Duelo, noviazgo y acoso

PREGUNTA

"He leído lo que escribe en sus blogs y me atrevo a escribirle porque estoy muy afligida. Hace tres años murió el hombre de mi vida, el novio que tuve desde la adolescencia. Soñábamos con formar un hogar, tener hijos y construir un matrimonio, pero todo se vino abajo. Él enfermó y murió de una manera muy dolorosa. Todos los días pienso en él y no puedo dejar el dolor que siento. Pero ahora, el problema es la iglesia y mi familia. Sé que los hermanos tienen buenas intenciones pero no dejan de molestarme, me presentan gente, me hablan que debo dejar de tener pena, que debo construir mi vida. Incluso más de alguna hermana me ha dicho que con mi actitud arrojo sombras a otras personas y los hago desconfiar de la fe, y conste que no ando llorando ni ando dando lástima, sólo que no quiero conocer a nadie. Ya no me dan ganas de participar en las actividades de la iglesia, no falta quien me quiere presentar a alguien o me dice que tengo que olvidar. ¿Cómo puedo olvidar? En casa la situación no es menos fácil, mi madre ha pasado de las insinuaciones a enojarse, ya me molesta abiertamente que tengo que dejar de pensar en él, que me voy a quedar para vestir santos. Mi único momento de paz es cuando voy a la universidad y me meto en mis estudios y me olvido. No sé qué va a pasar conmigo, no me imagino unida a otra persona. Además, mi mamá ha comenzado a decirme que soy una egoísta, que no pienso en ella, que ella ha soñado con tener nietos, y así como están las cosas, yo no seré esposa de nadie, etc. ¿Qué hago? Ya no quiero ir a la iglesia y de mi casa no me puedo ir".





RESPUESTA


Querida amiga:

Coincidentemente el primer post que hice para este blog fue similar a lo que planteas, aunque con otros ribetes (La muerte de una novia), léelo. Ahora bien...

En primer lugar, quisiera decirte que tienes todo el derecho del mundo a vivir tu duelo como te plazca. A nadie le corresponde decirte cómo debes vivir lo que sólo tu estás experimentando. Si haz podido continuar tu vida estudiando, es señal que vas a salir adelante. Cómo vivas el resto de tu vida es tu decisión y de nadie más, ni Dios se mete, menos deberían hacerlo tus hermanos y tu madre.

Duelo y cristianismo

No sé en que mente ignorante ha surgido la idea que tener dolor por la muerte de un ser amado es negar la fe. Al leer la Biblia con cuidado uno observa en muchas ocasiones el dolor por los seres amados. La muerte es un acontecimiento cruel. La despedida de alguien que se ama no sólo es triste, es un Tsunami en la vida de cualquiera. Pretender que alguien se mantenga incólume, sin llorar, ni lamentar lo que vive, es simplemente inhumano. No les hagas caso. Vive el proceso, de la mejor manera, si la angustia no es manejable, busca ayuda de algún orientador o psicólogo cristiano para que te de herramientas para manejar tus emociones, pero no te desanimes. Llorar no es pecado, al contrario, los que no viven sus emociones con la intensidad que corresponde se terminan enfermando. Sólo cuida que tu dolor no te empañe la vida.

Cuando murió mi hermano menor, mi regalón, mi hermano del alma, mi amigo, cometí el error de no hacer duelo. Era en ese momento el pastor de la familia (mi hermano, pastor bautista, aún no lo era), así que me hice el fuerte para ser el sostén de toda la familia, empezando por mi madre. No lloré en público, aunque me partía el alma, me refugié en mis escritos, en la música y en largos paseos a orilla del mar pateando piedras y peleando con Dios.  Sin embargo, seis meses después hice una depresión profunda, tuve que consultar a un psiquiatra y estuve dos meses sin trabajar. La no expresión del dolor, simplemente, enferma. No cometas el error que yo cometí. Si estás triste llora. Si te enojas con Dios grítale si quieres, él comprende mejor que nadie, pero no te encierres en tu dolor.

Lee algunos de los libros que a mi me ayudaron mucho en ese momento:
  • La muerte y el morir, de la psiquiatra suiza Elizabeth Kubler-Ross.
  • Cuando le pasan cosas malas a la gente buena, del rabino judío Harold Kushner, y 
  • El don del dolor, del escritor y periodista de la revista Christianity Today, Philip Yancey.
Proyecto de vida

En otro artículo he escrito sobre el proyecto de vida (Pareja y proyecto de vida). Una de las premisas básicas es que es tú proyecto y de nadie más.

