Anillo de bodas

PREGUNTA

“¿Por qué en la iglesia no se permite a los novios ponerse los anillos en la iglesia y hacemos igualmente una ceremonia aparte en la fiesta o en la casa para el compromiso? ¿No es lo mismo? ¿Es esto cultural? o ¿es porque es tradición católica? porque si es por tradición del catolicismo no podríamos utilizar la iglesia para casarnos”.

RESPUESTA 

Apreciada amiga:

Para muchas congregaciones, el asunto del anillo de bodas en particular y las joyas en general, se ha convertido en un asunto de norma de fe, aun cuando en la Biblia no tiene ese carácter. Muchos parecen olvidar que las mujeres israelitas siempre usaron adornos externos, el consejo de Pablo fue dado en el contexto de la ostentación, propia de su época.

Muchas de las denominaciones protestantes y evangélicas que proliferan en el mundo latinoamericano, originalmente vinieron de EE.UU., desde donde se impusieron como normas costumbres propias del siglo XIX.

Metodistas, bautistas, episcopales, anglicanos y otras denominaciones históricas, tenían alguna posición respecto a las joyas y, evidentemente, sobre el uso del anillo. No obstante, con el paso del tiempo, los criterios fueron cambiando y paulatinamente se dieron matices y reformas en muchas denominaciones, sin embargo, en el mundo latino, el asunto ha tomado un cariz distinto, generalmente asociado al conservadurismo propio del latino y también a la influencia cultural del catolicismo.

En el siglo XIX muchas congregaciones norteamericanas históricas (bautistas, metodistas, y otros) consideraban un pecado utilizar oro como adorno, sin embargo, no lo convirtieron en norma de fe, al contrario, realizaban una labor de persuasión amorosa hacia quienes utilizaban “oro” (que era la forma en que se referían al tema), sin embargo, con el tiempo dejó de ser una preocupación, se privilegiaron otras cosas y la práctica de usar oro y otros adornos, no se consideró más algo pecaminoso, excepto, en comunidades latinoamericanas que siguieron con una visión más restrictiva del asunto, en esto destacan las comunidades pentecostales y adventistas.

¿Por qué se produjo el cambio en las Iglesias norteamericanas respecto al uso de oro como adorno? La razón fundamental fue la oleada de inmigrantes, principalmente provenientes de Europa, donde era común utilizar joyas y se consideraba una obligación cultural el utilizar anillo de bodas. Eso hizo que muchas denominaciones protestantes y evangélicas de EE.UU. flexibilizaran su posición, no así, las recientes formadas iglesias en Latinoamérica, que veían en el uso de joyas una práctica pecaminosa y en el anillo de bodas un resabio de prácticas paganas.

La iglesia adventista y su concepción de las joyas

La iglesia adventista, que había sido formada a partir de múltiples denominaciones, enfrentó el mismo dilema. Una gran cantidad de los miembros originales del movimiento adventista provenían de la iglesia metodista, incluyendo algunos de sus pioneros más influyentes, como Elena de White, no es extraño que trajeran con ellos su resistencia a las joyas y al anillo de bodas, porque en sus iglesias de origen esa era la tónica.

Los pioneros adventistas, creían que las joyas y el uso de “oro” era una forma ostentosa de vivir. Esto es comprensible en una época donde las joyas verdaderamente eran un gasto excesivo para cualquier persona común y representaba una inversión de una gran cantidad de dinero.

Se aferraron al pensamiento de 1 Timoteo 2:9-10, y lo hicieron una norma, aun cuando el contexto de Pablo es otro. Invitaron a un vestir sencillo y desprovisto de oro. En ese contexto deben entenderse las palabras de E. G. de White escritas en 1881 donde señala que:

“Ese anillo que rodea su dedo puede ser sencillo, pero inútil, y su uso tiene una mala influencia sobre los demás".[1]
Sin embargo, dicha explicación o reacción tiene como contexto lo que sucedía en ese momento en EE.UU. donde entre los grupos cristianos se consideraba que todo “oro” era un adorno que debía ser quitado. Hasta ese momento, el uso de anillos de bodas en las ceremonias nupciales era considerado una opción y no una obligación.

Para una mente pragmática como la de E. G. de White, era “inútil” tener un anillo (no se está refiriendo aquí al de bodas, sino al anillo en términos genéricos), porque era un gasto innecesario.

