La sexualidad bajo sospecha

PREGUNTA

“Que es licito en la relación de pareja o que está permitido en la relación sexual. Disculpe la pregunta pero ahora esta tan pervertido todo que sería bueno una orientación. Muchas gracias que Dios le bendiga”.




RESPUESTA

Apreciada amiga:

Te agradezco la pregunta, supongo que muchos en ocasiones se preguntan lo mismo. No es sencillo responder, porque la sexualidad tiene tantos matices y perspectivas, que resumir todo en una sola respuesta puede ser una tarea titánica.

Para empezar, desde siempre han existido personas que han procurado normar la vida sexual, especialmente la ajena. Existe una especie de voyerismo mental de muchas personas que viven pensando en saber lo que sucede bajo las sábanas del lecho ajeno. Hay que tener cuidado, para no caer en normar lo que es un don para ser vivido en libertad.

Una historia de desaciertos

La historia de la sexualidad está teñida de una gran cantidad de desaciertos, que en general, han ido de un polo a otro polo, de un extremo a otro. Desde las bacanales griegas representadas por el dios Dionisio hasta la búsqueda de control total propio del estoicismo romano. Siempre ha sido así, y no creo que alguna vez cambie este ir desde un límite a otro.

En la Edad Media, con la introducción de un cristianismo que se pervirtió en todos los aspectos, con su despotismo religioso y su afán de control de la conciencia ajena, se introdujeron algunas de las grandes herejías que perduran hasta hoy y que han afectado notablemente la perspectiva de toda la realidad, especialmente de la sexualidad.

Agustín de Hipona, uno de los escritores cristianos más influyentes de la cristiandad después de Pablo, era un ex – soldado que tuvo una vida desenfrenada, especialmente en el ámbito sexual, eso está contado en primera persona en su libro Confesiones, donde narra su conversión y también los problemas personales que tenía. En su afán por buscar expiar su conciencia por todo lo que había hecho se convirtió en una especie de asceta que buscó controlar todos los impulsos que lo aterrorizaban, en especial sus deseos sexuales.

Agustín interpretó el cristianismo a partir de su visión maniquea de la existencia, corriente de pensamiento a la que pertenecía antes de hacerse cristiano (es decir, concebir la existencia como una lucha entre dos fuerzas igual de poderosas, el bien y el mal). Tomando esa idea de fondo, optó por una cosmovisión dualista, heredado de los griegos. En la práctica sugirió que todo lo relativo al cuerpo debía ser rechazado. Se convirtió en un individuo que renegaba de su cuerpo y de sus deseos corporales, incluyendo la comida, lo sensual y sin duda, lo sexual.

Desde esa línea de pensamiento sugirió, entre otras cosas, que el pecado de Adán y Eva consistió en que tuvieron relaciones sexuales, en su concepción errónea, el ser humano no podía no pecar si quería cumplir el mandato bíblico de procrear. La sexualidad se puso en duda como una acción que de algún modo estaba prohibida o al menos, tenía un carácter sospechoso. Lo que no admitió nunca es que sus propios problemas sexuales se convirtieron en una obsesión dentro de su teología.

Como consecuencia del pensamiento de Agustín de Hipona la sexualidad fue circunscrita exclusivamente a la procreación, y se consideró que buscar la sexualidad sólo por placer era una negación de su propósito esencial.

Por esa misma razón se introdujo el celibato entre el clero, pensando que sólo la abstinencia sexual podía hacer a una persona más santa y digna para dedicarse sólo a la tarea monacal y sacerdotal, concepto que evidentemente no está en la Biblia y que es fruto sólo de la tradición.

Este pensamiento de dudar de la sexualidad, con diversos matices perduró por siglos, incluso hasta el siglo XX. Diversos autores cristianos no hicieron más que repetir dichos conceptos y aumentarlos con diversas teorías y argumentos que no hicieron más que traer confusión, represión y desarrollar de paso una serie de disfunciones sexuales asociadas a la culpa y la distorsión de la que fue fruto la experiencia sexual. Un buen análisis de esta historia en todos sus detalles se encuentra en el libro de Uta Ranke-Heinemann, Eunucos por el reino de los cielos.

