Madre, no amiga


PREGUNTA 

“Tengo una hija de 13 años. Estoy angustiada, no sé en qué me equivoque, ella está muy rebelde, me contesta, me falta el respeto, igual a su papá. No quiere ir a la iglesia pero ahora encontró una amiga en la iglesia, una niña de su edad que va con su hermana y cuando llegan a la iglesia cada una se va por su lado. La niña es inquieta, le gusta estar molestando a los varones, no es reverente en la iglesia, no quiere obedecer a los diáconos, no se sienta, se levanta con el pretexto de ir al baño, y mi hija la sigue y también hace lo mismo que ella. Las otras madres de la iglesia no quieren que sus hijas se junten con la niña, pero yo no he podido lograr eso y siento que también a mi hija la miran mal. No sé cómo solucionar este problema pero también sé que esta niña inquieta no tiene el privilegio de tener padres cristianos y que la estén corrigiendo. Yo hablo con mi hija pero ella quiere hacer lo que quiere. Quisiera ayudar a esta niña pero no sé si estaré haciendo lo correcto. Quisiera hablar con su hermana mayor para corregirla y orar juntas, pero tengo temor porque tal vez no me deba entrometer y solo preocuparme por mi hija. ¿Qué es lo correcto? ¿Cómo debo actuar con amor cristiano?

RESPUESTA

Apreciada amiga:

Su hija a los 13 años es una niña, y por lo tanto, lo que necesita es tratamiento de niña y no de adolescente. Eso implica, que precisa tratarla como una niña que precisa lo que necesita un niño. Para empezar, si le falta el respeto a usted y a su esposo, es sencillamente porque ustedes se lo han permitido. Ningún niño traspasa una barrera a menos que se lo permitan. Si ha fallado en algo ha sido en permitir que ella la trate de la manera en que la trata.

¿Qué hacer?

1. Para empezar, no caiga en su juego. No responda de la forma en que ella la trata. Si hace eso, aumenta su rebeldía y su falta de respeto. Los niños necesitan saber dónde están los límites, por lo tanto póngalos. Nunca es tarde para hacerlo.

2. Los límites tienen que ser claros, firmes y dichos con todo el amor del mundo. La firmeza no priva de amor, al contrario, en la mayoría de los casos una acción firme es la mejor muestra de amor para un niño o un púber que están buscando con desesperación tener algún tipo de seguridad.

3. No grite, no de sermones, no regañe, no ponga mala cara, no tire cosas, no se ponga a llorar… la niña es ella, no usted, por lo tanto cambie de estrategia. Cuando ella se porte insolente, con la mayor naturalidad del mundo, sin levantar la voz, sin hacer berrinches, indíquele que a partir de ese momento, y por algunos días, dependiendo de la falta, ha perdido algún privilegio.

4. Eso significa que para hacer esto, lo que tendrá que hacer es establecer con ella, en algún momento cuando esté tranquila, los privilegios que perderá si se comporta de una manera impropia. No es castigo lo que ella necesita, lo que precisa es disciplina, y eso no se puede aplicar de manera arbitraria. Es muy importante que los acuerdos sean establecidos con claridad, incluso firmados por ella, y puestos en un lugar visible.

5. Ejemplos de privilegios que se pierden: “No verás televisión por una semana y ese tiempo lo ocuparás en arreglar el jardín”, “no saldrás de casa por una semana, del colegio a la casa, y tendrás tantos minutos para llegar”, “no tendrás el privilegio de usar esa ropa que te gusta tanto por dos semanas”, etc. Debe conocer qué es lo que ella aprecia, que es lo que le gusta, para a partir de allí establecer los privilegios que perderá.

Una madre no una amiga

Los padres muchas veces equivocan su rol. Usted no vino a la vida de su hija para ser simpática y “buena onda”. Vino para ser una molestia en la vida de su hija, para poner límites y reglas claras. A ningún ser humano le gusta que le pongan límites, menos que le asignen reglas. No es su amiga, no vino a su vida para eso, ya será el momento de que cambien los roles, no a los trece años.

