, la Iglesia Católica presionó para que las personas se casaran en presencia de un sacerdote, en una audiencia pública con testigos, y que la ceremonia tuviera lugar en el templo, más específicamente, a las puertas de las iglesias, porque se consideraba que no era algo tan puro como para realizarlo dentro de una instalación “sagrada”. Siglos después, las bodas comenzaron a ser realizadas en el interior del templo frente al altar, cuando un par de príncipes y reyes reclamó que ellos no querían casarse como la plebe, frente a la puerta del templo.

Por otro lado, a partir de esta fecha, se introdujo la costumbre de que no era absolutamente necesario realizar una boda con el consentimiento paterno; bastaba la voluntad mutua de los contrayentes, de esa manera se rompió el sentido que tenía de unión de familias antes que de esposos.

Muchas personas creen que siempre las bodas se celebraron en un templo; pero, tal como señalamos, la historia muestra otra cosa. Como diría  Hobsbawm: “Las ‘tradiciones’ que parecen o reclaman ser antiguas son a menudo bastante recientes en su origen, y a veces inventadas”,[vi] tal como es el caso de casi todo lo vinculado a las bodas cristianas.

En cierto modo, la restricción de las bodas religiosas, se puso para poner orden en una situación que a veces se prestaba para abusos; sin embargo, se le dio al matrimonio un sentido que no tiene y que no aparece en ninguna parte de la Biblia, y que derivó más tarde en el dogma del matrimonio como sacramento.

Me hubiera gustado más la época en que los padres celebraban las bodas de sus hijos, más allá de que hoy aceptemos solo como válido el que los clérigos y los pastores las realicen. Sin embargo, en el contexto original, tenía un sentido de participación en una fiesta que era, a la vez un compromiso familiar, cosa que hoy parece no estar en la mente de muchos.

Por otro lado, una tendencia de hoy es convertir a las bodas en una ocasión tan formal que de pronto se pierde el sentido de alegría que existe, aparte que se gastan lo que no tienen en una ceremonia que dura apenas una hora, como mucho.

No aceptar intromisiones

Es muy importante que en esta etapa que están viviendo entiendas que cuando formamos una pareja, para que esta funcione adecuadamente, es preciso establecer límites, en primer lugar, con las familias de origen.

Uno de los problemas mayores que tienen que enfrentar las parejas, especialmente jóvenes, es la intromisión de las familias de origen en sus relaciones matrimoniales. Muchos para evitarse problemas permiten que, especialmente, sus padres intervengan y opinen sobre lo que no deberían.

En eso tú y tu novio tienen una gran decisión que tomar. ¿Van a permitir que sus madres dicten lo que quieren vivir? ¿Cómo va a influir eso en el resto de sus vidas? Dejar que sus madres elijan lo que quieren hacer en uno de los días emblemáticos de su vida, es simplemente, poco sabio y puede marcar el resto de sus matrimonios, porque por temor o para no hacerse problemas, pueden marcar un precedente: Dejar que otros, incluyendo personas importantes, decidan por ustedes. Eso puede establecer hábitos y costumbres de los cuales luego pueden arrepentirse.

Muchos padres y madres se sienten con derecho a decirles a sus hijos adultos lo que deben o no hacer. Eso no sólo es una intromisión, también es una falta de respeto a sus hijos y ponerse en un rol que no les corresponde.

Los adultos deben decidir por sí mismos. No les corresponde a los demás señalar qué deben o no hacer. Una cosa es ser directivos con hijos pequeños dependientes, otra muy distinta serlo con adultos. Se equivocan los padres que creen que les corresponde a ellos decidir.

Se da además el caso que muchas madres frustradas con sus propias bodas se proyectan en las bodas de sus hijas e hijos queriendo que ellos hagan lo que ellas hubiesen querido hacer en sus propias bodas y que por alguna razón no pudieron. Eso no es justo ni sabio. Las madres sabias callan y apoyan a sus hijas e hijos, incluso cuando toman decisiones, como en este caso, que va en contra de sus ideas.

Sé que no quisieran hacerse problemas con sus padres ni con otras personas, pero lo que tienen que evaluar es algo mucho más profundo. ¿Hasta qué punto permitirán que sean otros los que decidan qué tipo de matrimonio tendrán? Y no me refiero a la ceremonia, que es importante pero no trascendental, porque es sólo eso, una ceremonia, bella, emblemática, pero no más que eso, lo verdaderamente importante es el matrimonio. Lo que decidan para ese día, y lo que permitan en sus vidas puede marcar el resto de sus existencias.

