¿Por qué debería quedarme al lado de alguien que no amo y que además me maltrata?


“Una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado” (William Cowper)


Pregunta 


“Estoy casada, y mi matrimonio está agonizando desde hace varios años. Desde un comienzo la que ha trabajado con un salario soy yo, la casa que habitamos es de su padre. Yo pagué siempre todo inclusive la boda. Ha sido siempre así, reparación de la casa, muebles, electrodomésticos. Siempre he sido el sostén económico de la familia. Él cuidaba a nuestra hija mediodía, el resto iba a una guardería. Sin embargo, cuando yo regresaba tenía que hacer todas las tareas domésticas, desde comprar los víveres, cocinar para el día siguiente, lavar la loza, ver que la niña haga sus tareas, revisar el uniforme, bañarla, etc. Los fines de semana me la pasaba limpiando. La única ayuda que él me daba, a veces, era irme a buscar al trabajo en el auto, porque de otro modo siempre utilizo el bus público. Nunca he podido capacitarme para mejorar en mi profesión, no he podido ni siquiera comprarme una blusa porque mi prioridad siempre ha sido mi hogar y el dinero de un sueldo apenas alcanza para vivir. Eso ha ido provocando un desgaste enorme en mí. Constantemente le ruego que piense en mí, que tenga consideración, que me ayude, y por último que busque algún trabajo, se lo pido por su propia autoestima, él es albañil y pintor, tiene todas las herramientas, pero siempre me decía que al cuidar a nuestra hija no podía hacer nada, lamentablemente, abandonó una carrera universitaria a cuatro asignaturas de recibirse. Siento que él, más que un marido, es una carga. Es como un niño. Tengo que decirle todo, incluso que cuide su salud. El argumento que él esgrime es que él pone la casa y que yo debo pagar por todo lo demás. Finalmente, no aguanté más, decidí renunciar a mi trabajo para pasar más tiempo con mi hija. No me gusta como la trata, sin ternura, rígido como un militar. Nunca come con ella porque le molesta que hable mucho. Me retiré del trabajo que tenía y ahora lo hago de manera independiente. Por supuesto, el ingreso es la tercera parte de lo que ganaba antes, él comenzó a realizar algunos trabajos eventuales, pero no nos alcanza más que para lo básico y me dice que me conforme o de otro modo, que vuelva a trabajar más horas. El padre, con quien supuestamente es socio, vive de las rentas y del retiro, está en muy buenas condiciones económicas, pero no nos ayuda en nada aun cuando mi esposo trabaja para él. En fin, no sé si es motivo para separarse, pero la verdad no aguanto más su falta de perspectiva, de iniciativa y de consideración. Él es una persona egoísta que siempre antepone su comodidad antes que su hija y su esposa. Al renunciar a mi trabajo se me hace difícil separarme y, además, alquilar y mantener a mi hija. Eso me hace dilatar la decisión. Yo ya no lo amo. Solo me mantiene cerca mi hija y la costumbre de tantos años. Quisiera su opinión. No sé qué hacer”.

Respuesta

Querida amiga:

A lo largo de los años, en este peregrinar como orientador y terapeuta matrimonial he escuchado de todo, pero tu carta, es de un patetismo que me deja mudo. No es que no lo haya escuchado en otra ocasión, pero me llena de estupor constatar una vez más que la sinvergüenza sigo estando vigente y las relaciones tóxicas estando presentes, con toda su carga de terror y daño que deja secuelas para el resto de la vida.

Vamos por parte.

Derecho al divorcio

Contra lo que diga la cultura tienes todo el derecho del mundo a divorciarte, no sólo porque estás casada con un abusador, sino porque es una persona que no tiene la más mínima decencia, ni el sentido correcto de lo que es una pareja y la responsabilidad de llevar adelante una familia.

La Biblia da dos principios claves al respecto, uno del Antiguo Testamento, que está en el contexto de una situación similar a la que mencionas.

