Celos, patología y estabilidad

PREGUNTA

“Llevo quince años de matrimonio en todo este tiempo he procurado no sólo ser fiel, sino además no dar motivos de ningún tipo, pero mi esposa tiene celos enfermizos. Si me demoro quince minutos más de lo que debería de mi trabajo me hace unas escenas insoportables. No puedo salir solo, tengo que ir con ella a todas partes. Si alguna mujer por casualidad me mira en el supermercado ella está allí para recriminarme y maltratarme. No sé qué hacer, ya no aguanto más”.



RESPUESTA

Amigo:

En tu caso yo también no aguantaría, no sé cómo has soportado quince años sin hacer nada. Eso no es vida, estás en la cárcel y encadenado a cadena perpetua, si no haces algo van a tirar la llave de la celda y te quedarás allí rumiando amarguras el resto de tu vida.

La patología de los celos

No importa con el color que se los pinte, los celos son una patología de la personalidad y en el caso de tu esposa con rasgos paranoicos. Ella necesita con urgencia un psiquiatra, es candidata a hacer una estupidez.

Lamentablemente, como muchas falencias de la personalidad, cuando no se tratan a tiempo, el cuadro va empeorando hasta hacerse insoportable.

Celos versus amor

Celos y amor no van juntos. Es lamentable, pero con la mentalidad de telenovela que muchos tienen, donde sus mentes están infectadas de conceptos erróneos acerca de una relación afectiva sana, se supone que amor y celos van unidos, como si tener celos fuera una característica de quien ama. Eso es falso, y sólo demuestra una inmensa distorsión del amor.

El amor se sustenta en la confianza. El amor “todo lo cree” dice la Escritura, y tiene razón. Cuando no hay confianza, simplemente no hay amor. El amor real, el que vive al alero de la sanidad mental, fomenta un trato acorde y eso implica confiar.

Cuando se pierde la confianza, entonces se enturbia la relación, y en algunos casos irremediablemente.

Celos, autoestima y narcisimo

En general, los celosos tienen dos patologías de la personalidad asociadas, y de algún modo, aunque extremas, presentan características molestas.

Por un lado, problemas de autoestima. Una persona celosa tiene baja autoestima y por eso se torna en insegura y constantemente genera ideas de pérdida y abandono, vinculadas a la pobre visión que tiene de sí misma.

La solución no pasa por seguirle el juego, que en muchos casos, sólo refuerza su concepto distorsionado, sino que debe buscar ayuda para someterse a una terapia donde se le ayude a reinterpretar sus incidentes pasados que lo llevaron a esa actitud.

Lo contrario, a la manera de la ley pendular, es el narcisismo. Personas que están en el otro extremo. Es tan alto el valor que se auto asignan que llegan a creer que son el centro del universo.

En ese caso, quienes interactúan con esas personas se convierten en esclavos al servicio de sus ideas distorsionadas. En su afán de retroalimentación de su narcisismo los otros se convierten en un séquito que debe estar a su servicio como lacayos sin voz, ni voto. En el caso de un esposo, un perro faldero que debe estar a su servicio incondicional.

El amor no es cárcel

El amor no tiene nada que ver con la esclavitud afectiva. Al contrario, quienes aman deben tener sus propios espacios e intereses. Por lo que veo, en tú caso, no tienes vida independiente y eso te convierte en esclavo. De no hacer algo pronto, radical y dramático, esto ser tornará en asfixiante, tal como ya está ocurriendo.

No es transable, ella debe consultar a un psiquiatra especializado en desórdenes de la personalidad. Ponla entre la espada y la pared y dale un ultimátum. Lo más probable es que dirá que ella no lo necesita, procurará manipularte e incluso puede amenazar con matarse, o algo por el estilo, pero no cedas, sin ayuda psiquiátrica no puedes seguir y ella está expuesta a hacer algo que podría evitarse.

Responsabilidad

Lo que tú vives es una advertencia a los celos de jóvenes y señoritas inmaduros e ilusos que confunden celos con amor.

Lo más probable es que ella siempre fue así, pero, tu no entendiste la gravedad del asunto y te casaste con la ingenuidad de creer que luego sería distinto, en eso tenías razón y no te equivocaste, fue peor, como siempre sucede.

Como eres responsable de haberla elegido con esa conducta malsana tú también necesitas ayuda de algún consejero o especialista que te ayude a descubrir cómo y por qué te has dejado manipular durante tantos años, algo hay en tu personalidad que te ha llevado a esta situación sin tener las agallas para mandarla a la punta del cerro o presionarla para que pida ayuda.

Divorcio y enfermedad psiquiátrica

Muchos esgrimen la idea del texto bíblico: “Lo que Dios juntó no lo separe el hombre”, partiendo de la premisa falsa de que Dios ha unido a todas las parejas, sin admitir que a muchas las ha unido la presunción, la tozudez, el orgullo, la vanidad, la locura temporal y cuánta otra distorsión se te pueda ocurrir. Otros sostienen equivocadamente que la ceremonia matrimonial es un sello divino indestructible, sin estar dispuestos a enfrentar el hecho que muchos simplemente realizan bodas por tradición, por compromiso social, por presión de las familias, por hedonismo, y por muchas razones que algunos no estarían dispuestos a admitir ni aunque les apretaran el cuello. En ambos casos, existen otras posibilidades, que de no ser planteadas nos hacen vivir en el autoengaño y en situaciones mentirosas. Las tradiciones, sin base lógica ni bíblica, deben ser enfrentadas, o producen más problemas que soluciones.

El matrimonio es un pacto, para que se mantenga en el tiempo es necesario que ambos hagan su parte. El problema se presenta cuando se está ante situaciones de personas con patologías psiquiátricas.

Las enfermedades mentales, que tienen un amplio espectro, tienen el potencial de dañar no sólo a quienes las padecen sino a todo el núcleo familiar, empezando por cónyuges e hijos.

En ese caso, es preciso tomar resguardos para no ser afectados de tal modo de ver comprometida tu estabilidad emocional y mental.

En muchas legislaciones mundiales se permite el divorcio ante casos de patologías psiquiátricas graves. Se ha entendido desde hace mucho que dichas personas no están en condiciones de vivir una relación normal y no se puede obligar a la otra parte a vivir dicha situación.

Desde la perspectiva bíblica, eso no autoriza en ningún caso, al cónyuge sano a volver a casarse, pero al menos, podrá proteger su estabilidad mental.

Cualquier paso que des será difícil. De un modo u otro representará un esfuerzo enorme, sin embargo, la inacción no es una opción que pueda ayudar, eso podría terminar por destruirte.

No espiritualizar

Tal como hemos dicho en más de una oportunidad, espiritualizar en estas situaciones es peor. Creer que orando, y sólo orando, encontraremos solución es una forma sutil de autoengaño.

Ora para pedir fortaleza, fuerza moral, estabilidad y discernimiento para tomar la mejor decisión, pero no te quedes sólo en eso. Aunque dios tiene poder, su poder está limitado a las decisiones humanas. Dios no fuerza ni manipula, nunca, hacerlo sería romper la cadena de justicia y la ética que mueve las acciones divinas.

Conclusión

Buscar ayuda para tu esposa y para ti es una prioridad. Si tienen hijos, para ellos también, si no se hace nada será peor a la larga.

Confío en que alguna vez me escribas para contarme que están en terapia o que te has alejado para no ser destruido.


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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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