La negación del placer

Una de las primeras víctimas de este pensamiento represor de la sexualidad fue la negación del placer como un componente esencial de la sexualidad. Se concibió el placer mismo como una muestra de pecaminosidad, por eso hasta el día de hoy, hay personas que se refieren a la sexualidad en términos despectivos o de rechazo, porque en sus mentes “placer” y “rectitud” no van juntas.

Sin embargo, la Biblia presenta claramente que la sexualidad está asociada al gozo (Proverbios 5:18) y al placer (Cantares 1:2). Reprimir la sexualidad, es simplemente, un sin sentido, que no tiene lógica.

La sexualidad fue creada por Dios no sólo para la procreación, como enseñaron los escritores medievales (los de antes y los de ahora), sino para gozar plenamente de su sensualidad.

El libro de Cantares está lleno de imágenes de sensualidad y erotismo, que lamentablemente están cubiertas de un manto de traducciones que han escondido el verdadero sentido del placer sexual.

La base de la vida sexual

Hemos dado este aparente rodeo, para contestar derechamente, que la base de la relación sexual de una pareja es el respeto, la dignidad y la libre expresión de los afectos.

El respeto, porque no se puede amar sexualmente sin respetar a la persona con la que nos relacionamos. A menudo algunos olvidan que cuando se vive la vida sexual, no se unen dos cuerpos, sino dos personas. Que sienten, piensan, y son dignas. La vida sexual debe vivirse con respeto, eso implica, que ambos deben sentirse plenos. Nadie debería ser obligado a hacer algo que lo haga sentir inferior o degradado. Ese principio, debería ser vivido y respetado por cualquier persona que entiende que la vida sexual es en primer lugar, una forma de comunicación.

La dignidad nunca debería ser lesionada por presiones sexuales que no tienen que ver con la esencia del ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza. Este segundo principio implica que la dignidad de la persona debe ser respetada siempre. Si alguien, en contra de su voluntad, es obligada a hacer algo que maltrate su dignidad, no tiene lugar en la vida sexual de la pareja.

La libre expresión de los afectos es básica. Una relación de dos personas que son libres, se caracterizará por el respeto, la dignidad y sobre todo, por considerar que es una expresión libre, nunca forzada, ni teñida con expresiones que nada tienen que ver con la esclavitud sexual o el sometimiento a la fuerza.

Si estos tres principios son considerados: Respeto, dignidad y libertad, entonces, la sexualidad se desarrollará de manera adecuada.

Una pareja puede sentirse libre de expresar su sexualidad como lo desee, siempre que ambos se sientan respetados, dignos y libres. De otro modo, la relación sexual será algo muy distinto al plan divino.

Dar recetas sexuales a menudo lo único que hace es confundir el sentido de la sexualidad. Hace que se olviden que la sexualidad para vivirse de manera equilibrada precisa de dos personas que no sólo estén de acuerdo, por eso se llama consentimiento, sino que además, logren entender que al prodigarse caricias y expresiones sexuales, lo hacen bajo el amparo de un compromiso de amor, nunca como expresión única de liberación sensual.

Conclusión

Debemos quitarle a la sexualidad ese manto de sospecha. La vida sexual vivida en el matrimonio y bajo el amparo de un compromiso mutuo, no tiene nada de malo, al contrario, es una expresión sana de dos personas que se prodigan mutuamente sensualidad, en un plano de intimidad donde no hay lugar para nadie más.

Privarse de placer y reprimir la vida sexual, no sólo es dañino, también pervierte el verdadero sentido de esta expresión divina que vivida de manera equilibrada y respetando los tres principios que hemos señalado, puede convertirse en una bendición plena para el ser humano.


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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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