En Éxodo 21:10-11, en el contexto de la esclavitud, es decir, en una situación donde se suponía las personas no tenían ningún derecho, Dios hace provisión para que se entienda correctamente la responsabilidad de un esposo. Tenía la obligación de proveer “comida”, “vestido” y “derechos conyugales”.

Es decir, tenía que proveer lo esencial para la época. Alimento y abrigo, y, posiblemente, no negarle a una mujer el ser madre. En una época donde una mujer estéril era despreciada o no tenía ningún tipo de protección social para la vejez, un hijo era fundamental, y esta idea aparece como probable. Sin embargo, la palabra que se utiliza en el original sólo aparece en este texto, y por lo tanto, hay discusión sobre la traducción del texto, porque también podría traducirse “ungüento”[1] (tal como aparece en Oseas 2:7 y Eclesiastés 9:8), es decir, puede referirse a todos los enseres que necesitaba una mujer. Pero, también puede traducirse “techo”, “lugar donde vivir” o “domicilio” y derivaría de la raíz ‘wn que significa “habitar” en hebreo, expresión que provendría del acádico.[2]

Me parece más atinada esa posibilidad, es decir, ¿para qué quieres alimento y vestido, si no tienes un lugar donde morar? Si la opción fuera la primera, como parecen sugerir la mayoría de las versiones de la Biblia en castellano, se sigue con la idea de fondo del desprecio a la estéril, y Dios aparece como avalando una conducta errática como esa. Es más plausible, entonces, pensar en el término “casa”. Es decir, el marido tiene tres responsabilidades: Alimento, vestido y habitación.

Lo interesante del texto viene a continuación: “Pero si no hace ninguna de estas tres cosas, ella quedará libre, sin tener que pagar nada por su libertad” (Éxodo 21:11). Como las versiones son poco claras en aspectos controversiales, los traductores, lamentablemente, suelen ser ambiguos en lo que traducen. ¿Libre de qué? No sólo de la esclavitud, sino también del matrimonio.

La NVI de 1984 es más clara al señalar: “Si no le provee esas tres cosas, la mujer podrá irse sin que se pague nada por ella”. Difícilmente una esclava podía pagar por su rescate, sin embargo, si se le ofrecía matrimonio, podía recibir ese rescate, o redención, e irse. Pero aquí estamos hablando de una mujer casada, cuyo esposo no está cumpliendo con el requisito de proveer, ese es el detonante para que ella quede libre del matrimonio, el estar con un hombre que no cumple con su deber de protección y de proveer.

En la RVA actualizada del año 1989 se traduce aún más explícitamente: “Si no le provee estas tres cosas, entonces ella saldrá libre gratuitamente, sin pagar dinero”, es decir, quedará libre de todo compromiso y, como se subentiende desde la lectura de Deuteronomio 24:2: “Ella, después de abandonar la casa, podrá casarse con otro”.

La mitología cristiana, que se introdujo en la Edad Media, por un dogma que no tiene asidero bíblico, sostiene que no existe el divorcio, que la única causal es el adulterio, y que una mujer no podría volver a casarse, a menos, que el marido tuviese una infidelidad, tres conceptos que no tienen asidero bíblico. El texto bíblico es claro en sostener el derecho al divorcio y la posibilidad de casarse de nuevo. ¿Cómo un Dios de amor podría condenar a la soledad y la falta de compañerismo y matrimonio a una persona que esté viviendo una situación de abandono, como el que describe el texto?

Sin embargo, en la cultura de la crueldad que se ha introducido en muchas iglesias cristianas, no sólo se condena a las mujeres que abandonan a maridos abusivos y que han descuidado sus deberes como esposos, sino que además pretenden que se queden solas para el resto de la vida. Sospechosamente, los mismos que condenan, no son capaces de tender la mano, entregar una ofrenda o aportar de su propio peculio para ayudar a quien lo necesita, aun cuando la Biblia es clara en señalar que “la religión pura y sin mancha delante del Dios y Padre es esta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad de este mundo” (Santiago 1:27). Hay muchas formas de quedarse viuda y tú lo has sido, por mucho tiempo, porque no has tenido un marido, sino a una persona que no sólo abusa, sino que además es un gran ausente en tu vida y en la de tu hija.

