Tus hijos y mis hijos, el tiempo adecuado

PREGUNTA

“Estoy separada y con un nueva relación. Desde el comienzo mis hijos supieron y compartieron con él, sin embargo él tiene dos hijos igual que yo, con los cuales no he podido compartir nada. Nunca vienen a la casa, no hemos estado ningún período de vacaciones con ellos. Le he hablado de que esto me hace sentir mal. De hecho, lo hemos conversado en todos los tonos, pero simplemente él no me hace caso, me dice que es un problema de él, que no puede obligar a sus hijos, que no ha podido conversar con ellos de su relación conmigo. La verdad que no se qué hacer. Hay ocasiones en que me gustaría mandarlo a la punta del cerro, ¡no logro entender como no puede hablar con ellos! ¿Acaso yo no existo? Él sale con ellos todos los domingos, y en la semana en ocasiones les ayuda a hacer tareas. A veces me da ganas de ponerle un ultimátum, pero después me arrepiento. Estoy confundida, no sé qué debería hacer”. 



RESPUESTA

Un divorcio es siempre un gran problema, no sólo para la pareja sino para los hijos. Sin embargo, cuando se agrega además el problema de una nueva relación con “tus hijos, mis hijos y nuestros hijos”, el problema se agudiza porque no sólo es necesario conciliar a dos personas, sino a otros que de algún modo involuntario se ven arrastrados a relaciones que no han buscado de manera voluntaria.

Ser un buen padre

Por lo que me cuentas, él es un buen padre. No todos los varones están dispuestos a pasar los domingos con sus hijos ni ayudarles a hacer las tareas. Así que ese es un punto a favor de él. Por eso mismo, creo que deberías tener paciencia. Si él cree que aún no es el momento de hablarles a sus hijos, es porque probablemente conoce cómo van a reaccionar y tiene miedo de que la reacción no sea buena. Él los conoce mejor que tú, de hecho tú no los conoces.

Sin duda, el que sepan de ti es mejor, es lo ideal. Sin embargo, no te apresures para convertirte en “madrastra”, tienes una gran tarea con tus propios hijos para que ellos asimilen la situación en la que viven y aprendan a vivir en estas circunstancias, como para sumarle a destiempo una nueva presión, que no sólo será para ti sino también para tus propios hijos.

El amor no se puede forzar, y las relaciones interpersonales son muy complejas como para apresurarlas. Esto es como cuando se quiere que una mariposa se pose en tu mano, con aleteos, intentos violentos de acercamiento y otras formas, no vas a conseguir que una mariposa se acerque. Pero, si te quedas tranquila, extiendes la mano con suavidad, y actúas con serenidad, en el momento en que menos lo esperas tendrás a la mariposa en tu mano. El amor no se apresura y las relaciones interpersonales tampoco.

En buena hora que tus hijos lo acepten. Pero, ¿será que los hijos de él también te aceptarán a ti? Dale a tu pareja el beneficio de la duda, y espera que sea el momento más adecuado. Confía en él, que conoce mejor que tú a sus propios hijos.

Espero que no tengas la ilusión de esas películas norteamericanas sonsas donde “tus hijos y mis hijos” están siempre felices, donde las crisis pasan rápido o son fáciles de resolver. Donde los protagonistas aparecen abrazándose todos, viendo televisión y comiendo palomitas de maíz en la cama de los padres. La realidad no es así. Lo cierto es que muchas parejas que se han divorciado y tienen hijos fracasan en su segunda relación precisamente por los conflictos generados por los hijos de uno o de ambos. Por esa misma razón hay que actuar con cautela.

Los hijos no son culpables del divorcio de sus padres, y por lo tanto, hay que actuar con guantes de seda para que nada los presione o los haga sentir mal, bastante tienen con algo que no crearon.