Actuar como madre exige que usted tenga claridad respecto a lo que debe hacer como madre. ¿Qué debe hacer?

1. Dedicarle tiempo a su hija. Todos los días debe estar disponible para ella, en algún momento del día, para dialogar, no para sermonear. Dios le dio dos orejas y una sola lengua, el mensaje es simple, escuche más y hable menos.

2. Eso mismo vale para su esposo. Un gran problema de la crianza de hijas es que los varones suelen ausentarse de la vida de sus hijas, porque supuestamente no saben qué hacer con ellas. Craso error. Su esposo debería decirle a su hija algo así: “Hija, todos los domingos voy a dedicar tres horas para estar contigo, ¿qué quieres hacer?”, y hacer lo que ella quiere, no lo que a él le gustaría.

3. Muestre interés en todo lo que ella hace. Si le gusta algún deporte, acompáñela, si le agrada alguna película, esté con ella… la consigna es acompáñela, no la deja sola, no la asfixie, pero muestre interés por lo que a ella le gusta.

4. Nunca por ninguna razón, compare a su hija con otra persona. Nunca diga “pero, por qué no eres como ella”… esa es una estocada a la autoestima de su hija. Aprenda a amarla por lo que ella es, no por lo que a usted le gustaría que fuera.

5. Estimúlela, no la critique. Procure siempre encontrar algo bueno en lo que hace. Sea exagerada en los elogios y parca, casi muda, en críticas. Sólo el estímulo produce cambios, la crítica no sirve.

Respecto a la religión

Se lo diré firme y claro, LA RELIGIÓN ES PERSONAL, NO SE IMPONE. Una de las características que Dios nos ha dado es la conciencia individual, y eso, por mucho que nos duela o no nos guste también vale para nuestros hijos.

Sin embargo, la religión se siembra, no en cultos y reuniones, sino en actos de amor y en una religión consistente y coherente en el hogar. La primera iglesia de ella, y la más importante, no es el templo, es su hogar. Si ella no ve a Dios en su hogar y con sus padres, difícilmente lo verá en la iglesia.

Por lo tanto:

1. Dedique todos los días, sólo quince minutos para hacer un culto personal con su hija. No vaya a darle sermones, sólo acérquese a su pieza, e invítela a orar. Pregúntele si tiene alguna preocupación y ore por eso. Pero, NO USE LA ORACIÓN PARA DAR SERMONES, no diga frases como “por favor cambia a mi hija Dios para que no sea más rebelde”, porque eso cerrará el corazón de su hija. Lleve una meditación, corta, puede ser una reflexión para niños o jóvenes, y léale, no más de 10 minutos y 5 minutos.

2. Luego, haga cultos en familia, que no duren más de 15 minutos y una sola vez al día. Con la misma forma. No use los cultos para darles mensajes a sus hijos, eso no se hace. Use el culto para hablar del infinito amor de Dios que siempre nos recibe y nos ama incondicionalmente.

3. Nunca, nunca, nunca hable mal de algún hermano de la iglesia o de la iglesia. Si tiene alguna opinión guárdesela, y si está tan atragantada con algo, háblelo con un adulto, pero no con su hija. No debe crearle anti cuerpos con la iglesia.

4. Si su hija no quiere ir a la iglesia, pues quédese con ella, e invítela a caminar, a dialogar, a hablar. No la deje sola, no permita que prenda radio ni televisión. Dígale que esa es una casa donde el día dedicado a Dios se respeta. Tal vez le parecerá extraño que le diga que se quede con su hija, pero no será mucho tiempo, no importa qué digan las otras personas, lo que importa es lo que su hija piense de usted como madre y que llegue a ver el amor de Dios a través de su actuación. Si alguien de la iglesia la critica, no diga nada, sólo cállese, ore a Dios y siga trabajando con su hija. Los mirones son de palo dicen por mi tierra, así que no les haga caso.