Poner límites no sólo es sano, es necesario. Los límites tienen una función clara: Dejar afuera lo que no es propio y establecer las fronteras entre lo privado y lo público. Cuando permitimos que otros se entrometan, dejamos que nuestras vidas sean controladas, afectadas o influenciadas por personas que van de paso y que no son parte esencial de nuestra existencia.

Eso no implica no escuchar, especialmente, cuando nosotros hemos pedido consejo. Pero, una cosa es oír un consejo, otra muy distinta sentirse obligados a seguirlo simplemente porque es la mamá o el papá. Muchos padres creen, imprudentemente, que sus hijos tienen que hacerles caso aun cuando ya estén casados. Eso no es justo, porque a ellos no les gustó cuando lo hicieron con ellos. Incluso, muchos se olvidan de los disgustos que tuvieron intentando que sus familiares no se entrometieran en sus vidas matrimoniales, pero, aun sabiendo esto, se sienten con derecho a interferir en la vida de sus hijos.

El infierno de la mirada ajena

El filósofo J. P. Sartre solía decir que “el infierno es la mirada de otros”, y en muchos sentidos tenía razón. Hemos dejado que la mirada ajena nos domine y nos torture. ¿Por qué? Simplemente, porque tenemos tanto miedo al qué dirán que eso nos inmoviliza para ser auténticos y espontáneos.

¿Por qué tienen que preocuparse por el qué dirán? Los chismosos y chismosas siempre tendrán algo que decir y los que realmente los aman y conocen no deberían pensar mal de ustedes. Es su vida, y sólo ustedes saben exactamente qué es lo que han vivido.

Pensar que los demás podrían suponer que llegan al matrimonio no castos, ¿por qué debería importarles? ¿Acaso los demás estarán allí para darles consuelo y apoyarles en momentos difíciles? 

Generalmente los que hablan no abrazan ni dan consuelo. Los murmuradores y divulgadores de chismes son perezosos, lo único que les funciona es la lengua. No están para ayudar sino para señalar, así que no debería importarles lo que esa gente piense.

Por último, si ya hubiesen tenido relaciones sexuales antes, ¿no es acaso eso algo que deben resolver ustedes dos y ambos con Dios? ¿Qué derecho tienen los demás a meterse en su vida privada? Ni Dios se entromete, ¿por qué han de permitirle a otros que lo hagan?

Si por ventura hubieran tenido relaciones sexuales antes, pueden casarse del color que quieran, incluso de blanco, porque el color es lo de menos, lo que importa es qué han decidido. ¿Significa que alguien que se arrepiente del tipo de vida que ha llevado y quiere casarse de blanco está impedido de hacerlo? ¿Por qué? ¡Porque a algún beato legalista y fariseo se le ocurrió! ¿No dice acaso la Biblia que “aunque vuestros pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve; ¿aunque sean como tela teñida de púrpura, yo los dejaré blancos como la lana” (Isaías 1:18 DHH)? Nos gusta castigar a los que se equivocan y luego hablamos de un Dios redentor ¿dónde está la redención en señalar, acusar y apuntar a quien se equivoca?

Siempre alguien dirá algo de ti. Vivir en función del qué dirán simplemente te convierte en esclava de la mirada y de la opinión ajena. Como dice el dicho “palos porque bogas y palos porque no bogas”, es decir, en este mundo nuestro nunca dejaremos contentos a todos, siempre habrá alguien a disgusto con lo que hacemos, por lo tanto, vivir en función de otros no sólo no es sabio, es necio. Vive tu vida y goza al lado del hombre que has elegido como tu esposo. Si los demás hablan, ¡problema de ellos! Por último, tómalo por el lado positivo: ¡Dales algo de qué hablar a vidas tan aburridas que no tienen de qué ocuparse más que de la vida ajena! Tu boda les dará tema para varios años así que les haces un favor a gente con vidas tan anodinas y sin sentido que algo fuera de serie como será tu boda les dará algo de qué hablar y las sacará de su sopor existencial paupérrimo.

La mirada de Dios

¿Por qué habrías de preocuparte por la mirada de Dios? Dios nunca procura de ninguna manera hacernos sentir mal, al contrario, busca de todos los modos posibles hacernos sentir aceptados por su gracia para que entendamos que él quiere para nosotros el bien y no el mal.

