Predicación de un pecador


PREGUNTA

"Sabe que hace tiempo en la iglesia me piden que predique un sermón, sin embargo cada vez que lo hacen rechazo la invitacion. ¿Cuál es el problema? Es que me miro y me veo pecador, me doy cuenta de que tengo cosas que cambiar. Y la verdad que me veo y no me siento apto para estar en el púlpito predicando. Me digo a mi mismo: ¿Cómo vas a estar acá, si eres así y asá? Y la pregunta en realidad que me hago es: ¿Cómo hacen los pastores que predican todas las semanas? Porque me imagino que ellos también pecan en la semana. Pienso que por ahí debe estar la solución al problema a mi dilema. Espero poder hacerme entender y ser claro. Confío en que entienda mi sincera inquietud. Desde ya muchas gracias por su atención, de verdad".

RESPUESTA

Apreciado amigo:

En primer lugar, la predicación no es para santos inmaculados, si así fuera, el único autorizado para enseñar de la Palabra de Dios habría sido Jesús y nadie más, por lo que percibo en tu pregunta un concepto erróneo acerca del pecado, de la justificación, de la santificación y de la perfección.

Vamos por parte. La Biblia presenta varias perspectivas acerca del pecado, eso se evidencia en un estudio más profundo de algunas secciones de la Biblia, por ejemplo, Salmo 32. Sin embargo, también la Palabra da dos definiciones claras sobre lo que implica la conducta pecaminosa:

Una es rebelión y eso se expresa en 1 Juan 3:4 donde simplemente se señala que pecado es "transgresión de la ley", sin embargo, el sentido de la expresión "transgresión" se refiere a una acción premeditada y voluntaria, en ese caso, el pecado es rebelión contra la voluntad de Dios, y no tiene nada que ver con las acciones que se realizan producto de la debilidad humana que es consecuencia de la naturaleza pecaminosa que tenemos.

Sin embargo, esa es una cara de la moneda, la Biblia también define al pecado como omisión, la definición aparece en Santiago 4:17 donde se establece que la persona que sabe hacer lo bueno, pero se abstiene de realizarlo, eso es pecado. Es la forma pasiva de la pecaminosidad, una manera de eludir la responsabilidad frente a lo que sabemos respecto a lo que Dios nos ha enseñado. Tendemos a confundir estas dos definiciones con otra situación que tiene que ver con nuestra naturaleza pecaminosa y eso nos lleva al segundo punto.


La justificación

En qué consiste la justificación. Un tema que durante muchos siglos ha traido conflictos en el cristianismo que supongo nunca se solucionarán del todo, porque en el fondo lo que impera es el orgullo humano de no estar dispuesto a entender el alcance de la justificación.

El ser humano no puede hacerse "bueno" o "salvo" por si mismo, por esa razón Jesucristo ocupa el lugar del pecador, en dos formas, viviendo una vida perfecta para en dicha perfección ofrecerse como sacrificio inmaculado (siguiendo la tipología del santuario), eso implica que sólo él puede realizar ese muerte sustitutoria porque nadie puede hacer lo que él hizo.

¿Qué puede hacer el ser humano frente a eso? Pues, sólo crer en Jesús (Juan 3:16), la única condición para ser salvos. Aceptar que sólo mediante la sangre de Jesús tenemos acceso a la gracia. Precisamente por eso es "gracia" porque el ser humano no puede hacer nada, de ninguna forma, para merecer dicha gracia. Eso se llama justificación.

Pablo lo expresa diciendo: "Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús" (Romanos 3:24). Sin embargo, a través de toda la historia del cristianismo ha habido personas que se niegan a aceptar la "gratuidad" de la gracia de Dios, personas a las que Pablo llama "judaizantes" o "fariseos". Eso nos lleva al siguiente tema, el de la santificación.

La santificación

Una vez que hemos sido justificados, comienza el proceso de cambio, y es importante que te detengas en la expresión "proceso", porque lamentablemente los judaizantes y fariseos entre nosotros han convertido el proceso en graduación, es decir, pretenden que los "bautizados" sean completamente "santificados", lo que no sólo es una mala comprensión de la justificación, sino que además es simplemente una distorsión que produce serios conflictos en la vida cristiana.