Las cortes civiles israelitas, que tal como en la actualidad en las cortes religiosas de Israel, toman el Antiguo Testamento como referencia legal “permitían que las mujeres libres se divorciaran de sus esposos por las mismas razones”[3] que se exponen en el texto de Éxodo 21:10-11. Es decir, comprendieron que el principio no sólo era aplicable a una esclava sino a cualquier mujer. ¿En qué parte de la Biblia se señala que este principio ha caducado? ¿Por qué tendría que quedarse una mujer al lado de un varón que no sólo no provee para su familia, sino que, además, abusa de su esposa al convertirla en una empleada doméstica, sin ayudar, sin colaborar, y sin aportar?

Lo interesante es que de la misma forma lo interpretó Pablo, un judío formado en la mentalidad rabínica y con conocimiento suficiente de las Escrituras para entender claramente que aquí, en el caso de un marido que no cumple con sus obligaciones de proveer, se está cometiendo un delito en contra del matrimonio. Sus palabras son claras y certeras y no dejan lugar a dudas de lo que hay en su pensamiento.

“Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8 LBLA). ¡Peor que un incrédulo! Es decir, pone al marido ausente y abusador, en una peor condición que aquel que niega a Dios.

En otras palabras, para ser claro, lo trata de necio, porque esa es la definición que la Biblia da para el incrédulo (Salmo 14:1; 53:1). En ese contexto, las Escrituras señalan que los necios se “han corrompido” y “hacen obras abominables”, es decir, que no pueden recibir honra por lo que hacen (Salmo 14:1). ¿Por qué deberías quedarte al lado de una persona así, que no sólo tiene el potencial de dañarte a ti si no a tus hijos?

Tanto Jesús como Pablo enseñaron que debemos perdonar las faltas de nuestro prójimo, el cual sin duda incluye a nuestros cónyuges. Jesús, sin embargo, permitió el divorcio si los votos matrimoniales se rompían por la “dureza de corazón”— una palabra del Antiguo Testamento que significa continuar en la misma conducta, ser terco, o no aceptar el arrepentimiento. Esto significa, que el divorcio se permite por adulterio, abandono o abuso. No sólo por la razón que históricamente ha esgrimido el catolicismo por su dogma del matrimonio sacramental, y que lamentablemente, han seguido muchos otros grupos cristianos, que enseñan que el divorcio no es posible por ninguna causal, salvo adulterio.

El abuso y sus mil caras

El abuso y la violencia machista y sexista, casi siempre se lo ha entendido en el contexto de la violencia física y sexual. Sin embargo, esa es una visión miope que tiene raíces en una mala comprensión de la persona humana, y, además, una perspectiva que no considera la integralidad del ser humano, como si fuéramos sólo entes físicos.

El que tú hayas tomado las riendas económicas de tu hogar no sería problema, si hubieras tenido a un esposo que se hiciera cargo de las otras actividades que son propias de una familia.

En muchas situaciones las mujeres son las que han sostenido económicamente a sus familias. Circunstancias económicas, de salud o incluso, de mutuo acuerdo, han hecho, que algunas mujeres opten por ser las proveedoras económicas de su familia, sin embargo, si ese es el caso, muchos varones han asumido la responsabilidad de cuidar hijos, atender la casa y hacerse cargo de las miles de tareas que hay que realizar en un hogar. En tu caso, no ha sido así, has vivido con un abusador con mente infantil, como bien lo describes. Que no es capaz ni siquiera de cortar la relación tóxica que tiene con su propio padre, lo que podría explicar algunas de las conductas que tiene, porque como no hemos nacido colgados en árboles de alguien hemos adquirido las actitudes y taras que nos acompañan en la vida, que es sólo una razón, pero no una justificación, porque puedes haber tenido un mal hogar, pero tú eliges qué tipo de hogar deseas para ti. Si repites el molde y el patrón, sin discutir, o es que el daño tiene características psiquíatricas o simplemente, eres cómodo al seguir con un modelo que evidentemente daña, e intoxica. Es hijo de un padre abusivo que forma a un hijo que a su vez abusa de su propia familia, y como no mencionas a madre, seguramente ella está anulada, porque eso sucede en los contextos de abuso o la mujer se revela o deja de existir como persona y se convierte en objeto de uso y abuso.