Una relación de confianza

Por otro lado, pondera bien que esa sea la verdadera razón, porque si la razón de fondo es esconderte, entonces, estás ante otro problema mucho más serio. Cuando dos personas adultas deciden vivir juntas, luego de haber experimentado fracasos matrimoniales, las posibilidades que los vuelvan a experimentar son mayores que si estuvieran en una relación por primera vez. Las razones son varias, pero casi siempre tiene que ver que hay lecciones que la vida nos da que a veces simplemente no aprendemos.

Si él no quiere presentarte porque se avergüenza de la relación, entonces, no tienes nada que hacer allí. Un vínculo tan importante como la pareja no puede mantenerse en silencio.

Si la razón para no presentarte es porque no confía en que tengas una buena relación con sus hijos, también es un problema, porque en ese caso no te está dando la oportunidad para que tú seas quién eres, y es injusto que no tengas la oportunidad.

Si teme que al revelarles a sus hijos su relación ellos puedan reaccionar mal en contra de él, entonces, es algo que él debe resolver, y no tú.

Una relación sin presión

Cuando formaste pareja con él, entonces, aceptaste sus condiciones, por lo tanto, presionar no sirve. Es necesario entender, ayudar a que las cosas sean más fáciles, sin presión. En una relación de pareja, la presión siempre es un problema, porque pone al otro en jaque y en muchas ocasiones por sentirse presionados se toman malas decisiones. No presiones, habla, dialoga, siempre en el tono adecuado (no como en tu carta “en todos los tonos”), porque hay tonos que además de ser inadecuados, son destructivos.

Cuando la relación se basa en la presión, entonces, se va perdiendo el amor y el cariño iniciales, precisamente porque el amor no puede crecer bajo presión. Tiene que fluir libremente como agua de un río. La presión hace que la relación se estanque y no avance.

La situación de los hijos

Todo hijo de divorciado tiene el sueño de que sus padres alguna vez regresen y sean pareja nuevamente. Muchos de ellos incluso llegan a crear situaciones con la esperanza de que sus padres reaccionen y tomen la decisión de volver. Es así y siempre lo ha sido.

Por eso, muchos padres conociendo esta situación, a veces no quieren herir a sus hijos diciéndoles: “No hay posibilidad de volver, además, ya encontré a otra persona”. En muchos casos eso es devastador en la vida de los hijos. En ocasiones incluso la relación padre-hijo o madre-hijo se deteriora, porque los hijos ven que un sueño se rompe.

Por eso hay que ser cuidadoso. Es preciso encarar el asunto con los hijos en el momento adecuado, cuando tengan certeza de que entenderán e incorporarán a sus vidas la nueva situación de una manera natural, con dificultad, porque no es fácil, pero con herramientas psicológicas más adecuadas, que les permita asimilar mejor. Generalmente eso se produce en la pubertad y la adolescencia, cuando están más proclives a aceptar la situación y ya han entendido que la relación de sus padres no tiene vuelta atrás.

Conclusión

Conversa con él. Dile que te cuente cuáles son sus miedos. Cuéntale lo que tú sientes. Luego, pondera lo que te dice, en el contexto de partir de la base de que tiene buenas intenciones y está procurando encontrar el momento más adecuado.

Si la razón es prudencia, entonces ten paciencia. Si no presentarte a sus hijos se relaciona con otra cosa, que tiene que ver con falta de confianza, no querer que te conozcan, vergüenza o lo que sea, entonces, tu relación de pareja no tiene mucho futuro, porque el vínculo de pareja no se puede construir sobre esas actitudes que son dañinas.

Espero que ponderes todo, y tomes una decisión sabia. Ya te subiste al tren, ten cuidado de no bajarte cuando esté en movimiento, podrías salir dañada tú y también tus hijos. Así que tómalo con calma, valora bien, pon los pro y contras en una balanza, y luego toma una decisión. Como dice la Biblia “todo tiene su tiempo bajo el sol”, inclusive el decirle a los hijos: “Conocí a otra persona”.


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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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