Sin límites, sólo hay destrucción

PREGUNTA

“Estoy muy preocupada con mi vida. Hace 25 años que estoy casada y ha sido muy triste. En mi matrimonio he pasado por todo. A los 2 años de casada me entero, que mi esposo está enamorado de mi hermana menor, insistió con ella para intentar convencerla, pero ella no le dio lugar a mi esposo. Pasamos momentos angustiantes, también mis padres y mi hermana. Como estaba tan mal caí en adulterio, no estaba enamorada de ese hombre y han pasado 10 años de ese incidente. Mi esposo es mujeriego y enamoradizo. Según él nunca llego a tener relaciones sexuales, pero todo el tiempo me culpa a mí. Dice que yo no lo dejo tener relaciones sexuales y que me meto en su vida. A veces me ha golpeado. Vive culpándome por todo, por tener relaciones sexuales, por leer los mensajes de su celular, varias veces encontré números de mujeres y mensajes de él hacia ellas. Mi hermana no puede venir a casa todavía la acosa. No sé si es una enfermedad. Él ha ido a siquiatras y psicólogos, pero no le interesa que lo ayuden. Él sólo quiere concretar lo que tiene en su mente. Por el estaríamos divorciados, yo quisiera salvar el matrimonio, yo lo quiero, aún está conmigo en casa. Una vez se fue y yo de tonta lo fui a buscar. Insisto, pero creo que él no quiere estar conmigo. He orado mucho y ayunado por nuestro matrimonio. No sé lo que DIOS quiere para nuestras vidas. Ni sé si mi esposo me quiere. A veces me dice que me quiere y otras no. Vivo muy inestable. A él no le interesa mi vida. No sé qué hacer o qué es lo mejor”.



RESPUESTA

Querida amiga:

Alguien dijo: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, lamentablemente apreciada amiga has elegido sufrir cuando hace rato deberías haber terminado todo eso que sufres.

Límites

Los Drs. Henry Cloud y John Townsend, en su libro Límites (Miami: Editorial Vida), señalan que:
“Cualquier confusión que tengamos en nuestras vidas con respecto a nuestra responsabilidad y a nuestro dominio es un problema de límites”.
 En tu caso, la situación es crónica, no has sido capaz de poner límites y has soportado lo que nunca deberías haber soportado.
 
Seguramente en tu casa hay candados, chapas, rejas y puertas. Señalas los límites de tu propiedad para que ningún extraño entre. Lo haces por una cuestión de responsabilidad contigo misma y con tus hijos. Sin embargo, no has sido capaz de poner límites en tu propia vida y has permitido que tu ámbito mental, físico, emocional y espiritual haya sido avasallado por un individuo que no es tu esposo, sino el individuo que está destruyendo tu vida. No has asumido adecuadamente la responsabilidad que tienes, en primer lugar, contigo misma. Por ese camino terminarás en un psiquiátrico o en un cementerio.

Como dicen Cloud y Townsend: 
“La incapacidad para poner límites adecuados, en el momento oportuno y a la persona apropiada, puede resultar muy destructiva”. 
Tú eres, lamentablemente, un vivo ejemplo de eso. Ni siquiera alcanzas a percibir la magnitud de lo que dices, porque tu mente está tan afectada que no logras entender el peligro en el que vives. Eres, potencialmente, alguien que puede aparecer en los obituarios como víctima de femicidio o simplemente, destruida por su propio marido. Estás muriendo en vida, simplemente, porque no has dicho: ¡Basta!

Cuando no se ponen límites adecuados se producen problemas psicológicos y clínicos tales como depresión, trastornos de la ansiedad, trastornos de la alimentación, adicciones, trastornos impulsivos, problemas de culpa, vergüenza excesiva, trastornos de pánico, problemas matrimoniales y relaciónales. No has sido capaz de mandar a ese hombre a la punta del cerro, y por lo tanto, te has convertido en su víctima, y además, en codependiente de alguien que tiene un serio problema de personalidad y que además, se niega a recibir ayuda. ¿Qué haces viviendo con el enemigo?

Desde el punto de vista físico es fácil establecer límites: Barreras, puertas, rejas, paredes, etc., sirven para demarcar una propiedad, y si alguien entra sin permiso, fácilmente se lo puede acusar penalmente de que ha traspasado límites privados. El problema se suscita en las relaciones humanas, cuando algunos se sienten con derecho a invadir la privacidad, la mente, el cuerpo y la afectividad de otra persona, y, lo que es más complejo, cuando lo permitimos.

La responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos

La Biblia dice:
“Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque es fuente de vida” (Proverbios 4:23). 
Si nosotros no cuidamos nuestra mente, ¿quién lo hará por nosotros? Si no ponemos límites, ¿quién lo hará en nuestro lugar?

Cuando no somos responsables de nuestra mente, le entregamos la misma a otra persona, y terminamos, como en tu caso, convirtiéndonos en esclavos de los deseos de otro. Eso no es justo, no es bueno, y escapa al plan de Dios para la vida humana.

Cuando no nos hacemos responsables de nuestra vida, terminamos en procesos destructivos que aniquilan la existencia.

Tú has permitido que un hombre que se hace llamar tu esposo, pero que en la práctica no lo es:
  • Te trate como si fueras basura. 
  • Se ría de tus sentimientos y emociones. 
  • Te convierta en una persona temerosa, celosa y ansiosa. 
  • Te golpee como si fueras un animal. 
  • Te trate como si fueras prescindible. 
  • Te haga inestable, insegura y dependiente de alguien que no lo merece. 
Sólo tú puedes poner límites a esto. Sólo tú puedes decir ¡basta! Cuando lo fuiste a buscar de vuelta, cediste mucho más de lo que imaginas, te convertiste en su mascota y él desde ese momento supo que podría hacer contigo lo que quisiera.

