Violación espiritual


PREGUNTA

“En cuanto al tema de abusos, tengo entendido que hay distintas clases. He sido víctima de abuso psicológico, físico y sexual. Sin embargo trabajé y trabajo mucho para sanarlos. Hoy, cuando más necesitaba un "así dice Jehová", me siento una Tamar espiritual. Lo más triste, es sentir que hay Amnones con traje y corbata. He sido víctima de un abusador que aún sigue predicando, pero no es mi problema ahora. Hoy me siento violada espiritualmente. No sé si han atentado contra mi inteligencia o creerán que hay debilidad en mí por ser mujer o quizá por tratar de encontrar un equilibrio entre mi decir y mi actuar. Mi pregunta es la siguiente: ¿Cómo hace el pueblo de Dios para "perdonarlos porque no saben lo que hacen"? ¿Cómo creer que "no saben lo que hacen"? Es cierto que debo mirar a Dios y no a los hombres, sin embargo, soy presa de ellos y no puedo defenderme. Quiero ser de bendición y de ayuda para que no haya más víctimas, ¿cómo puedo colaborar?” 



RESPUESTA

Apreciada amiga:

El tenor de tu carta es muy triste. Sentirse como tú te sientes es una carga emocional muy grande. Toda mi empatía por lo que has vivido, que evidentemente, nunca debió ocurrir.

Clases de abuso

Claro, hay muchas clases de abuso. En el folklore cristiano y social, suele creerse que abuso es cuando una persona ha sido golpeada o violada. Son formas de abuso, evidentemente, violentas y destructivas. Pero hay otras formas tan destructivas como es:

El maltrato emocional. Que a la larga suele ser tanto o más dañino que el maltrato físico porque produce secuelas psicológicas devastadoras para las víctimas. La humillación constante, la denigración, la comparación, la agresión emocional aunque sea sutil, va provocando el mismo efecto que una gota sobre el granito, tarde o temprano, termina por romper la roca más dura.

La manipulación religiosa. Muchos usan la Biblia con el propósito de lograr su cuota de poder sobre sus víctimas. Padres que golpean a sus hijos mal usando textos de la Biblia, como “vara a la espalda del necio”; varones que maltratan a sus esposas con la distorsión de que son “cabeza del hogar”; varones que violan a sus esposas sintiéndose con derecho y exigiendo que sus esposas cumplan el “deber conyugal” mal usando a Pablo; y la lista podría seguir.

La violencia económica. Que suele darse con más frecuencia en hogares donde las mujeres son dependientes económicamente, porque no producen recursos adicionales, que son los hogares donde las mujeres son más vulnerables a este tipo de manipulación, por efecto de varones que consideran que tienen el poder de decidir qué y cómo se gasta, sin entender, que el matrimonio es una unión donde se comparten talentos, tal como expresa Proverbios 31.

El bullying religioso. Que es el matonaje que se da en algunas iglesias, cuando un dirigente, por la razón que sea, promueve que alguien que no goza de su predilección sea perseguido, aislado, maltratado o simplemente, abandonado, para “cuidar el buen nombre de la iglesia”, sin entender que esa actitud enloda a la iglesia o para “cuidar la imagen de la comunidad”, cuando con ese matonaje lo que se hace es denigrar la imagen.

El aislamiento social. De esposos y en algunos casos de esposas, que impiden a sus cónyuges relacionarse con sus amigos personales, que tenían antes de ser pareja, o de vincularse con otras personas, incluyendo a sus propias familias de origen. Con esa actitud suelen ganar espacios de poder con sus víctimas que no lo tendrían si la relación de su víctima fuera normal con otras personas.

Control mental. Los abusadores y abusadoras, son expertos en manipulación psicológica. Hacen su jugada maestra cuando logran tener el control mental sobre sus víctimas convenciéndolas que no son dignas, ni aptas, y que por su culpa ellos o ellas se comportan de la manera en que lo hacen. Es mucho más común de lo que la gente imagina.