No se observa en E. G. de White, respecto a los anillos y las joyas una actitud pontifical o condenatoria, sino pragmática. Fiel a la influencia metodista que tenía su posición era que los cristianos debían vestirse “de una manera tan modesta y apropiada” para que fueran recibidos en cualquier lugar.
“Las joyas y los vestidos costosos no nos darán influencia. Pero el ornamento de un espíritu manso y pacífico ­resultado de la devoción al servicio de Cristo­ nos dará poder con Dios”.[2] 
Con lo cual tiene razón, pero no fluye en ella una actitud condenatoria, sino pragmática, lo que es la tónica de E. G. de White, distinto al uso que hacen algunos que leen sus escritos.

Ella hace llamados a utilizar el dinero que se usa en joyas en obras de bien, y tiene razón, en su contexto el costo de las joyas era oneroso y un gasto no sólo excesivo, sino además fuera de lugar en una realidad donde habían muchas necesidades. No estoy seguro que el mismo argumento sería válido en la actualidad en todos los lugares.

Elena G. de White y el uso del anillo de bodas

Es extraño lo que sucede en la mente de muchos adventistas, creen que el tema del anillo de bodas es fundamental y vital en el pensamiento de E. G. de White, pero eso es falso, no es así. Ella escribió más de cien mil páginas y sólo tiene una sola declaración explícita sobre el tema. Eso es muy decidor, no era un tema que le quitaba el sueño y no le daba la importancia que algunos de sus lectores, equivocadamente le dan. UNA CITA entre 100.000 páginas es indicador de que darle la importancia que algunos le dan es, simplemente, excesivo. Si la autora no lo hizo, el que sus lectores lo hagan es buscar una aguja en el pajar, y luego, creer que tiene más importancia que el granero.

La declaración tampoco fue pública, otro elemento importante a la hora de tratar este tema. Si lo escribió en una carta y NUNCA LO PUSO EN UNO DE SUS LIBROS, es otra señal de que no le daba al tema la importancia que algunos le dan. Mucho tiempo después, el contenido parcial de esa carta escrita en 1892, en Melbourne, Australia, fue publicado en 1923. Pensemos en fechas: E. G. de White comenzó a publicar en 1844, 48 años después hace una declaración sobre el anillo de bodas en UNA CARTA y recién en 1923 se hace pública, es decir 31 años después de su declaración privada, implica que entre 1892 y 1931 algo cambió en la mente de quienes decidieron publicar esa sección de una carta y convertir algo que era una opinión personal escrita en una carta privada, en algo normativo para la iglesia. Demoraron 79 años en publicar algo sobre el anillo de bodas, si es tan importante como algunos suponen, ¿por qué tardaron tanto en hacer pública una declaración sobre el anillo de bodas?

Ahora, la declaración de 1892 tiene un contexto. Ella estaba en Australia, donde en ese año había 376 adventistas (1889, General Conference Bulletin, 47-50), como es obvio, habían muchas necesidades, por lo tanto, era preciso buscar recursos de todos los lugares posibles. Comprar una argolla de matrimonio, evidentemente, aparecía como un exceso en un contexto de tanta necesidad, no tener esto en cuenta, es hacerle un flaco favor a su pensamiento.

Otro elemento que ayuda a comprender esto es que la cultura australiana consideraba como OBLIGATORIO el uso de la argolla de matrimonio, se suponía que alguien que no lo usaba estaba renegando de su matrimonio, sin embargo, la carta que E. G. de White dirige a los misioneros norteamericanos y no a todos, tiene el objetivo de animarlos a no gastar el inmenso costo de esas argollas y defender el hecho de que en EE.UU. en esa época no era un asunto obligatorio.

La declaración en cuestión dice:
"Algunos han sentido una preocupación con respecto al empleo del anillo de matrimonio, pues creían que las esposas de nuestros ministros debían conformarse a esta costumbre. Todo esto es innecesario. Tengan las esposas de los pastores el anillo de oro que une sus almas a Cristo Jesús, un carácter puro y santo, el verdadero amor, la mansedumbre y la bondad que son el fruto que lleva el árbol cristiano, y su influencia será segura por doquier. El hecho de que la falta de consideración hacia la costumbre determina observaciones no es una razón buena para adoptarla. Los norteamericanos pueden dar a entender su posición declarando sencillamente que la costumbre no se considera como obligatoria en nuestro país. No necesitamos usar la señal, porque no somos infieles a nuestro voto matrimonial, y el uso del anillo no sería ninguna evidencia de que somos fieles. Tengo una profunda convicción sobre este proceso de fermentación que parece estar en marcha entre nosotros, para inducirnos a conformarnos a la costumbre y a la moda. Ni un solo centavo debiera gastarse en un anillo de oro para testificar que estamos casados".[3] 
Algunos elementos que hay que tener en cuenta:

1. La cita está dirigida a los misioneros norteamericanos que estaban en ese momento en Australia y que se veían presionados a tener anillo por una cuestión cultural, eso implica, que ella no lo pensó como una norma para todo el mundo.