La santificación es un proceso que Dios realiza en el ser humano y que es distinto para cada persona. Cada individuo en su caminar en la vida cristiana va siendo transformado también por gracia, no por esfuerzo humano, sino por el poder de Dios que va siendo parte del ser humano y dándole las herramientas y los medios para que sea transformado.

Sin embargo, estar en proceso de santificación no significa ser "santo" en el término de perfección, sino de ser pecadores redimidos, o pecadores cubiertos con la gracia de Jesús (Mateo 22). Pecadores que saben que lo son, y que perciben su necesidad imperiosa de la acción de Dios en sus vidas. En ningún caso, santificación en la Biblia es sinónimo de inmaculado o perfecto. Eso nos lleva al tema de la perfección.


La perfección

Algunos pregonan que para ser aceptados por Jesús necesitamos ser perfectos. Y claro, pero no por nuestra "perfección" que nunca alcanzará a cubrir las fallas que tenemos, sino por la "perfección de Jesús" que nos cubre con su santidad. Concepto que esboza claramente Pablo en Filipenses al señalar esa apartente contradicción de "ser perfecto y no serlo al mismo tiempo": "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Filipenses 3:12-14), hasta allí claro, es fácil de entender, no somos perfectos, así que tenemos que seguir adelante mirando hacia la meta, pero en el siguiente versículo, el 12 Pablo confunde pues señala: "Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios" (Filipenses 3:15).

¿Cómo es la cosa? ¿Somos o no somos? Pues, ambas cosas, no somos perfectos, puesto que estamos atados a la naturaleza pecaminosa que tenemos, pero a la vez somos perfectos porque podemos gozar de la santidad de Jesús que se nos atribuye mediante la justificación.

Los legalistas responden, si, pero hay que obedecer y ser cada día mejores para obtener la gracia de Cristo. Quienes dicen esto, no piensan bíblicamente y caen en la justificación por obras, en esa forma oscura de pensamiento que finalmente lo único que logra es frustración, como en tu pregunta, porque nos damos cuenta que nunca podemos, y vanidad por otro lado, cuando algunos "supuestamente obedientes" comienza a sentirse superiores a quienes "no obedecen" tal como ellos lo hacen.


Predicación

En este contexto qué es la predicación, pues hay dos formas de verlo. Para quienes creemos en la justificación y la santificación por gracia, la predicación es testimonio de lo que Jesús está haciendo en mi vida, es compartir las buenas nuevas del cambio, es mostrar la alegría de lo que significa vivir verdaderamente en Cristo.

Sin embargo, para quienes creen en una concepción legalista de la gracia la predicación será un constante llamado a la obediencia, a culpar del pecado a quienes no están a la altura de las "normas" y las "leyes" y un constante acusar a los propios hermanos, son predicaciones sin Cristo, preparadas por otra mano y que finalmente logran un daño enorme no sólo en la autoestima de quienes escuchan, sino que están pensadas por el enemigo de Dios para concebir a la divinidad en términos de lejanía, y de castigo.

Si tienes una mala concepción de la justificación y de la santidad, evidentemente te causará pánico pararte frente a otros para hablarles de Dios. Sin embargo, si haz de compartir la buena nueva, entonces, cualquier pecador que sienta que ha sido redimido por Jesús está en condiciones de predicar, y de hecho, quien no lo hace, no está cumpliendo con lo que significa "ser testigo" (Hechos 1:8).

Así que espero que revises cuál es tu concepción, que regreses a la Biblia y luego, de aceptar la gracia plena del Señor, te atrevas a hablarle a otros de las maravillas que Dios está haciendo en tu vida.

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Tal como en las otras respuestas, publicamos la misma con autorización de la persona involucrada. Sin embargo, quienes nos preguntan a través de nuestro blog o por email, asumen la autorización explícita para publicar la respuesta en el mismo sitio. 


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 

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