Podríamos seguir, enumerando y describiendo múltiples formas de abuso. Sin embargo, no importa qué tipo de abuso se trate, todas sus formas tienen un denominador común: Poder. El que abusa quiere tener poder sobre su víctima. Todo lo que hace es para doblegar a otra persona a vivir bajo sus cánones.

Sanar el abuso

Tal como lo dices, hay mucho trabajo que hacer. El abuso no es cuestión de voluntad solamente, también se precisa dirección y guía.

Una persona abusada, no sólo es vulnerable porque queda a merced de alguien que no tiene escrúpulos para maltratar, sino que además, recibe heridas físicas, sexuales y emocionales, que tarda mucho tiempo en sanar.

El proceso de convertirse de víctima en sobreviviente, puede llevar, en algunos casos, el resto de la vida.

Insisto que hay que buscar ayuda. En esto vale la expresión de las abuelas “a Dios orando y con el mazo dando”. Es preciso orar, pero también es necesario buscar la forma de acercarse a quienes han estudiado el fenómeno, y de manera objetiva, pueden darle herramientas a las víctimas para que se conviertan en resilientes.

Muchos, especialmente en el ámbito cristianos, suelen espiritualizar los problemas que viven, creyendo que sólo la oración y el estudio de la Biblia los va a sanar. Creo en la oración y el estudio de la Biblia, pero aún Cristo buscó la compañía de la familia de Marta, María y Lázaro, cuando necesitó llenar las baterías emocionales y estar en un medio ambiente libre de presión.

La iglesia, especialmente, cuando es una iglesia sana y no conflictiva o elitista, sirve de red de apoyo al otorgar a la víctima un ambiente sano donde puede ser contenida, abrazada y apoyada. Por eso que es tan importante elegir una buena comunidad cristiana, hay grupos cristianos que son condenadores, acusadores y a menudo se ponen de parte del victimario y no de la víctima, de esas congregaciones hay que huir, porque de un modo u otro pueden acrecentar el problema.

Violación espiritual 


Creo entender lo que dices. He escuchado a más de una persona referirse a sí mismas de esa manera, especialmente, cuando ven que el abusador es un predicador, o un líder religioso respetado, o algún miembro de la comunidad cristiana, que simplemente, vive una doble vida, violento en casa, pacificador fuera de ella.

Lamentablemente, y debes saberlo, todas las iglesias tienen el potencial de atraer a personas que honestamente buscan ser sanados por Jesús y otras que buscan congregaciones religiosas porque saben que en general, en las iglesias somos más ingenuos y dejamos pasar algunas cosas, y no entendemos que muchos enfermos se refugian en las congregaciones para poder dar rienda suelta a sus impulsos desviados, utilizando la inocencia, buenos propósitos e ingenuidad de muchos buenos cristianos.

No me cabe duda que hay predicadores que tienen rasgos psicopáticos o lo son derechamente. En muchas congregaciones, entre profesos religiosos, abunda la neurosis, la violencia simbólica, la incoherencia, delirios de mesianismo, manipuladores, pedófilos, abusadores y la lista es larga. Muchos vienen honestamente a buscar ayuda, y muchos la encuentran. Pero otros, usan la religión para exacerbar sus propios problemas personales que arrastran de otros contextos. No es de extrañar que en los psiquiátricos y en las cárceles, abunden personas religiosas, no porque la religión los enferma, necesariamente, como se ha sostenido desde algunas escuelas psicológicas, sino porque no fueron capaces de entender que no sólo necesitaban la religión, sino que también ayuda profesional, y en el camino, sucumbieron, y sólo se quedaron con un misticismo vacío de contenido.

Hay mucha literatura al respecto que muestra este fenómeno, que solemos achacárselos a religiones con tendencia extrema como los musulmanes, por ejemplo, sin mirar nuestra propia realidad cristiana.

Cuando es un líder de la iglesia el que abusa, es evidente que se siente como si fuera una violación extrema. Cuando además, en vez de recibir ayuda de la misma iglesia, se apoya al abusador y se acusa, como es común a la víctima, se termina en un cuadro lamentable, que provoca graves conflictos emocionales y espirituales. Así que entiendo perfectamente lo que expresas, siempre se espera que tus hermanos en la fe sean los primeros en condenar aquello que está mal, pero, lamentablemente no sucede así en muchas ocasiones.