2. En EE.UU. no era un asunto obligatorio en esa fecha, por lo tanto, no se veía mal que los esposos o esposas no usaran anillo.

3. Ella considera, lo que es una idea correcta, que el anillo no es una prueba de fidelidad.

4. Eran tantas las necesidades, que gastar dinero en un anillo aparecía como algo inútil.

5. Por último, ella veía la posibilidad de que el uso del anillo sirviera de fermentación, entre los misioneros norteamericanos, de conformidad a la moda y la costumbre. Esto último es el único argumento que me parece digno de considerar para nuestro contexto actual.

Pero lo más importante de la cita, que la mayoría de las personas que exige el uso de no anillo y hace de esto un asunto de discipulado y normativo, es la segunda parte de la cita, que lamentablemente, como suele hacerse se cita en muy contadas ocasiones, siguiendo la maldición del texto prueba, es decir, buscar una frase o algo que avale mi propio pensamiento, algo que también suele hacerse con la Biblia. A continuación de lo que ha dicho antes ella señala:
“En países donde la costumbre es imperativa, no tenemos ninguna preocupación por condenar a aquellos que tienen su anillo matrimonial; úsenlo si pueden hacerlo a conciencia; pero no sientan nuestros misioneros que el uso del anillo aumentará su influencia en un tilde o una jota. Si ellos son cristianos, esto se manifestará en la semejanza a Cristo que revelará su carácter, en sus palabras, en sus obras, en el hogar, en su relación con los demás.[4] 
Si se entiende bien lo que ella señala es simplemente que si hay algún lugar donde es costumbre no deberíamos condenar a quienes lo usan, en esto una vez más, muestra pragmatismo y no dogmatismo como muchos que usan esta cita.

Otro incidente que muestra su flexibilidad es un incidente que ocurrió en Europa, en Suiza, donde un predicador hizo una defensa en contra de todas las joyas, incluyendo el anillo de bodas. Considerando que eso era una costumbre muy arraigada en Europa, provocó mucha controversia. Estaba presente su hijo W. C. White quien consultó a su madre la que respondió:
“Ella [Elena G. de White] dijo que donde se demandaba el uso del anillo de bodas por costumbre como asunto de fidelidad, nuestros predicadores no deben presionar el asunto de ponerlo aparte" (W. C. White, carta a D.C. Babcock, 6 de agosto de 1913, 1). 
Nuevamente, impera el sentido común, para evitar situaciones lamentables.

Para concluir esta parte, E. G. de White, nunca imaginó que su consejo dado a un grupo de misioneros en Australia, en una carta privada, se convertiría en regla y en algunos casos en motivo de exclusión de la iglesia, algo totalmente ajeno a su pensamiento y a su actitud pragmática y conciliatoria.

Punto de vista oficial

El asunto se mantuvo allí sin mayor variación, hasta 1923 cuando fue publicada la cita por primera vez, es decir, 79 años después de que E. G. de White comenzara a escribir, lo que es muy sintomático. Hasta ese año era habitual que se usara el anillo en las ceremonias de bodas de las iglesias protestantes, incluida las congregaciones adventistas.

Sin embargo, en el año 1932 se agregó al Manual de Iglesia la declaración:

“Resolvemos. . . que nosotros vemos desagrado sobre la ceremonia de anillos, y sobre los ministros oficiando matrimonios de creyentes e incrédulos o con los que no son de nuestra fe".[5]
Esta declaración apareció en los manuales de iglesia hasta el año 1951.
En el manual de 1951 se volvió a agregar, pero por una cuestión de cambio cultural en los EE.UU. y producto exclusivamente de la Segunda Guerra Mundial donde se hizo popular el uso del anillo de bodas, especialmente para quienes partían a la guerra, como una muestra de lealtad, eso cambió el panorama, y algo que no era costumbre, poco a poco se volvió tal por efecto de un momento histórico particular. A eso reaccionaron muchos desde Norteamérica y apareció una declaración explícita sobre el anillo:

"En algunos países la costumbre de llevar el anillo matrimonial es considerada obligación, teniendo que llegar a ser, en las mentes de los demás, un criterio de virtud, y de que no es considerado como adorno. Bajo tales circunstancias no estamos en disposición de condenar tal práctica." (Esta declaración ha aparecido sin cambio de texto en todas las ediciones del manual de iglesia desde 1951 hasta 1990)

En 1986, dándose cuenta que era absurdo vetar el uso del anillo de bodas, en el Concilio Anual de la División Norteamericana se tomó el siguiente voto:
“Votamos en reconocer que, en armonía con la posición establecida en el Manual de Iglesia (pp.145-146), algunos miembros de la iglesia en la División Norteamericana como en otras partes del mundo sienten que el uso de un simple aro matrimonial es un símbolo de fidelidad al voto matrimonial, y declarar que tales personas debieran ser completamente aceptadas en el compañerismo y el servicio de la iglesia. " (Reunión de Fin de año de la División norteamericana de noviembre 5 al 11 del 1986). 
En el Manual de Iglesia de 2010 se lee:
“En algunos países, la costumbre de usar el anillo matrimonial es considerada como algo imperativo, y llegó a ser, en la mente de la gente, un criterio de virtud y, por lo tanto, no es considerado como un ornamento. En tales circunstancias, no sentimos que debamos condenar esta práctica”.[6] 
 Una vez más, vuelve el sentido común que se perdió por algunos años y se retoma el camino de E. G. de White, del pragmatismo.

Bodas en la iglesia

Respecto a la última parte de su pregunta, sobre bodas en la iglesia, creo que tiene toda la razón. Originalmente las bodas eran realizadas por los padres de los contrayentes, porque sellaban un vínculo familiar. Eso duró hasta bien entrada la Edad Media, sin embargo, poco a poco fue ganando terreno el concepto de “matrimonio sacramental” o del “matrimonio como sacramento”, una idea falsa, introducida al cristianismo de la mano de personas que tenían aversión a la vida sexual, y de algún modo buscaban restringir el matrimonio.

La idea del matrimonio como sacramento fue que el matrimonio confiere méritos de salvación, idea absurda que no tiene ningún fundamento bíblico.

Por decreto papal se les quitó el derecho a los padres de dirigir las bodas de sus hijos y se consideró que era un privilegio exclusivo de los sacerdotes. Nuevamente, no hay ningún registro bíblico que avale ese concepto, de que sólo un sacerdote o religioso pueda oficiar una boda o pedir una bendición sobre la misma, en este caso, la tradición se ha impuesto como norma.

Hasta el siglo XII, los matrimonios no eran oficiados por sacerdotes. Era un asunto netamente familiar. Ni siquiera se realizaban las bodas en la iglesia. La mayoría de las ceremonias matrimoniales eran oficiadas por los padres o por el varón más importante del clan, y se realizaban en el campo, o frente a las casas de los que iban a casarse.

Sin embargo, desde mediados del siglo XII entró en plena vigencia una ley eclesiástica conocida como “ley canónica”, y se introdujeron dos cambios cuyos efectos perduran hasta hoy; por una parte, la Iglesia Católica presionó para que las personas se casaran en presencia de un sacerdote, en una audiencia pública con testigos, y que la ceremonia tuviera lugar en el templo, más específicamente, a las puertas de las iglesias. Siglos después, las bodas comenzaron a ser realizadas en el interior del templo frente al altar.

Muchas personas creen que siempre las bodas se celebraron en un templo y que tuvieron un carácter netamente religioso, pero, históricamente eso no es correcto. Lamentablemente se le dio al matrimonio un sentido que no tiene y que no aparece en ninguna parte de la Biblia, y que derivó más tarde en el dogma del matrimonio como sacramento.

El argumento de que la boda debe ser celebrada únicamente en un templo porque allí está la presencia de Dios no tiene asidero lógico ni bíblico. ¿No está acaso Dios en todas partes? En particular, las mejores bodas que he dirigido y participado han sido en parques, en el contexto de una naturaleza que invita a la alegría y la paz.

Así que una vez más, como ha pasado en muchas ocasiones, la tradición pudo más que la Biblia. Hacer una defensa irrestricta de negarse a una ceremonia de anillos o por otro lado defender el aceptarla, en ambos casos, es cuestión de criterio cultural, pues aún el Manual de Iglesia está influenciado por un asunto de la cultura.