Hay muchas formas de abuso por omisión y transgresión. Es decir, por hacer y no hacer. Por actuar o dejar de hacerlo. Hay violencia activa y pasiva. Como sea la situación, el abuso es abuso y hay que llamarlo por su nombre.

En tu caso, no lo has descrito de esa forma, por lo tanto, estás en un proceso de negación. Lo que has vivido es simplemente, abuso. Un hombre que no trabaja, y que, además, actúa como si fuera el amo y señor y no aporta con labores de casa, no ayuda y no colabora, no puede tener otro nombre que abusador. Quedarse al lado de una persona con esas características es arriesgarse a perder algo más que la dignidad. Me imagino tu rabia al tener que trabajar toda la semana, estar con un hombre que no trabaja, y llegar a la casa a hacer todo, mientras él, ¿qué hacía? Llamarlo de otra forma que no sea abuso, es excusar al abusador.

En tu caso se configura lo que la especialista Catherine Kirkwood denomina abuso por privación donde una persona, por estar casada con una persona abusiva, se ve imposibilitada o en dificultades para satisfacer las demandas básicas. En este caso “los abusadores dan por sentado su derecho a disponer de los ingresos hogareños”,[4] sin importarles las necesidades reales de la familia.

Biblia y divorcio

Algunos cristianos contemporáneos, intentando frenar la pandemia del divorcio, pretenden que no hay razones legítimas para el divorcio a menos que exista el adulterio, cuando en realidad, Jesús no está hablando de eso, sino del contexto de las discusiones de su tiempo entre las escuelas rabínicas, que aceptaba sólo el divorcio unilateral de varones y nunca de mujeres, y que lo único que se consideraba “adulterio” era la infidelidad de una mujer y no la poligamia de los varones ni el que tuvieran vínculos con prostitutas, todo lo que implicaba un ambiente enrarecido por un sexismo misógino aberrante. No ver ese contexto, es hacerle decir a Jesús lo que no ha dicho. Además, el énfasis de Cristo es sobre la “carta de divorcio” establecida en Deuteronomio 24:1-6, que establecía deberes y derechos, que en tiempos de Jesús no se estaban cumpliendo.

Como señala el erudito David Instone-Brewer: “El Pentateuco presenta una absoluta diferencia con el contexto cultural del Medio Oriente. El certificado de divorcio daba derecho a la mujer de volver a casarse. Ese hecho era desconocido en cualquier lugar del Medio Oriente”.[5]

La mujer, tenía el derecho, de volver a casarse si se le daba carta de divorcio, lo dice con toda claridad el texto. Eso implicaba, que podía estar en otra relación, independientemente de la razón, porque el texto no da ninguna causal de divorcio, eso parece no importarles a los defensores del divorcio por una sola causal (adulterio), lo que implica un silencio abusivo, porque no dar carta de divorcio en tiempos de Cristo, era condenar a la mujer a no recibir de regreso la dote que había sido entregada en el momento del matrimonio, lo cual la convertía en una mujer “repudiada” (garash),[6] eso implicaba que no podría volver a la casa de sus padres, ni tampoco podría volver a casarse (algo de eso hay en el mandato de Levítico 21:14). Lo que la dejaba en condición de calle (en mendicidad) o la arrastraba a la prostitución. Por lo tanto, lo que Cristo está haciendo es una defensa de la mujer y no lo que algunos sostienen, porque si no, no tendría sentido. No hay que olvidar que en la ley que existía en tiempos de Cristo la única condena por adulterio, para la mujer, porque los varones “técnicamente”, en su aberrante interpretación no cometían adulterio, era la muerte. Por lo tanto no tendría sentido la supuesta cláusula de excepción, si esa era la única pena.[7]

Es decir, nuevamente, el evangelio es sinónimo de libertad y buenas nuevas, no lo que enseñan quienes han convertido a Jesús en un puritano que sólo persigue, y busca condenar a quienes cometen el error de elegir mal a alguien o estar en vínculos tóxicos.