Si sabes que no has hecho algo negativo, ¿por qué habrías de afligirte? Al contrario, ¿si sabes que cometiste un error? ¿Por qué habrías de preocuparte por Dios? Por aquel que dio a Jesús para morir por ti. ¿Hay muestra más grande de amor que Cristo muriendo en la cruz por nosotros? ¿Por qué deberías sentir vergüenza por algo que puede ser perdonado y redimido por un Dios tan inmensamente amoroso que dice claramente en su Palabra: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la muerte violenta...?” (Romanos 8:35)?

Luego más adelante Pablo con una seguridad que deberíamos tener todos los que somos creyentes agrega: “Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro, ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!” (Romanos 8: 38-39). Si lees con claridad verás que utiliza la expresión “nada”. Es decir, no importa qué hagas, Dios nunca dejará de amarnos y recibirnos cuando vayamos a él. Además, no nos condena ni nos obliga a andar con una marca exterior para indicar que nos hemos equivocado. Tal como el padre pródigo, recibe a su hijo, lo abraza, lo viste con sus mejores ropas y hace una fiesta, porque ese es Dios, mal que les pese a los amargados, un Dios de jolgorio.

Son los amargados de la religión, aquellos que han hecho de la fe un limón agrio, los que han inventado que hay que dar muestras de arrepentimiento y hacer penitencias para demostrarle al mundo que tenemos dolor por lo que hemos hecho. Esos torturadores de la fe no han entendido nada. La cruz es lo único que debemos exaltar no el pecado que hayamos cometido. Así que aún si hubieras hecho algo equivocado, aun así, Dios te recibe alegre, feliz de que vuelvas y te reencuentres con él.

Vive en paz. Adoramos a un Dios que se complace en perdonar y redimir y no como los agoreros de la fe creen que busca castigar, señalar y hacer sentir mal. El Dios de la Biblia es “tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre a levantar el castigo” (Joel 2:13). Concéntrate en Dios y no en los traficantes de amargura que en las iglesias pululan, porque lamentablemente nunca han tenido un encuentro personal con el Dios de amor.

Azul cielo

¿Quieres casarte como princesa? ¡Hazlo! Será un acontecimiento hermoso para narrarle a tus hijos y de paso, para darle escozor a las envidiosas del pueblo. ¿Quieres que tu vestido sea azul cielo? ¡Fantástico! No se me ocurre un color más hermoso para una princesa que se va a casar. Si te apetece puedes casarte de negro si te da la gana, porque al final, todos los colores son bellos porque son creación de Dios.

La vida es hermosa. Una boda es un momento especial, no porque hay testigos ni porque participa un religioso, que como ya les dije antes es un invento, lo bello es la decisión que han tomado, el compromiso que hacen, el pacto que pronuncian y el momento que marca el inicio de una nueva etapa en sus vidas.

Me encantaría verte con tu vestido de princesa, un momento hermoso para recordar y decirle al mundo, especialmente a los amargados y amargadas del pueblo que el amor es hermoso y que no hay nada más bello que celebrarlo en libertad y de manera espontánea. Te aseguro que, aunque te cases de negro habrá huestes celestiales aplaudiendo, porque si hay algo que Dios goza es el amor.

P.D.: ¡Por favor! ¡Envíame fotos de tu boda con tu vestido azul cielo! Quiero verte a ti y a tu novio.... y por favor, trata de fotografiar las caras de las betas y de los fariseos, me encantaría ver su expresión de sorpresa y hastío.




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Referencias

[i]  Eric Hobsbawm, “Introducción: La invención de la tradición”, en La invención de la tradición, Eric Hobsbawm y Terence Ranger, eds. (Barcelona: Editorial Crítica, 2002), 8.

[ii] Luis Alonso Schockel, Símbolos matrimoniales en la Biblia (Estella, Navarra: Editorial Verbo Divino, 1999), 68.

[iii] Stephanie Coontz, Historia del matrimonio: Cómo el amor conquistó el matrimonio (trad. Alcira Bixio; Barcelona: Gedisa Editorial, 2006), 213.

[iv] Gonzalo Florez, Matrimonio y familia (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1995), 94.

[v]  Juana María Torres, “La tradición nupcial pagana en el matrimonio cristiano, según Gregorio de Nacianzo”, Studia Histórica, 8 (1990): 55.

[vi] Hobsbawm, “Introducción: La invención de la tradición”, 7.

49 comentarios:

  1. ¡Que extraordinaria respuesta! Nunca lo había ni pensado ni reflexionado... ¡sabemos tan poco! Muchas gracias.

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    1. Sólo los que están el psiquiátrico saben todo...

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  2. Ufff... se va a enojar mucha gente con usted, pero la respuesta me parece genial.