5. Si su hija llega a ir a la iglesia, haga un pacto con ella antes de salir. En el templo, que se siente a su lado, si quiere estar con su amiga, bien, pero a su lado. Si la amiga se para, no es algo que usted puede evitar, pero si impedir que su hija lo haga.

6. Procure que su hija se incorpore a alguna actividad de la iglesia. Si los sermones son aburridos, de esos que matan vivos y duermen a los más avispados, pues hable con el encargado y dígale que se invite a personas dinámicas y que tengan mensajes que apelen a los jóvenes. La iglesia no tiene por qué ser una cámara de tortura para niños y jóvenes.

Las amigas

A la edad de trece años, aunque a usted no le guste, llega un momento donde importa más la opinión de los pares antes que de los adultos y de los padres. Así que la que tiene que ser más sagaz es usted.

Por lo tanto, gánese a sus amigas. Invítela a la casa. Trátela con cariño. No la juzgue, usted no sabe qué está viviendo en su hogar de origen. El amor y el cariño producen milagros. No hable con los adultos que la acompañan, como su hermana, sólo ame, de manera incondicional. Esa niña que busca a su hija está necesitada de una madre amorosa que ponga límites, si actúa con otra actitud, va a ver como ella cambia. No olvide que las flores no se abren ante el ventarrón. Es la calidez del sol las que hace que florezcan.

Si ella está en casa, haga lo mismo que con su hija, invítela a orar, en el momento en que se va, ore con ella, dándole su bendición. Verá que poco a poco esa niña irá respondiendo al cariño.

Lo que su hija y esa niña necesitan es una sargento con corazón de abuelita. Una persona firme, pero amorosa. Una persona que sea capaz de poner reglas, pero que bese, que abrace, que escuche, que sea poderosa en la oración y no en sermones.

Conclusión

Su hija siempre querrá hacer lo que quiere, es pecadora, igual que usted, tiene su herencia y usted y su esposo le heredaron sus tendencias. No necesito ser adivino para suponer que usted o su esposo eran igual a ella a los trece años. No es tan terrible, hijo que no es rebelde a esa edad, simplemente, no es humano. Lo importante es que usted no se desespere. No olvide el dicho “si pierde la paciencia, se convierte en paciente”. No siga por un camino de preocupación, eso la enfermará.

Algunos consejos finales:

1. Lea. No espere que la inspiración le llegue sin que haga nada. Busque libros de educación infantil y adolescencia, y junto a su esposo estudien. Puedo recomendarles al menos tres:
Kay Kuzma, Obediencia fácil.

Ross Campbell, Si amas a tu adolescente.

Miguel Ángel Núñez, Carácter, no cáscara.
2. Haga alianzas. Deje de preocuparse por aquellos que miran mal a su hija. Siempre habrá gente que mirará mal, haga o no haga, sea buena o no, así que deje de mirar las miradas de otros, eso no es sano. Por el contrario, acérquese a otras madres que tengan la misma preocupación de usted, y reúnanse para dialogar, para estudiar, para orar. No olvide que los que critican en general son personas que no hacen nada más que hablar, son como gallinas que cacarean, pero no ponen huevos. Así que no les haga caso.

3. Infórmese. Asista a cuanta charla encuentre sobre adolescentes, asista a seminarios, aún cuando sean en otra ciudad. Su tarea es convertirse en experta, no aparecer como una neófita que no sabe qué hacer, pero para eso es preciso formarse, nadie más que usted y su esposo pueden hacerlo.

4. Ore. El Señor le dará la fuerza y la sabiduría para tomar las mejores decisiones. Pero no baje los brazos. Dios ama tanto a su hija como usted, y diría, más que usted. Por lo tanto, acérquese al trono de la gracia todos los días, Dios le dará fuerzas y discernimiento para saber qué hacer.

Espero recibir alguna carta suya algún día para contarme los logros de su hija y los suyos como madre.

Un abrazo


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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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