El apóstol Pablo señala:
“Cada uno debe juzgar su propia conducta, y si ha de sentirse satisfecho, que lo sea respecto de sí mismo y no respecto de los demás, pues cada uno tiene que llevar su propia carga” (Gálatas 6:4-5). 
En otras palabras cada persona debe hacerse responsable de sí mismo. Tú no eres responsable por las acciones de tu esposo, pero al no poner límites adecuados, has permitido que él te haga sentir culpable, como si tú fueras la responsable, lo que no sólo es indignante, sino además, destructivo.

A un niño se lo lleva a un médico, no a un adulto, a menos que el adulto no pueda valerse por sí mismo y expresamente lo solicite (si está consciente). Tú estás actuando con tu “sombra” de marido como si fueras la responsable de la sordidez de su vida. Has permitido que sus desviaciones te alejen de tu hermana y de tu familia.

El poder del autoengaño
¿Crees tú que una persona que ha acosado a su propia cuñada no se ha involucrado con otras personas? Perdona, pero eso es autoengaño, ves sólo lo que quieres ver. Vives con alguien que no te respeta y además, ha logrado que creas sus mentiras. En otras palabras, te tiene a su merced, simplemente porque no has sido capaz de poner límites.

Por la forma como describes la situación no es difícil imaginar que te has convertido en su esclava personal, en todos los aspectos. Lo que no sólo es denigrante, también es sumamente destructivo.

Eres una hija de Dios, alguien preciosa por la cual Cristo murió en la cruz y por la cual todo el cielo se puso en riesgo. ¿Por qué permites que un individuo pervertido te trate como basura?

El amor no se obliga

En más de alguna ocasión he transmitido la idea de que el amor no se mendiga. Cuando una persona, por las razones que sea se convierte en un mendigo de amor, comienza un deterioro interior que paulatinamente la va destruyendo. El amor, en la pareja, debe ser recíproco, de otro modo se convierte en una pesadilla, tal como la que tú has vivido.

No puedes obligar a tu esposo a amarte, aunque lo que creo es que tu marido, por las características que tiene sufre del Síndrome de Don Juan, que entre otras características, muestra una incapacidad emocional para comprometerse y amar de verdad. Sin embargo, si él no pide ayuda, entendiendo que tiene un conflicto, no hay nada que hacer. Ni Dios puede transformarlo en contra de su voluntad.

El amor es fruto de la acción del Espíritu Santo (Gálatas 5:22), por lo tanto, es un don de Dios (1 Juan 4:8), pero Dios no otorga el don de una manera dictatorial, sólo lo da a quienes lo piden y quienes se vinculan personalmente con él.

El verdadero sentido de la oración y ayuno

Querida amiga, lo que te voy a decir a continuación quiero que lo medites con cuidado, no quiero maltratarte ni que te sientas mal, sólo deseo señalarte un error teológico grave que se visualiza en tu carta.

En lo que escribes dices: “He orado mucho y ayunado por nuestro matrimonio. No sé lo que DIOS quiere para nuestras vidas”.

La oración y el ayuno no tienen nada que ver con responsabilidades que no se asumen. ¿Qué esperabas? ¿Que Dios tomara a tu esposo y lo convirtiera, en contra de su voluntad, en un esposo amoroso, honesto y pacífico?

El salmista dice: 
“El Señor vigila a justos y a malvados, y odia con toda su alma a los que aman la violencia” (Salmo 11:5).
Lo que Dios desea es que no estén en contacto con la violencia, porque el violento obra de una forma que no es de Dios. 

En Proverbios 11:30 se señala: 
“La justicia da vida; la violencia la quita”. 
No es el plan de Dios que vivas en medio de la injusticia y la violencia, eso te quitará finalmente la vida.

En la oración sacerdotal, señalada por Dios mismo, están los deseos de Dios para nosotros, lo que él quiere: 
“Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad; que el Señor te mire con amor y te conceda la paz” (Números 6:24-26).
Dios quiere:
  • Bendecirnos. 
  • Protegernos. 
  • Mirarnos con agrado. 
  • Mostrarnos su bondad. 
  • Mirarnos con amor. 
  • Concedernos paz. 
Nada de eso puede hacer si no se lo permitimos y si no tomamos decisiones que finalmente produzcan cambios radicales en nuestra vida.

Conclusión

No puedo decirte ándate o quédate, esa es tu decisión.

Si te vas, no será fácil, tendrás que sanar de heridas muy profundas y tendrás que hacerlo con ayuda, y entendiendo que dichas úlceras emocionales no se curan de la noche a la mañana, pero al menos, vivirás en paz y con la seguridad de que, aunque cueste, estarás con una calidad de vida superior.

Si te quedas, corres el riesgo de ahondar tu codependencia de la agresión y hacerlo tan común en tu vida, que no logres entender el daño que eso te hará. Probablemente, llegará un momento en donde no podrás regresar atrás.

Pero es tu vida. Tú decides si quieres sufrir o no. Para que alguien pueda ser ayudado necesita aceptar que tiene un problema y necesita ayuda, seguir a su lado, es simplemente un problema con efectos realmente desastrosos e impredecibles.

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Tal como en las otras respuestas, publicamos la misma con autorización de la persona involucrada. Sin embargo, quienes nos preguntan a través de nuestro blog, asumen la autorización explícita para publicar la respuesta en el mismo sitio. 


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
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