Si has vivido con un abusador, debes entender que el abuso te libera del pacto. Él no lo ha cumplido. Es, siguiendo el pensamiento de Pablo, peor que un incrédulo. Alguien que no provee a los suyos, que, según el apóstol, “niega su fe”. En términos contemporáneos diríamos que es una vergüenza que alguien viva de esa forma y, además, tenga la osadía de llamarse “esposo”, otros epítetos descalificadores quedarían mejor... eso lo dejo a tu imaginación.

Dinero y relación

La psicóloga argentina Clara Coria, durante años ha explorado la relación que existe entre dinero, poder y abuso.[8] Ha descubierto que el dinero es útil, no obstante, es utilizado como una forma de manipular, abusar y como signo de poder. No se suele hablar de “abuso económico”, que es una forma de violencia solapada en muchos matrimonios, donde se utiliza el dinero y las metáforas de poder que éste asigna para abusar de las personas.

No sé qué ha pasado en el desarrollo de tu esposo, pero no hay duda que de alguna forma es una persona con serios problemas de relación y de comprensión respecto a la forma en que debe actuar un esposo y cómo funciona un matrimonio.

En un matrimonio tóxico, ambos usan el dinero de manera individual, como si no debieran rendirle cuentas a nadie. En un matrimonio sano, por su parte, se entiende que todos los recursos que logra obtener la pareja son para el sustento de ambos. Hacen un sólo fondo, se ponen de acuerdo, y en contextos saludables, actúan en base a presupuestos, colaboración y repartición equitativa de tareas. Nada de eso ha ocurrido en tu matrimonio. Vienes siendo la única encargada desde un comienzo, aun pagando la boda. Lo que no sólo implica una mala comprensión de tu parte, sino estar en un contexto de abuso sin haberlo percibido.

En ocasiones, por circunstancias ligadas a la pérdida de trabajo, enfermedad o situaciones de elección de la pareja, uno de los dos lleva la carga de ser el soporte o sostén económico de la familia. Pero, se subentiende que a menos que la otra persona esté imposibilitada físicamente, tienen que colaborar y repartirse las tareas del hogar y del cuidado de los niños. Eso no ha ocurrido en tu caso, por lo tanto, es abuso y una forma solapada de violencia.

Decirte “yo pongo la casa y tu pon lo demás”, no sólo es infantil, sino también una forma de agresividad. Si toda la vida te la llevas trabajando, para pagar un techo, saca la cuenta, no compensa.

Por lo tanto, la forma en que han manejado su vida económica no sólo es tóxica, sino que revela que has estado casada con un abusador, con características narcisistas, y que además tiene comportamiento infantil. ¿Qué haces casada con un infante?

La iglesia y los divorciados

Lamentablemente, debido a la mala interpretación de la Biblia, las raíces dogmáticas que se han heredado del catolicismo, y otros grupos como el Puritanismo, los Pietistas, etc. las iglesias cristianas —en general, con honrosas excepciones— son intolerantes al divorcio y a los divorciados.

Tal como señala la abogada y escritora cristiana sudafricana, Bronwyn Lea, es triste que mientras la iglesia teóricamente enseña sobre la sanidad y la misericordia, muchos divorciados “en lugar de experimentar a la iglesia como un lugar en donde se encuentra consuelo y restauración [...] frecuentemente encuentran una respuesta impregnada de sentimientos de culpa”.[9]

De hecho, muchas personas terminan quedándose en malos matrimonios, simplemente, porque temen la reacción de sus hermanos de iglesia y la estigmatización de quienes se supone están para ayudar y no para condenar o acusar.

