Parálisis emocional

PREGUNTA

“Usted a menudo habla acerca de los hijos que han tenido una familia disfuncional, tengo 25 años, soy cristiana desde los 18 años de edad, mi madre se separó de mi padre cuando yo tenía 4 años, y se volvió a comprometer cuando tenía 6 años, para mí y mi hermana era muy confuso esa relación, no comprendíamos muy bien, a mi padre lo veíamos todos los meses hasta cumplir los 16 años. A mi madre le fue muy mal con esa relación, hemos visto violencia física y verbal. Ella tuvo tres hijos con este hombre y se volvió a separar de él cuando yo tenía 14 años. Durante ese tiempo que vivieron juntos, hemos pasado muchas cosas feas, mi madre guarda mucho rencor. A mí y a mi hermana mayor nos ha ayudado mucho el habernos acercado a DIOS. Le cuento esto porque tengo miedo a una relación. Cuando alguien se me acerca con intenciones de formar una relación, trato de huir, y si me gusta, averiguo acerca de su vida, y me desanimo al ver que tiene errores o que también viene de una familia con problemas, aunque no necesariamente disfuncional, pero veo que también ha habido violencia de padre a hijos. ¿Qué puedo hacer? Necesito un consejo”. 





RESPUESTA

Apreciada amiga:

Lástima que estés sufriendo lo que vives en este momento. Es difícil no contestar sin sentir que de algún modo, todos estamos reflejados en lo que planteas, de un modo u otro, porque no hay familias perfectas, hay algunas mejores y otras peores, pero no perfectas.

Los recuerdos que nos marcan

La memoria es un mecanismo extraordinario. Nos permite recordar informaciones que quedan registradas de una manera maravillosa, a veces, viniendo en los momentos menos esperados y en asociación a olores, música o situaciones que nos disparan al pasado.

De todos los momentos que acumulamos en la mente, lo más complejo es el recuerdo emocional. El que de un modo u otro, situaciones del pasado estén constantemente atizando emociones que están allí latentes para salir en el momento en que menos lo esperamos.

Viviste situaciones traumáticas. El divorcio de los padres, especialmente, cuando se realiza en términos destructivos, deja huellas que nos acompañan el resto de la vida, y nos hacen daño si no son tratadas a tiempo. Luego, el haber vivido en un ambiente teñido de violencia, seguramente dejó marcas en ti que difícilmente se borrarán de la noche a la mañana.

El gran problema no es constatar el hecho, sino aprender a interactuar positivamente con lo que nos ha pasado, ese proceso se llama sobrevivencia y demanda todo un proceso largo de resiliencia.

La resiliencia y los recuerdos

Si me vieras mi brazo izquierdo sabrás que algo muy grave me pasó. Tengo cuatro grandes cicatrices y el brazo chueco. Con los años, me parecen tan normales mis cicatrices que no tengo problemas con usar camisas manga corta. A menudo los niños me preguntan qué me pasó y miran las cicatrices son una cara entre curiosos y espantados. En general, no las siento, a menos que las roce o que se me hiele el brazo y me de mucho frío.

Tomando esto como analogía, sabrás que estás completamente sana el día en que puedas contemplar tus cicatrices y no sentir lástima de ti misma. Pasará que te olvidarás que existen, pero en algún momento alguien te rozará algún recuerdo, y volverás a estar consciente de que allí están al acecho, pero, si sanas, no te molestarán como en algún momento pasado.

Aunque no lo creas en muchos aspectos tú eres una resiliente y una sobreviviente. Has logrado sobreponerte a la mayoría de los efectos adversos del divorcio y de la violencia. Al menos, a los 25 años no has repetido el modelo de tu madre, y eso, en sí mismo es una gran victoria.

El miedo que nos paraliza

El problema es otro. Muchas personas que han vivido lo que te ha tocado a ti, sufren de un miedo patológico a vivir experiencias similares a las que vivieron en la niñez. El miedo paraliza, no ayuda, al contrario, tiende a crear condiciones para que las personas tiendan a repetir aquello mismo que temen.

Por eso el primer paso es vencer el miedo. No es fácil, pero es posible.

El psiquiatra Sergio Peña y Lillo habla de la “contaminación del presente con el pasado”. La realidad es que un minuto pasado es tan antiguo como la más antigua de las pirámides. Sin embargo, muchas personas sigue repitiendo esos recuerdos poco felices de manera permanente, como si fuera una película que se emite una y otra vez.

Muchos viven con la cabeza hacia atrás y no hacia adelante. Viven creyendo que lo que han vivido es lo peor y no hay manera de mirar el futuro con esperanza. Es una especie de “exceso de memoria negativa” y eso se convierte en un impedimento para gozar plenamente el presente. Responden muchas veces a los desafíos de la vida actual con normas viejas y con supuestos que ya no son útiles ni válidos. De allí que la respuesta que se da en dichas circunstancias carezca de originalidad y frescura.

Es preciso que te concentres en el presente y pienses que lo mejor está por venir, has avanzado de una manera extraordinaria, y no puedes quedarte en el miedo, de otro modo, no podrás concretar lo que anhelas.

El riesgo de una relación

Siempre una relación es riesgosa, pero se pueden tomar algunos resguardos para evitar caer en la situación que más temes.

Tienes que saber que si bien has superado mucho, eres candidata a elegir mal por carecer de un modelo adecuado, como es el caso de tu madre, sin embargo, si te concentras adecuadamente, es posible que puedas encontrar a alguien que te permita salir de ese ciclo destructivo en el que has vivido.

¿Qué hacer?

1. Haces bien en alejarte de posibles candidatos cuyas familias de origen han tenido los mismos problemas que tú has tenido. Sin embargo, debes saber que no encontrarás nunca a alguien perfecto, sin ningún daño y que tenga todas las cualidades. Los “hombres perfectos” sólo están en los cementerios y en los cuentos de hadas. Pero es importante que entiendas que si te unes a alguien con problemas similares en sus familias de origen a los tuyos, será muy difícil que se puedan ayudar mutuamente, porque probablemente tendrán los mismos daños emocionales.

2. Comienza a interactuar con jóvenes de tu edad, diciendo de manera explícita que buscas a un compañero. Muchas mujeres temen revelar sus verdaderos sentimientos, por el mito de que el que debe acercarse es un varón y la mujer debe asumir una actitud pasiva. Eso era para el medievo y la era de los juglares del romanticismo, estamos en otro momento y es preciso que te hagas cargo de ti misma.

3. Busca a alguien cristiano, porque unirse a una persona que no tenga tus mismos valores va agregar un problema adicional a todo lo que has vivido.

4. Procura pedir consejos en el momento en que alguien se interese, para conocer su familia de origen y para no cometer errores producto de la ansiedad.

5. Por último, si no puedes manejar la ansiedad y eso impide que puedas acercarte a alguien, pide ayuda psicológica con alguien cercano que pueda hacer una terapia corta, pero donde puedas acceder de manera rápida.

Conclusión

Nunca ha sido fácil ni lo será en el futuro el buscar pareja. Es evidente que para personas que han sufrido situaciones similares a la tuya, hay una especie de parálisis emocional que impide encontrar a alguien, porque el miedo paraliza y no ayuda a pensar de manera ponderada. Sin embargo, siempre es posible superar eso no sólo con la ayuda de Dios, sino también con especialistas que puedan guiar en el proceso.

Espero que me vuelvas a escribir, esta vez para decirme que me invitas a comer torta de bodas.

Un abrazo


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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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