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    1. Si me preocupara por los que se enojan por lo que pienso... hace rato habría dejado de pensar.

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  3. Genial. Ya no me siento rara por pensar así.

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  4. La moda del vestido blanco viene de la época victoriana, época en que la Reina de Inglaterra, Victoria, impuso la moda de hacerlo asi...así de simple

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    1. Así de simple y complejo... hacerle caso a alguien que tenía las facultades mentales alteradas...

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  5. Que respuesta mas ESPECTACULAR!!!!! Que gana de ver esas fotos!!! Buenisimo!!!

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  6. excelente respuesta. da pena la presión que hay siempre en todos los aspectos de la vida de parte de algunos familiares que no han aprendido a respetar los deseos y las decisiones de los demás, que siempre quieren controlar e imponer su estilo de vida porque creen que es el papel de la familia. pero en mi opinión mas pena todavía dan aquellos que lo permiten por cobardía.

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    1. Tienes toda la razón, es una gran pena por todos lados... lo importante es aprender y no hacer lo mismo.

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  7. Pastor no sabe cuando agradezco que compartiera ésta respuesta con todos. Junto a mi esposo sufrimos algo parecido. Leer ésto nos fortalece la decisión que tomamos respecto a nuestra fiesta y bendición!
    Gracias, y que Dios le siga usando!

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    1. Qué pena que hayan pasado por momentos desagradables, y me alegra que la respuesta les ayudara.

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  8. Amo sus respuestas llenas de libertad, ( sin temor a los religiosos) de amor, misericordia. Quitando las cadenas de los que se creen muy santos y religiosos han puesto y van dejando, en tantas mentes, almas emociones de tantas personas que asistimos a iglesias y nos llenan de sus ideas y tradiciones absurdas y arraigadas, y si no seguimos sus pisadas somos vistos como cabritos, o desobedientes " bíblicos" .... me ha enseñado tanto!!
    gracias por compartirnos liberad, gracias por su valor, gracias, gracias, gracias....

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    1. La mayoría de esas tradiciones absurdas son una traición a Cristo y al cristianismo.

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  9. Puedo decir que tuve el privilegio que fuese mi profesor en Argentina... Que gran respuesta. Dios lo siga bendiciendo

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  10. Como Deus é tremendo! Confirmou, simplesmente, algo em que eu já acreditava

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  11. PAF! PUM! CRASH! HADOOOUKEN! Me encanta este blog

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  12. Desde que conocí al pastor Miguel Ángel eh comprendido un poco más la gracia y el amor de Dios así que he descansado de tanta carga emocional y soy más feliz

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    1. Soy feliz de saber que has aliviado esa carga y que seas feliz... en Cristo y su gracia todo es posible.

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  13. Me uno al comentario de Nancy, la mayoria de los pastores me molestan, porque son políticamente correctos, dicen lo que dicen, siempre pensando en los "jefes"... El único que conozco que dice lo que dice apegado estrictamente a la verdad es el Dr. Núñez, tuve el privilegio de ser su alumno... con los años, me llena de nostalgia saber que no aproveché mejor sus clases.

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    1. He tenido tantos Robertos de alumnos que me he devanado la cabeza pensando en qué Roberto sería... Un abrazo.

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  14. La respuesta me llena de paz y de alegría, pero al mismo tiempo montó en cólera y bronca al saber que en muchas iglesias enseñan tantas cosas equivocadas que no se dónde está el sentido común. Me encantaría invitarlo a mi iglesia, pero, sería peligroso... con estos planteamientos, capaz que lo apedrean, ja ja ja

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    1. No te preocupes... ya he sobrevivido a varios linchamientos, públicos y privados...

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  15. Muchas veces decidimos ser obedientes a las tradiciones humanas, sin siquiera cuestionarlas. Olvidando que Dios nos hizo seres pensantes, y podemos causar dolor exigiendo la tradición por el peso de la mirada del otro.

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    1. Tradiciones que terminan siendo traición a la fe cristiana.

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  16. Muy buena respuesta! Me ilustró mucho y me divertí con la franqueza de Miguel Ángel Núñez

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  17. Totalmente de acuerdo con cada frase. Es triste el estrés y angustias que pasan millones de jóvenes por las costumbres que vienen de antes y no se cuestionan de dónde salen... especialmente en las bodas!!

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    1. Y esas angustias dejan marcas que duran muchos años.

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  18. Tremendo home run se a dado pastor, muchas gracias por tanta ayuda, Dios le bendiga siempre..abrazos.

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