Muchos cometen el error de sostener, sin argumentación que se “necesitan dos para sostener un matrimonio”, lo que es cierto, pero lo extienden a “también se precisan dos para romperlo”, y de esa forma prolongan la culpa a ambos, lo que es falso, porque se necesita sólo uno para romper el pacto y no buscar por la vía del arrepentimiento la restauración de su vínculo.

Muchos, que supuestamente estudian la Biblia, olvidan las metáforas que ésta contiene y los modelos paradigmáticos que presenta. Por ejemplo, la Biblia presenta a Dios como el esposo de Israel (Isaías 54:5), quien la tomó como esposa e hizo el voto de alimentarla, vestirla, amarla, y ser fiel a ella (Ezequiel 16). “En un contraste a la fidelidad y el cuidado de Dios, Israel y Judá sin ninguna vergüenza ignoraron el pacto: fueron negligentes con Dios, abusaron de él, y le traicionaron. Los profetas repetidas veces sacaron a relucir dicho comportamiento y lo llamaron por lo que era, una violación del pacto: adulterio (Ezequiel 23:37; Jeremías 5:7)”.[10]

Los profetas utilizan la misma idea cuando hablan de la forma en que ha actuado Judá e Israel. Sus palabras son inequívocas para hablar de un matrimonio donde se ha roto el pacto. Jeremías dice: “y vio también que yo había repudiado a la apóstata Israel, y que le había dado carta de divorcio por todos los adulterios que había cometido” (Jeremías 3:8). Isaías por su parte pregunta: “¿Dónde está esa carta de divorcio con la que repudié a vuestra madre?” (Isaías 50:1 LBLA). Dios se divorcia de Israel y Judá, ¿es acaso culpable por eso?

Lamentablemente como en el cristianismo se introdujo el dogma de la indisolubilidad del matrimonio, concepto católico aceptado por muchas iglesias cristianas, se dejó de lado el concepto bíblico de “pacto”. En este sentido, hay que ser claro: “El pacto matrimonial fue diseñado para ser un pacto permanente, y siempre es la culpa del pecado cuando un matrimonio termina en divorcio. Cometemos pecado cuando quebrantamos nuestros votos, y el matrimonio exige la practica regular de la confesión y el perdón por los fracasos y los descuidos entre los cónyuges. Sin embargo, hay una diferencia entre los errores menores y no intencionales y la violación voluntaria de los votos del pacto. En los primeros, debemos perdonar y ‘soportarnos los unos a los otros en amor’. En la violación sería del pacto, Dios le da la oportunidad a la víctima de escoger: Permanecer en la relación y perdonar como él lo hizo con Judá, o divorciarse cuando el pacto ha sido quebrantado por ‘dureza de corazón’, como sucedió con Israel”.[11]

El mal uso de la Biblia lleva a la crueldad y a la falta de empatía. Cuando Dios dice: “aborrezco el divorcio” (Malaquías 2:16), “lo dice no apuntando el dedo furiosamente como un juez sino con el corazón quebrantado de Uno que ha experimentado el efecto devastador del rechazo y la traición de manos del ser amado”.[12] Es lo mismo que sucede en el corazón herido de muchos que ven como su matrimonio se va por la borda. He acompañado a cientos de personas que se divorcian, y nunca he visto a alguien feliz con la situación. De eso habla Malaquías, y no del mal uso que se hace de una cita tomada fuera de su contexto textual y general.

Todo divorcio deja heridos en el camino. Suponer lo contrario es no entender nada. Sin embargo, quedarse en malos matrimonios, donde el pacto se quebranta continuamente, como en tu caso, donde hay abuso y abandono, a la larga hiere y daña más.