Una pregunta incisiva

Tu pregunta es punzante, pero no deja de ser importante. ¿Cómo hace el pueblo de Dios para “perdonarlos porque no saben lo que hacen”?

Para empezar, creo que usas mal el texto. Sólo alguien como Jesús podía decir eso plenamente. Porque Cristo tenía la cualidad de conocer exactamente lo que pasaba por la cabeza de esas personas. Tú y yo, no poseemos esa cualidad, por lo tanto, no podemos saber exactamente cuando estamos frente a una persona que no sabe lo que hace. Para poder determinarlo se necesita tiempo y entrevistas de gente que sepa exactamente qué tipo de conductas son propias de algunos violentos y abusadores. En general, la gente no puede distinguir a un abusador de una persona normal, porque los abusadores además, suelen cuidar mucho su imagen social.

Luego preguntas, ¿cómo creer que no saben lo que hacen? Es cierto, en muchos casos no es posible evadir la realidad que saben muy bien lo que hacen y que esconden una realidad tenebrosa detrás de caras de circunstancia. Pero, llegamos a un punto donde no es posible hacer mucho, a menos que se haga conciencia en la comunidad religiosa de que no debemos admitir en ella a personas que no dignifican la predicación o la imagen de la comunidad, es lo que está expresado claramente por Pablo en 1 Corintios 5:1-13. Pablo es claro, sin embargo, también es necesario ponerlo en la balanza a la luz de 2 Corintios 2:5-11, donde el apóstol pone el equilibrio. Debemos poner límites, pero nunca al grado de que dichos límites terminen destruyendo a quienes han obrado mal.

En este asunto es difícil actuar y entender, porque al estar en medio del volcán es muy complejo comprender que también los victimarios pueden ser alcanzados por el evangelio. Por esa razón, no creo que tú, víctima de abusos, seas la llamada a ayudar a tu victimario. Lo más sano es que te alejes y dejes que otros, con otro tipo de experiencia, intenten llegar al que ha victimizado para, con la ayuda de Dios, ver si aún es posible hacer algo.

¿Qué hacer?

En el caso del abusado, es imposible que se pueda entender plenamente su situación, a menos que se haya, de algún modo, estado en sus zapatos. Pero, independiente de eso, hay algunas cosas que puedes hacer.

1. ALÉJATE DEL RENCOR O DEL RESQUEMOR. Han obrado mal, si, sin duda. Has sido maltratada por alguien que se suponía debía amar y ejercer un liderazgo, si, no hay ninguna forma de negarlo. No obstante, a todo el daño que has recibido puedes agregar uno peor, que con el tiempo puede convertirse en algo malsano. Si abrigas rencor, eso terminará por destruirte, y no será por tu agresor, sino por ti misma. Porque odiar no es imposición, es una elección. Si decides tener rencor, no lograrás convertirte en sobreviviente, sino que tu abusador habrá ganado, porque igual te habrá destruido. Eso nos lleva al segundo paso.

2. PERDONA. Sé que es difícil decirlo y hacerlo. Perdonar, no significa reconciliar. Es un lamentable error, creer que el perdón lleva necesaria y obligatoriamente a la reconciliación. El perdón significa dejar ir, no continuar atado al agresor, no permitir que te siga afectando su abuso, y no permitir que tenga teniendo control sobre ti. Si no perdonas, él gana, porque de alguna manera te mantendrá ligada a él. El perdón, especialmente cuando no hay arrepentimiento genuino, es un milagro que sólo Dios hace en nuestras vidas. Pero el perdón es liberador, porque no nos encadena al agresor.

3. AMA. Es lo más difícil. Pero aquí también tenemos un error, amar no significa reconciliación ni tampoco que te guste lo que te ha pasado, albergando sentimientos positivos. Amar es no pagar con la misma moneda, es no responder al mal con mal. Sabrás que amas, el día que dejes de desearle mal y optes por alejarte, pero sin albergar el deseo de venganza, porque eso, como dice el dicho “mata el alma y la envenena”.