Conclusión

Recién a partir del siglo XIX, se instauró la moda de llevar el anillo de matrimonio en el cuarto dedo de la mano izquierda, porque supuestamente a ese dedo llega una vena directamente del corazón.

Por otra parte, se le dio un sentido a la forma circular del anillo, significando eternidad, continuidad y amor por siempre; en un círculo que supuestamente no debería acabar.

Creo que tener o no anillo, hacer o no ceremonia, es una cuestión netamente cultural, y no tiene mayor importancia que otras costumbres. Es, simplemente, un símbolo que se impuso.

A veces nos olvidamos de que estos símbolos no son más que eso: distintivos que no tienen más sentido que ese. Señalar un momento especial en la vida de dos personas.

Con anillo o sin este, las parejas deberían señalar con su vida y la forma en que actúan que han hecho un compromiso de por vida, que debería cambiar significativamente sus vidas.

Las ceremonias de compromiso, sean religiosas o civiles, lo único que hacen es ratificar decisiones que se han tomado antes. Hacen oficial lo que ya es un hecho: la decisión de dos personas de vivir el uno para el otro.

Es lamentable, que algo cultural, y donde E. G. de White asumió una postura totalmente pragmática se haya convertido en el tiempo en una norma impositiva y con carácter sacro.



[1] Elena G. de White, Testimonies for the Church (Mountain View, CA.: Pacific Press, 1948), 4:630.
[2] Elena G. de White, Mensajes selectos (Buenos Aires: ACES, 2000), 3: 284.
[3] Elena G. de White, Testimonios para los ministros (Buenos Aires: ACES, 1979), 180. La misma cita se encuentra en Joyas para los testimonios (Mountain View, CA.: Pacific Press, 1971), 1: 602.
[4] White, Testimonios para los ministros, 180.
[5] The General Conference of Seventh-day Adventist Church, Church Manual (Washington: Review and Herald, 19329, 175.
[6] Iglesia Adventista del Séptimo día, Manual de iglesia (Buenos Aires: ACES, 2010), 141.

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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
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11 comentarios:

  1. excelente comentario,miguel y muy clarificador. bendiciones.

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  2. Excelente! No sabia de este blog! Mil gracias x su trabajo!

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  3. Janice Silvana Masquimillan Peñailillo22 de abril de 2013, 6:42

    me encantó

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  4. Excelente la clarificación sobre este tema. Yo me pregunto. Por qué entonces los adventistas somos bastante estrictos en cuanto al matrimonio religioso en la iglesia llevada a cabo por un pastor si es una costumbre católica ? e inclusive para algunos el matrimonio civil no es nada si no se lleva a cabo el matrimonio religioso? inclusive alegan que no está bendecido por Dios una unión civil y por lo tanto la pareja está pecando de fornicación si duermen juntos antes del religioso ?

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  5. Gracias pastor, excelente artículo y su investigación.

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  6. Fernando M. Iquiza22 de abril de 2013, 6:45

    Pastor, hablando del Matrimonio, como se ve el matrimonio entre un Adventista y un(a) de otra religion?, como lo toma la iglesia? la oficia un pastor o no la permiten?

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  7. Intentaré en otro momento dar respuestas a algunas de las preguntas que me han formulado, es un tema con aristas, por lo que sostengo en el artículo. Se ha hecho de prácticas culturales una norma y lamentablemente, sin fundamento bíblico, en algún momento contestaré.

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  8. Quezada Moreno Rubens22 de abril de 2013, 6:47

    1 y dejara el hombre a su padre y su madre psicologicamente independiente , económicamente pudiente ninguna dependencia ni positiva ni negativa ya que ello es idolatría ,2 y se unirá a su mujer como se puede unir dos personas con diferente vicion de la existencia ,creencia o actividad 3 y serán una sola carne ,, una sola carne en dios una misma fe una misma comunión una misma creencia en estas condiciones hay bendición después de esto el matrimonio la luna de miel los hijos

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  9. Quezada Moreno Rubens22 de abril de 2013, 6:47

    habria que hacer un estudio para determinar el grado de error cometido a la hoja en que los consejeros aconsejaron contraer nupcias en la hermandad fuera de estas condiciones ya que las consecuencias la estamos lamentando

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  10. Quezada Moreno Rubens22 de abril de 2013, 6:48

    saludos y reconocimientos pastor por su dedicación a transmitir con fidelidad las enseñanzas dejadas por el creador

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  11. Excelente!! ...muchas gracias

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