Dios mismo es un divorciado, y eso debería hacernos pensar en las acusaciones que hacemos y las culpas que ponemos sobre los hombros de personas que se ven, como en tu caso, de pronto expuestas a tener que cambiar sus proyectos de vida, y pensar que no es posible seguir al lado de alguien que no cumple su parte del pacto, tal como Jehová hizo con Israel y Judá. El divorcio no es un pecado, son las faltas de cumplimiento del pacto lo que llevan al divorcio. Confundir los términos es llenar de culpa e inmovilizar a las víctimas, especialmente de abandono y abuso, como en tu situación.

Mejor sola que mal acompañada

Supongo que conoces el dicho que encabeza este subtítulo de la respuesta. El final de tu carta es triste porque sabes que dejar esa mala relación es lo correcto, pero estás dubitativa pensando que a lo mejor quedarse es mejor, en vista que has abandonado tu trabajo para quedarte más tiempo con tu hija, siendo independiente laboralmente, pero ganando mucho menos.

Muchas mujeres se han planteado lo mismo a lo largo de los siglos, y la mayoría ha sobrevivido bien, cuando ha decidido dejar a un abusador. Yo mismo soy hijo de una madre divorciada que se quedó con cinco hijos, y salió adelante, con dignidad y sin mendigar nada. Hubo mucho trabajo, pero lo esencial no nos faltó. Siempre creí de niño que los pobres eran otros, no nosotros, porque vivíamos llenos de alegría, risas y cariño, con poco pan, pero nos parecía que era lo normal. Sólo al finalizar mi adolescencia caí en la cuenta que también éramos pobres, pero también entendí que teníamos lo necesario y que eso era suficiente para ser felices.

Si tienes que vivir en una pieza, por un tiempo, sola, con menos recursos, eso será mejor que darle a tu hija el modelo de vida que está teniendo, con un padre irresponsable, abusador, ausente afectivamente, que ni siquiera es capaz de comer al lado de su hija porque privilegia su comodidad personal. Todos los estudios, de los últimos años demuestran que “exponer al niño a la victimización de su madre es una forma grave de maltrato psicológico”,[13] que tiene consecuencias desastrosas en la vida del infante. Además, tu hija padece de lo que María Cristina Kalbermatter llama “deprivación afectiva”,[14] es decir, no recibir el amor, el afecto y el cuidado que debería de parte de alguien que no es anónimo, sino su propio padre, configurando un cuadro también de violencia por omisión que tendrá graves resultados en su vida.

El divorcio no es algo que debería llenarnos de felicidad, pero es un mal menor comparado con quedarse al lado de alguien que tiene el potencial de hacer daño a largo plazo. Si tu marido decidiera cambiar, debería pedir ayuda profesional y dar pruebas reales de transformación, de otro modo, quedarse al lado de alguien así, no vale la pena, menos aún, cuando ya no lo amas. Estar con alguien sin amor es como nadar corriente arriba sin tener tiempo para descansar. Créeme, no vale la pena.



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Referencias
 

[1] Muchos comentaristas señalan que el término hebreo es oscuro y por esa razón se presta para ambigüedades a la hora de la traducción. Véase por ejemplo John H. Walton, Víctor H. Matthews y Mark W. Chavalas, Comentario del contexto cultural de la Biblia: Antiguo Testamento (El Paso, TX.: Editorial Mundo Hispano, 2004), 96.

[2] W. von Soden, “‘wn: ‘ônâ Éxodo 21,7-11 ‘Wohnung? nicht ‘Beischlaft’”. UF 13 (1981): 159-160. Véase también Mercedes L. García Bachmann, “La ley y el orden: Una apreciación del material legal y cultual en el libro de Éxodo”, en Isabel Gómez-Acebo, ed. Relectura del Éxodo (Bilbao: Desclée De Brouwer, 2006), 237.

[3] Nancy Clark y Catherine Kroeger, Refugio del abuso: Sanidad y esperanza para mujeres abusadas (trad. Galen y Joan Yorba-Gray; Nashville, TN.: Editorial Betania, 2005), 51.

[4] Catherine Kirkwood, Cómo separarse de su pareja abusadora: Desde las heridas de la supervivencia a la sabiduría del cambio (trad. Isabel Jezierski; Buenos Aires: Gránica, 1999), 79.