El proyecto de vida nunca es ni debería ser impuesto o presionado por otra persona. Es absolutamente individual. Obedece a tus propias inclinaciones, sueños y expectativas. Por lo tanto, la que está actuando de manera egoísta y falta de sentido común es, lamentablemente tú madre. Ella no tiene derecho a manipularte de la manera en que lo está haciendo. Así que habla con ella, directamente, sin rodeos, si no te escucha escríbele una carta, dos si son necesarias o una diaria si la viejita es porfiada (como muchas madres que conozco).

Otra característica del proyecto de vida es que no es inflexible, se puede cambiar cuando uno quiera, al final de cuentas, es nuestra vida y tenemos derecho a vivirla como queramos, ni Dios se mete. Si en algún momento quisiste tener familia y esposo, nada impide que puedas optar por otra situación. Es tú vida, así que no sientas culpa por eso.

Debes sanar emocionalmente, y eso lleva tiempo. Mientras más intensa ha sido una relación y mientras más expectativas existan, más difícil es seguir adelante, pero eso no significa que sea imposible.

No te cierres a la posibilidad de encontrar a otro compañero de viaje, pero hazlo sin presión. El amor no acepta presiones de ningún tipo, así que no permitas que eso ocurra.

El papel de la iglesia

Lamentablemente muchos hermanos de iglesia pecan de entrometidos. Sigue el principio bíblico establecido en Mateo 18 y habla con tus hermanos. Si es preciso, uno por uno, y diles que la corten, en buen americanismo: ¡Que se dejen de hinchar! Pero dilo con cariño, porque tú les interesas, porque si no fuera así, serían indiferentes y no te dirían nada. Así que son tus hermanos. Es preferible tener hermanos molestosos porque nos aman, a tener hermanos indiferentes que les da lo mismo lo que te pase. Si nadie te dijera nada, estarías llorando por su indiferencia.

La iglesia tiene la responsabilidad de consolar, apoyar, abrazar, estar presente... pero en ningún caso, tiene el derecho a presionar, manipular ni enojarse si alguien decide vivir de una manera diferente a cómo cree la mayoría. Los proyecto de vida individuales no son democráticos ni por votación popular, son un asunto privado, donde ni Dios interviene.

Una iglesia sabia está presente, pero no asfixia. Simplemente, acompaña al doliente, para que la angustia no lo hunda, pero no le pone lastre a las espaldas del doliente.

Tú decisión

Si te quieres quedar soltera, es tú decisión.
Si quieres esperar a que pase el dolor y ver qué pasará después, es tú decisión.
Si no quieres ni lo uno ni lo otro, porque no ves nada en el horizonte, es tú decisión.
Si permites que la actitud de tus hermanos, condicionen tu vida, también es tú decisión.

Si quieres alejarte de la iglesia, puedes perder algo más que la tranquilidad que piensas lograr. Tus hermanos de iglesia te molestan por desubicados, no por mal intencionados, así que ubícalos. Eres inteligente, tu carta demuestra que tienes capacidad para hablar, entonces, habla. No te quedes callada. Irte a otro lugar no solucionará el problema de fondo. Además, enfrentar a los hermanos bien intencionados, pero mal enfocados, te ayudará a crecer y madurar.

En relación a tu familia, es la misma cosa. Tú decides qué quieres que te afecte.

Sin embargo, si la situación se torna intolerable, busca otra congregación para adorar. El congregarse es una necesidad vital, debes estar donde te sientas en familia, sin embargo, eso no evitará que en otro lugar venga algún desubicado a decirte lo mismo. En ese caso, yo prefiero un hermano molestoso conocido que otro por conocer.

En el caso de tu familia es lo mismo. Si te resulta difícil, vive en otro lado, busca alguna pensión, o un lugar donde vivir, pero, no te olvides que tu madre no es mal intencionada. Ella también tiene que aprender y en ese caso, igual que en el anterior, prefiero mil veces a una madre que se entromete a una que es indiferente. Pero, tú eliges.

Conclusión


Nunca dejarás de sentir pena. Mi hermano murió hace quince años y aún siento nostalgia por él. Comencé a escribir un libro sobre su vida y lo que vivió, y me cuesta continuarlo, aunque de cuando en cuando avanzo. Somos humanos, no robots.

Que Dios te ilumine y espero que puedas construir la vida que desees para que seas feliz.

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Tal como en las otras respuestas, publicamos la misma con autorización de la persona involucrada. Sin embargo, quienes nos preguntan a través de nuestro blog, asumen la autorización explícita para publicar la respuesta en el mismo sitio. 


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 

No se permite la publicación de este material sin la previa autorización del autor.

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