4. CRECE. Eso significa tomar esto lamentable que te ha ocurrido como una lección de vida, de la que puedes extraer algunas lecciones valiosas que puedes aplicar en otros aspectos de tu vida. Para que sepas, sin intención de acusarte, sino sólo para que lo entiendas. Todo abusador necesita a alguien que se deje abusar. Algo ocurrió en tu vida, probablemente en tu hogar de origen, que creó las condiciones para que una vez casada, fueras abusada por el que prometió amarte. Incluso, es probable que algunas situaciones ya las viviste en el noviazgo y no hiciste nada. Así que examina, analiza, descubre, con la ayuda de libros o personas preparadas, para saber qué pasó, por qué fuiste elegida por un abusador. Los abusadores son como animales de presa, saben bien a qué víctima elegir, las eligen precisamente porque conocen su psicología y saben cómo manipularlas. Por lo tanto, aprende, para que nunca más vivas algo similar.

5. ENSEÑA. Al convertirte en sobreviviente, puedes utilizar tu experiencia para enseñar a otras personas a no caer en el juego macabro del abuso. Forma un grupo de autoayuda a donde invites a otras personas que han pasado por lo mismo, para que compartan experiencias y aprendan entre todos a buscar fórmulas para ayudar y ayudarse. Puedes hacer que esta experiencia maléfica, se convierta en una bendición para tantas mujeres y varones, que han sufrido lo indecible a manos de personas abusivas. Al ayudar a otros, te estarás ayudando a ti misma. 


6. DENUNCIA. El perdón no significa impunidad. No denunciar el abuso, es crear las condiciones para que el abuso se repita, o la persona siga abusando a otros. Muchos abusadores comienzan a ver una salida para sus vidas cuando tocan el fondo y reciben las consecuencias de sus acciones. Si alguien, de donde sea, hace algo que no corresponde, haz la denuncia donde haga eco y efecto, sólo de esa forma podrás salir adelante con la seguridad que se ha obrado en justicia. Perdonar, no significa, no encarar legal, social y eclesiásticamente a quien ha obrado mal.

7. CONGRÉGATE. Es cierto que muchas congregaciones no hacen lo suficiente, y otras son definitivamente tóxicas. Pero no todos los grupos religiosos son así. Hay muchas comunidades cristianas que son una red de apoyo fabulosa para ayudar al cansado, al abatido, al maltratado a quien ha sido herido en el camino. Busca una congregación donde te sientas cómoda, donde no haya acusadores, y quédate allí, porque la comunidad cristiana cumple la función de ayuda mutua, donde todos, de acuerdo a sus dones y talentos, colaboran para aliviar las penas y sufrimientos de quienes han padecido.

8. REFÚGIATE EN DIOS Y EN SU AMOR. No caigas en el juego de culpar a Dios por lo que ha pasado. Muchas personas abusadas se preguntan ¿dónde estaba Dios mientras abusaban de mí? La pregunta es capciosa, como si esperaran que Dios tomara al abusador y lo sacara del cuello de esa situación. Dios no controla la voluntad humana, ni de lo malo ni de lo bueno. En momentos de extremo sufrimiento, Dios ha estado colgado en la cruz diciéndote que comparte contigo tu dolor, y que ha hecho lo posible para que puedas mirar la existencia con esperanza. Dios es amor. No es manipulador, ni abusador, ni arbitrario ni tirano, como lo pintan, quienes usan la religión como una forma de opresión. Su infinito amor estuvo reflejado en la cruz. Crucificado, Jesús lloró tu dolor, porque supo que algún día serías abusada, pero también supo, que en su amor serías librada.


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Tal como en las otras respuestas, publicamos la misma con autorización de la persona involucrada. Sin embargo, quienes nos preguntan a través de nuestro blog, asumen la autorización explícita para publicar la respuesta en el mismo sitio. 


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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