[5] David Instone-Brower, Divorce and Remarriage in the Bible: The Social and Literal Context (Grand Rapids, MI.: Eerdmands, 2002), 20. Véase también un resumen del libro en David Instone-Brower, “What God Has Joined”, Christianity Today, 7 de octubre 2007. http://www.christianitytoday.com/ct/2007/october/20.26.html

[6] Es decir, expulsada, arrojada, echada. Levíticos 22:13 y Números 30:10.

[7] Tampoco tendría sentido aplicar dicha cláusula de excepción en la actualidad para varones, porque el adulterio sólo se entendía para las mujeres y no para los varones, por lo tanto, Jesús estaba hablando de algo diferente a lo que sostienen los que toman el versículo de Jesús fuera de su contexto.

[8] Véase Clara Coria, El sexo oculto del dinero: Formas de la dependencia femenina (Buenos Aires: Editorial Paidós, 1997). Clara Coria, El dinero en la pareja: Algunas desnudeces sobre el poder (Buenos Aires: Paidós, 1991).

[9] Bronwyn Lea, “Lo que Dios nos enseña sobre votos matrimoniales que han sido quebrados”, Christianity Today, 7 marzo 2014. Online: http://www.christianitytoday.com/ct/en-espanol/lo-que-dios-nos-ensea-sobre-votos-matrimoniales-que-han-sid.html

[10] Ibid.

[11] Ibid.

[12] Ibid.

[13] Einat Peled, “No más víctimas secundarias: Nuevo enfoque de las intervenciones relacionadas con los niños”, en Violencia doméstica: La mujer golpeada y la familia (Jeffey L. Edleson y Zvi C. Eisikovits, eds.; trad. Inés Frid; Buenos Aires: Gránica, 1997), 197.

[14] María Cristina Kalbermatter, Violencia. ¿Esencia o construcción? ¿Víctimas o victimarios? (Córdoba: Editorial Brujas, 2005), 42.

14 comentarios:

  1. ¡Lo volvió a hacer pastor! ¿Por qué esto no se enseña en la iglesia? ¡Que linda respuesta y tan realista! ¡Muchas gracias! De verdad, es muy bueno lo que escribe.

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    1. Hay muchas cosas que no se enseñan en las iglesias Susana, pero eso no es excusa para no investigar, analizar y reflexionar. Gracias por leer.

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  2. Muchas gracias Pastor, me saco una mochila de encima. Gracias

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  3. Eses argumentos presentados son reveladores y libertadores. Gracias por compartir.

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    1. ¡Claro! Liberadores como el evangelio... gracias por leer y hay que compartir.

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  4. Excelente artículo. Me dejó reflexionando en la forma en cómo hemos adquirido ciertos conceptos sin un análisis profundo de ellos.

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    1. Eso es, còmo es que hemos adquirido tantos conceptos sin analizarlos crìticamente.

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    1. Dios libera, pero no nos exime de la responsabilidad de tomar decisiones.

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  6. Muy importante. Permiso para compartir.
    Creo que esto que ya estaba en la palabra de Dios todo el tiempo, puede ser una nueva perspectiva para la comunidad adventista.

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    1. No sólo para la comunidad adventistas, también para todos los cristianos.

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  7. Muchas gracias Pastor, siempre he pensado que necesito alguien con autoridad debe decirme que hacer antes de aplicar mis ideas que solo yo parecía tener, asi como otras mujeres, acabo de dejar esta enorme piedra que cargué, hasta este preciso minuto, no más! Dios lo bendiga!

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  8. Tiene algún libro donde explique mejor el contexto de las palabras de Jesús, son varios, que hacen alusión al divorcio. Lo entendí pero quisiera entenderlo mejor y poder explicarlo.
    Y otra cosa, desde que lo leo veo que los adventistas somos más católicos que cristianos, con tradiciones sin real fundamento bíblico, tiene algún libro que junte todas estas tradiciones? Como lo del vestido blanco, etc etc

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